Teleserie Brasileña en la cuarta noche de Festival

Playback, una pequeña de un año en cámara, tensión y lágrimas al cierre fueron los ingredientes del show con que Xuxa inició anoche la cuarta jornada festivalera. Luego, la jornada siguió con el romanticismo algo sobreactuado de Douglas, la espectacular voz de la argentina Soledad y la fresca sorpresa del humorista Memo Bunke. Para cerrar, la fiesta interminable tropical de Ráfaga.

20 de Febrero de 2000 | 03:03 | El Mercurio
Las emociones se sucedieron vertiginosas anoche, al inicio de la cuarta jornada festivalera entregado a Xuxa. La presentadora brasileña partió consiguiendo lo que hasta ahora ni Cachureos ni Mundomágico han logrado en todos estos años de tarea: llevar un programa infantil, con paquitas y zanquistas de colores, a nuestros horarios estelares. Aunque fuera, como ayer, por una noche.

Pero pronto la fiesta se volvería un extraño "thriller". Xuxa se deshizo en demasiadas explicaciones para dar a entender una idea sencilla: hace diez años estuvo aquí mismo y entonces la Quinta Vergara entonó en masa el cántico "oh, oh, oh" de su canción "Ilarié". Sólo que, una década más tarde, los bajitos de entonces cuentan hoy entre quince y veinte años, si no más, y crecieron lo suficiente como para dotar anoche a ese coro de un nuevo texto, más alusivo a sexo oral que a show infantil.

Fue el primer instante de tensión, pero Xuxa tenía a mano una gama de emociones igualmente intensa para superarlo. Tras su inicial candidez, tuvo la audacia de jugar a la autocompasión en vivo y de reprochar la apatía de la audiencia, cuando ésta en rigor estaba recibiendo con entusiasmo bastante considerable un espectáculo franciscano en recursos, con un total de siete mimos -tres en zancos y cuatro con instrumentos musicales-, y aferrado sin pudor a la seguridad de los mismos viejos éxitos de hace diez años.

Pero el público no quiso castigarla, y se prestó como coprotagonista de un drama que tuvo como ingrediente destacado un primer plano en pantalla gigante de la hija de Xuxa, Sasha, de un año y siete meses, a quien la madre subiría finalmente en brazos al escenario.

Pero también fue importante la considerada ayuda de la dupla Vodanovic-Bolocco, que recalcó una y otra vez el mucho miedo que la brasileña tenía de este público. Y fueron determinantes las súbitas lágrimas con que Xuxa logró enternecer definitivamente y con gaviota incluida a un público que minutos antes le había hecho una propuesta indecente en masa (y que en el bis volvería a sugerirla).

Fueron emociones vertiginosas, pero la conclusión de fondo la dio la propia presentadora carioca a modo de disculpa: no había nada nuevo que mostrar, y lo antiguo tampoco ameritaba demasiado salir del archivo. Lo de Xuxa fue más bien una teleserie brasileña en treinta minutos, pero no de las mejores, y destinada al cajón de lo más irrelevante de este festival.

Douglas: Demasiado Romántico

Inmediatamente terminado el juego de la brasileña, salió a escena una de las voces que durante los últimos años se ha encargado de desempolvar algunos de los más famosos y lánguidos boleros de todos los tiempos: Douglas, un chileno con alma y estampa de trovador de puerto que no dejó un instante de su show al azar.

Con una batería de éxitos seguros, canciones como "Me engañas mujer" y "Cariño malo", todas teñidas con una sobreactuada entrega en vivo, el cantante transformó la Quinta Vergara en un bar de los lamentos. En un rincón destinado a la melancolía y a la añoranza de amores perdidos.

Douglas, acompañado de una banda discreta y de una escenografía sin demasiadas sutilezas, es uno de esos artistas que hay que dosificar. A ratos logra buenos momentos con su registro quejumbroso ("Sigo romántico") y al instante recarga, sin pudor, canciones compuestas para la sencillez y las vísceras sin una gota de maquillaje ("La joya del Pacífico").

Como todos los números de este festival, el chileno se fue, sin mayores esfuerzos, con otra Gaviota de plata en el bolsillo. Pero, a juzgar por la reacción del público, no del todo fervorosa, parece que ya es hora de dejar descansar en paz a un repertorio que ya tuvo su época dorada. Canciones como "Olvidarte nunca" (de Los Golpes) o "Y volveré" (de Los Angeles Negros) que ni el marketing ni el reciclaje de etiqueta serán capaces de superar nunca su original y sincera crudeza.

