Una goleada que duele, pero no sorprende

El dolor se traduce al ver un equipo disperso, sin conexión en sus líneas, con jugadores que fueron fantasmas estáticos y transparentes, atravesados una y otra vez por rivales de real categoría.

30 de Marzo de 2000 | 16:48 | EFE
SANTIAGO.- Dolor, pero no sorpresa, ha causado en Chile la goleada de 4-1 que Argentina le propinó anoche a la selección nacional en Buenos Aires, en la primera jornada de las eliminatorias sudamericanas del Mundial '2002.

Dolor porque a juicio de los entendidos, es imposible jugar peor que como lo hizo Chile, que fue un equipo disperso, sin conexión en sus líneas, con jugadores que fueron fantasmas estáticos y transparentes atravesados una y otra vez por sus rivales, que fueron superiores en todos los aspectos del juego, individual y colectivamente.

Dolor también por la evidente declinación de Iván Zamorano, uno de los más grandes futbolistas que ha producido este país, pero que ya está muy lejos de aquel goleador implacable de antaño.

La goleada conjugó la presentación de un rival inspirado con una paupérrima actuación de la selección chilena, que quedó en el peor de los escenarios imaginables: colista de la eliminatoria, con la mayor cantidad de goles y un gran signo de interrogación en su futuro.

De acuerdo con impresiones que dejó el partido en la prensa, técnicos, dirigentes y aficionados chilenos, la clave de la goleada estuvo en lo mal que jugó Chile, que a ratos dio la impresión de ser un equipo de aficionados enfrentado a uno de profesionales.

Los análisis sólo salvan a cuatro jugadores de Chile: los defensas Claudio Maldonado y Pedro Reyes, y los volantes Clarence Acuña y, en menor medida, Rodrigo Tello, que combinó un golazo con la falta de concentración en la marca y con la extrema ingenuidad que mostró en la jugada del penal que significó el tercer gol argentino.

El resto cumplió una actuación para el olvido, incluido los afamados delanteros Iván Zamorano y Marcelo Salas, la publicitada fórmula "Za-Sa", que un diario de Santiago convirtió hoy en "Na-Da" y un chusco locutor radial en "Ja-Ja".

Los análisis coincidieron en lo desaprensivo del esquema con que Acosta paró a sus hombres: sin marcajes individuales sobre los hombres claves del rival, principalmente Verón, el émbolo del conjunto albiceleste.

"Y qué sacaba. Si marcaba a Verón aparecía Zanetti, o González, u Ortega, o Simeone", dijo en relación a ese punto Nelson Acosta, en una patética demostración de impotencia, sin un asomo de las frases rimbombantes de la víspera, cuando aseguraba que "las distancias se han acortado, en América ya nadie golea a nadie".

Desde comienzos de año, Acosta ha utilizado a cerca de 40 jugadores en un proceso preparatorio que sumó siete partidos de ensayo, cuatro de los cuales fueron derrotas ante equipos teóricamente inferiores: EEUU, Costa Rica, Guatemala y Eslovaquia.

Los jugadores más fogueados, como Iván Zamorano, Marcelo Salas, Javier Margas y Pedro Reyes, no participaron en esa campaña y los dos primeros ni siquiera se entrenaron alguna vez con el equipo antes del pasado lunes, de manera que Acosta nunca supo del nivel actual de sus hombres.

Varios seleccionados, entre ellos los propios Zamorano y Salas, además de Margas, Pizarro y Maldonado, no son titulares fijos en sus clubes y tienen un déficit de fútbol que se nota demasiado a la hora de dominar el balón, entregarlo a un compañero o calcular tiempos y distancias en las jugadas.

A última hora, Acosta confió posiciones claves a jugadores Sub'23, esperanzado en que mantuvieran su rendimiento del preolímpico de Londrina, en el que derrotaron a Argentina y se clasificaron para Sydney '2000.

La realidad fue muy diferente y sobrepasó las posibilidades de Pablo Contreras, Patricio Ormazábal, David Pizarro y Rodrigo Tello e hizo añorar a Fabián Estay, Ronald Fuentes, Sebastián Rozental, Luis Musrri o Esteban Valencia, que fueron excluidos por Acosta, o a Jorge Vargas, titular en el Regina italiano, que debió mirar el partido desde el banco.

La memoria colectiva recuerda que en 1996 el vasco Xabier Azkargorta fue despedido como seleccionador chileno por haber empatado a domicilio con Venezuela en el primer partido de Chile por las eliminatorias de Francia'98.

Ahora, Nelson Acosta recibió indultos y algunas monedas al regreso de la selección a Santiago, pero el calvo entrenador de origen uruguayo todavía puede estar tranquilo, pues nadie ha pedido su cabeza, y una derrota con Argentina, para los dirigentes chilenos, no puede tener un precio tan alto.

Después de todo, la de anoche fue la número 48 en una serie de 70 partidos con Argentina, de los que Chile ha ganado sólo cinco, todos ellos amistosos.

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