La voz regresó a la Quinta

Con una presentación que mezcló sus antiguos éxitos con lo más nuevo de su repertorio, el mexicano Christian Castro se encargó de llevar a Viña del Mar un arma que a estas alturas pocos saben o pueden utilizar: la voz. Paulina Rubio pagó las consecuencias del talento de su compatriota y José Alfredo Fuentes volvió a encender la noche con la nostalgia de los viejos buenos tiempos y que fue coronada con una Gaviota de Oro.

22 de Febrero de 2000 | 04:10 | El Mercurio
El pequeño incendio que, luego de los fuegos artificiales de apertura, quedó como secuela en la parrilla de iluminación del escenario, ahí en el techo de la Quinta Vergara, con algo de generosidad imaginativa puede tomarse como la única muestra de parafernalia para introducir un espectáculo brillante.

El debut de Christian Castro en Viña del Mar, su primer y más importante concierto masivo en suelo chileno, fue una muestra clara y contundente de que los shows aeróbicos y el maquillaje multicolor son absolutamente innecesarios cuando lo que se maneja es talento.

Con un cuerpo de baile medido y una orquesta versátil, a ratos de potencia rockera ("Lloran las rosas"), a ratos convertida en una comparsa cómplice en los desgarros románticos ("Por amarte así"), el hijo pródigo de Verónica Castro hizo de frente lo que derrocha en sus grabaciones: una sobria muestra de manejo vocal, un registro privilegiado tan generoso como para reventar las venas en un falsete ("Nunca voy a olvidarte") y, al instante, relajar los pulmones para los tonos medios de canciones como "Mi vida sin tu amor"", el primer sencillo que titula su más reciente álbum.

Christian Castro puede no generar una devoción histérica como alguno de sus pares, el bajo perfil ha sido siempre lo suyo, pero su paso por la Quinta Vergara se recordará por una razón tan obvia como suficiente: simplemente porque, como pocos, el hombre canta y muy bien.

Y el público quedó tan prendido que, confiado en doblarle la mano una vez más a los organizadores, exigió por largos minutos el regreso al escenario del artista mexicano. "Sientes que te mareas, como si te hubieras tomado unos tequilitas", fue la descripción de Castro de la Quinta Vergara. "Es uno de los días más importantes de mi carrera. Si no me ganaba una gaviota no era nadie, me había dicho mi madre (la actriz Verónica Castro). Ella me recomendó ser muy formal, y tener mucho respeto por el público", explicó el cantante mexicano, quien perdió dos días de sus clases de filosofía en México para estar en Viña del Mar.

Oro para Fuentes

Pero esta vez la agenda fue implacable y Paulina Rubio, su compatriota, debió soportar durante sus tres canciones una silbatina arrolladora. La cantante entró resuelta a enfrentar las hostilidades, pero no tuvo de su parte grandes dotes vocales, grandes canciones ni la escolta segura de una banda que no por sobrepoblada sonó con solidez. Tanto en contra no hizo sino destacar el coraje con que la rubia dio la cara al público, pero su actuación no fue sino un breve entretiempo antes de José Alfredo Fuentes.

Precedido por la más cariñosa presentación de Cecilia Bolocco, Fuentes inició su rutina con el más excéntrico de sus viejos hits, "Dirladada", para terminar de ganarse al público con "Te perdí" y "Era sólo un chiquillo". De ahí en adelante el resto fue el dictado de sentido común: agotados los éxitos propios, Fuentes echó mano primero a los de Lalo Valenzuela, Luis Dimas, Red Juniors, Ramblers y otros colegas de la Nueva Ola, y luego a un asegurado repertorio de Juan Gabriel.

Desplante, éxitos probados desde los años en que sus fanáticas se vestían de amarillo para idolatrarlo en los 60 y un carisma potenciado por la entrega de la audiencia fueron los ingredientes que le valieron a José Alfredo Fuentes gaviota doble: de oro y de plata. Tras domingos y domingos viéndolo animar "Venga conmigo" en Canal 13, cualquier televidente habrá notado anoche el brillo distinto que aparece en los ojos de Fuentes cuando vuelve a su inicial oficio del canto.