Tras la actuación, Douglas aseguró que fue favorable presentarse ahora más que el año pasado "cuando no tenía las garantías técnicas, ni los músicos, ni la experiencia en vivo" para hacer el show que hizo anoche. Además, se sintió satisfecho por no hacerse las expectativas ni confiarse demasiado para cumplir una vieja promesa a su abuelo de cantar alguna vez en la Quinta Vergara.

Memo Bunke Pasó la Prueba

Anoche, el productor ejecutivo del festival, Gonzalo Bertrán, demostró que pocas veces se equivoca. Tras ver su actuación en el Festival del Huaso de Olmué y someterlo a una prueba de fuego en el Estadio Sausalito el domingo pasado (en la final de la Copa Viña del Mar), el humorista Memo Bunke subió a la Quinta Vergara después de la competencia folclórica.

Y para evitar problemas, Bunke montó exactamente el mismo show del Sausalito. Con un tema musical entibió al público, con un único chiste propiamente tal los hizo reír y con una extensa variación del conocido tema de Cachureos "La mosca" definitivamente se ganó a la Quinta.

Justamente esa rutina permitió a Bunke actuar anoche: fue lo que más gustó a Bertrán la noche en que lo aprobó. Pero el humorista se arriesgó y presentó una historia mezclada con temas musicales que en el Sausalito debió interrumpir porque la gente no enganchó. Pero anoche las interrupciones fueron para recibir aplausos y, finalmente, la Gaviota de Plata. Para terminar, y agradecer, Memo Bunke interpretó una canción seria y hasta un poco dramática, que en el Sausalito ni siquiera tarareó.

Luego del show, conversando con la prensa, Bunke aseguró que ahora se dedicara a capitalizar su triunfo en la Quinta Vergara, formando un equipo de trabajo con el también cantante y humorista Pancho del Sur para asesorarlo y crear nuevo material para sus próximas presentaciones.

"Dios sabe cuando hace las cosas", dijo, y lo que viene ahora es un duro trabajo. En cuanto al hecho de que humoristas que actúan en el festival pueden ser olvidados en el tiempo, Bunke se mostró confiado. "Tal como dije que iba a irme bien en la Quinta, ahora yo sé que estoy preparado, y tengo los pies bien puestos en la tierra. No se me van a subir los humos a la cabeza".

Soledad, la Mejor de la Noche

La mejor música de la noche vino a ponerla la cantante argentina Soledad. Fenómeno de masas ya certificado en su país, con ventas millonarias de discos, tratamiento de celebridad y debut en el cine ya cumplido, la cantante vino a empezar de cero a Chile desde su punto de partida: el folclor.

Con la credencial de clásicos de la canción argentina como los valses "Alma, corazón y vida" y "Que nadie sepa mi sufrir" o la chacarera "Entre a mis pagos sin golpear", Soledad también tiene el talento suficiente para cantar temas propios, además de una voz sorprendente y el fuerte carácter como para imponerlos en el escenario de la Quinta Vergara.

En el escenario festivalero, la cantante tiene en común con gente como Luis Jara o Douglas la explotación de clásicos latinoamericanos, y se sumó a Juan Luis Guerra o Celia Cruz en hacer del certamen un muestrario interesante de músicas regionales, al margen del dictado uniforme de los rankings radiales pop.

Ráfaga, Cumbia de Pelo Largo

Sin mediar preámbulo alguno, vestidos con una indumentaria tan excéntrica como su concepto artístico, la "bailanta" argentina de Ráfaga, una de las bandas más vendedoras en nuestro país por su contagioso pop tropical de alcance inimaginable, logró que toda la Quinta Vergara se despegara de sus asientos por más de una hora para un baile mecánico.

Un sólo movimiento cómplice para un estilo musical en bruto, muy cerca de lo caricaturesco, pero que ha sido lo suficientemente poderoso como para ubicar a este grupo de ocho pelilargos y energéticos músicos en el peldaño más alto del género.

Eso, gracias a canciones como "La luna y tú", "Mentirosa" y "Maldito corazón", nombres diferentes para un mismo rumor que, apoyado por un coro multitudinario, se escuchó por primera vez en el escenario festivalero: una base rítmica a base de teclados, pasos coreográficos básicos y un carisma popular capaz de contagiar a todas las edades y estratos sociales.

Con Ráfaga -y con otros tantos exponentes del género- no se puede tener puntos medios: o se les repele o se convierten en los mejores invitados a la fiesta. Y cuando se opta por esta última posición, nada importa más que la catarsis. Y eso, más que sus trajes blancos con apliques dorados y sus largas cabelleras clonadas, sí que les queda bien a estos argentinos dueños de una calidad dudosa y de una devoción que sorprende.
EL COMENTARISTA OPINA
¿Cómo puedo ser parte del Comentarista Opina?
Comentaristas
Más me gusta
Más comentarios
Más seguidores