Mientras la guerra en Irán sacude los mercados petroleros mundiales, Brasil observa con cierto grado de tranquilidad los acontecimientos, ya que su mercado está parcialmente protegido ante las explosivas alzas en los precios de los combustibles. Esto se explica porque decenas de millones de conductores pueden elegir entre llenar el tanque con etanol 100% a base de caña de azúcar o con una mezcla de gasolina que contiene un 30% de biocombustible.
La enorme flota brasileña de vehículos de doble combustible —capaces de funcionar con cualquier combinación de etanol y gasolina— es única por su escala. El programa, lanzado en 1975 durante la dictadura militar del país, ha evolucionado con éxito en tiempos democráticos para reducir la dependencia del petróleo extranjero.
Hoy, mientras el más reciente conflicto que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel entra en su quinta semana, países como India y México observan el modelo brasileño como una alternativa a seguir para fortalecer la seguridad energética.
Mientras los consumidores de todo el mundo enfrentan fuertes alzas de precios, en Brasil la gasolina subió apenas un 5% en marzo, en comparación con el 30% registrado en Estados Unidos. Los analistas atribuyen parte de esa estabilidad a una industria nacional de biocombustibles madura, que permite al país resistir las sacudidas geopolíticas con un riesgo mínimo de escasez.
"Brasil está mucho mejor preparado que la mayoría de los países porque tiene una alternativa viable de esta naturaleza", declaró Evandro Gussi, presidente de la Asociación de la Industria de la Caña de Azúcar de Brasil, UNICA.
El momento es particularmente favorable, ya que la próxima cosecha de caña de azúcar, que comienza en la primera mitad de abril, está prevista para producir un récord de 30.000 millones de litros de etanol, 4.000 millones más que el año pasado. “Ese aumento por sí solo equivale a la cantidad total de gasolina que Brasil importó durante todo el año pasado”, indicó Gussi.
A pesar de ser un importante productor y exportador de petróleo crudo, Brasil aún depende de las importaciones para cubrir su demanda interna de combustibles refinados. Actualmente, el país obtiene petróleo de Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia y la vecina Guyana.
Sin embargo, el etanol se ha convertido en la columna vertebral del transporte. En 2025, representó ventas por 37.100 millones de litros, según la estatal Empresa de Investigación Energética. Aunque se mantiene ligeramente por detrás del diésel y la gasolina en participación total de energía, su presencia en todas las gasolineras entrega a los brasileños una mayor seguridad, tanto psicológica como económica.
Inversión en investigación
El éxito de la economía de biocombustibles de Brasil tiene sus raíces en el estado de Sao Paulo, principal motor industrial y agrícola del país.
La producción combina “megagranjas” de alta tecnología orientadas a la exportación con operaciones familiares más pequeñas, como la granja Bom Retiro, fundada en 1958, cuyos trabajadores se preparan para cosechar sus 40 kilómetros cuadrados de tierra (casi 10.000 acres).
La tecnología brasileña en biocombustibles también se ha visto impulsada por años de investigación financiada por el Estado. Una de estas iniciativas se ubica en las afueras de Sao Paulo: el Centro de Desarrollo Científico del Etanol de la universidad Unicamp, en Campinas.
"Tenemos flexibilidad en la producción de etanol, en los motores de los vehículos y desde el gobierno federal, que fija el porcentaje de etanol en la mezcla de combustible", explicó Cortez.
En última instancia, esa inversión en investigación termina marcando la diferencia en las gasolineras, al permitir ajustar la oferta y el consumo según las condiciones del mercado.
Cuando se queman, los biocombustibles suelen emitir menos dióxido de carbono que los combustibles fósiles, lo que los posiciona como una alternativa frente al cambio climático. Sin embargo, algunos expertos cuestionan su sostenibilidad, argumentando que los cambios en el uso de suelo y los procesos productivos podrían reducir esos beneficios.
El problema del diésel
Pese a las ventajas del etanol, Brasil enfrenta desafíos en el mercado del diésel. Según la Asociación Brasileña de Importadores de Combustibles, la gasolina refinada por Petrobras —que incluye biocombustibles— es actualmente 46% más barata que el combustible importado, con una diferencia de 1,16 reales (0,22 dólares) por litro. En el caso del diésel, el precio en refinerías es 63% inferior al de importación.
Aun así, el país ha visto un fuerte aumento en el precio del diésel, que se disparó más de un 20% en marzo. Esto se debe a que este combustible depende en mayor medida del crudo importado y contiene una menor proporción de biocombustibles.
A diferencia del etanol, el biodiésel —producido principalmente a partir de soja— representa solo un 14% de la mezcla de diésel. Ese porcentaje podría aumentar al 30% recién hacia 2030, dependiendo de los avances tecnológicos.