Todo moviéndose

Al técnico nacional se le viene un mes agitado. De observación, de reflexión, de acción. Justo en un mes más estará sentado en la banca chilena del estadio Centenario, jugándose tres puntos fundamentales para el objetivo de clasificar al Mundial del 2002.

03 de Mayo de 2000 | 09:26 | El Mercurio
La entrega que debía hacer ayer Nelson Acosta del informe del partido ante Perú debería ser una mera anécdota. ¿Qué podrá contar de nuevo el seleccionador en un par de carillas? Nada nuevo, nada que no se conozca, nada que pueda revertir un marcador que ha dejado al equipo chileno en el penúltimo lugar de la tabla de posiciones. El extremo interés en el escrito del estratego sólo servirá para saciar el apetito de los masoquistas, porque las claves del funcionamiento estuvieron a vista y paciencia de todos.

Lo que sí resulta importante parece ser el estado de situación del entrenador. El respaldo directivo si bien públicamente se mantiene a tope, tras el empate en Santiago comenzó a perder el soporte básico: la confianza. Tampoco han ayudado las declaraciones del técnico, quien ayer por ejemplo criticó el nivel del fútbol local cuando las semanas previas al comienzo de las clasificatorias subrayaba que la selección presentaba un rendimiento superior al promedio del torneo criollo.

Son estas inconsecuencias, más la acentuada presión creada por varios de sus opositores, las que podrían generar un cuadro de relaciones insostenible y una presión desmesurada antes del próximo desafío, el históricamente imbatible Uruguay.

Es en este escenario móvil donde Nelson Acosta debe comenzar a equilibrarse, sin perder de vista que acaso después de un par de años tendrá que contar con la monumental colaboración del plantel de jugadores, un grupo al que tampoco le ha caído bien que su "profesor" le endose toda la responsabilidad tras un mal resultado.
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