"Este fue un premio a 34 años de carrera, no a está actuación en particular, tengo los pies bien puestos en la tierra: este no fue un show extraordinario", dijo Fuentes tras la actuación. "Fue quizás hasta bueno no haber actuado antes (el jueves pasado, cuando su show fue cancelado). No era el día correcto. No tengo resentimientos de ningún tipo. Dios sabe por qué hace las cosas. Es difícil venir a la Quinta, porque por una actuación te juegas toda una carrera".

El enojo de Dino Gordillo

Puede haber sido la fiebre que lo afectó todo el día y que anoche no se amainó durante su actuación. O quizás fue la imposibilidad de presentar algo nuevo después de cuatro años seguidos actuando en la Quinta Vergara. Pero sea lo que fuese, anoche Dino Gordillo presentó un espectáculo predecible que logró arrancar aisladas carcajadas en el público.

El humorista presentó una rutina de casi media hora que se basó exclusivamente en chistes cortos e irregulares. Más que nunca, la mayoría de las pequeñas historias sonaron conocidas, pero como el público le tiene cariño al humorista, recibió su actuación con respetuosos aplausos. De hecho, en la transmisión televisiva su actuación alcanzó un peak de 62 puntos on line.

Al terminar, Gordillo se paseó por el escenario con su hija en brazos y con la Gaviota de Plata, más pedida por Cecilia Bolocco que por el público. Ante las críticas de la prensa a la salida de su presentación, Gordillo se mostró sorpendido ante una pregunta que sugirió que la gaviota se la habían "regalado": "Llevo cinco años sacándome la mugre en la Quinta Vergara como para que vengan ustedes a criticar mi show", reclamó el humorista.

Hernaldo y Carlos Ponce: Jurados Rellenos

Cumpliendo con el protocolo festivalero y tratando de ajustar los tiempos y los egos para que todos los jurados cantantes tuvieran su espacio dentro de la parrilla, Hernaldo, un compositor alejado desde hace rato de la memoria criolla, salió a escena con seriedad y su propuesta fue tomada a la ligera.

Reviviendo el típico juego de corear la última sílaba de cada estrofa, el nicaraguense se vio en aprietos interpretando "Bella", una de sus más famosas composiciones. Por eso, para detener la chacota, recurrió a Emmanuel, voz que popularizó la canción, para ganar un poco de respeto. Sólo al final de su breve presentación, con "Procuro olvidarte", apenas logró entibiar el ambiente.

Pero la atmósfera cambió de inmediato con la aparición de Carlos Ponce, un puertorriqueño de talento escaso pero que, por imagen y simpatía, desde el año pasado hace chillar a las jovencitas. "Rezo", su caballito de batalla, inició una presentación discreta, felizmente corta y con "Todo lo que soy", canción que titula su último trabajo, como la única diferencia de su también olvidable show del año pasado.

Nostálgico Cierre de Duran Duran

Guardada para el cierre, la única figura rockera invitada al show del festival de este año no era precisamente un grupo en la cúspide de su carrera. Pero Duran Duran impuso su historia en el escenario de la Quinta Vergara.

Si su primera visita a Chile, con motivo de un concierto en Santiago hacia 1993, desilusionó a los aficionados que esperaban los grandes éxitos del grupo inglés, esta vez Duran Duran se mostró más complaciente y partió desgranando antigüedades de los '80 como "Girls on film" o "Hungry like a wolf", pero su repertorio fue un buen balance de cosas más recientes como "Ordinary world", "Electric barbarella", ambas de ya entrados los '90.

Encabezado por un bien mantenido Simon Le Bon como vocalista, el quinteto hasta se permitió lo que nadie en este festival y en las versiones anteriores: mostrar una canción inédita, como fue "Someone else, not me" a modo de melódico adelanto de su venidero disco "Pop trash". Pero la mayoría fueron recuerdos.

Clasurar la versión del Festival que por definición se volcó al recuerdo fue una tarea fácil de hacer para Duran Duran.
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