Duran Duran: Otra cosa

La banda inglesa fue la encargada de cerrar, la noche del lunes, la última jornada del Festival de Viña del Mar.

23 de Febrero de 2000 | 09:54 | ORBE
Fue otra la actitud de Duran Duran en su segunda visita a Chile. Si para su debut en Santiago, en 1993, el grupo inglés trajo un concierto acústico que desilusionó a los aficionados en busca de un wurlitzer con sus grandes éxitos, el lunes pasado la banda concedió ese gusto sin problemas a la audiencia del cierre festivalero.

Una generosa cuota de tres canciones de su primer disco ("Duran Duran", 1981) como "Girls on film" y "Planet earth" fue la mejor muestra de la complacencia del grupo, abanderado de la new wave inglesa, esa escuela que unió la sucesión del punk con tecnología, raros peinados nuevos y retazos rítmicos de música disco a comienzos de los 80.

Duran Duran tiene historias que cantar en un escenario. El grupo tocó canciones de diez de sus doce discos, incluido el melódico estreno de "Someone else, not me" como adelanto de un disco que publicarán este año, "Pop trash".

Confiado en glorias que la Quinta Vergara reconoció sin dificultad, el grupo no se esforzó en una actuación de grandes recursos ni en rearreglar sus canciones. Hasta los peinados del cantante Simon le Bon y el tecladista Nick Rhodes siguen siendo los mismos.

Ver a Le Bon y los suyos en vivo permite el innegable ejercicio de hallar de primera fuente sonidos y gestos recreados luego por gente tan cercana como La Ley, un grupo que tras doce años aún no abandona por completo su raíz new wave. A ratos la Quinta Vergara se volvió Las Vegas con tanto éxito añejado, pero también fue escenario para una banda que hoy es mencionada por rockeros del nuevo siglo como Korn o Hole a modo de influencia temprana.

Duran Duran no fue mejor que varias de las atracciones que llegaron a Viña este año. Pero fue otra cosa. Unico concierto rockero del espectáculo, tuvo su propia progresión, su propia actitud y una carga latente de ironía de la que ningún baladista latino sería capaz. Ni Vodanovic ni Bolocco vinieron a entregar medalla ni gaviota de plata, posiblemente preocupados ya de hacer sus maletas. Y a nadie le hizo falta.

David Ponce
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