El piloto británico Andy Green rompió un nuevo récord al alcanzar una velocidad de 653,908 km/h en un automóvil impulsado por dos motores de combustión interna de hidrógeno con una potencia combinada de 1.600 caballos de fuerza. De esta forma, estableció una nueva marca para esa categoría de vehículos, según la Fédération Internationale de l’Automobile.
Jubilado de la Real Fuerza Aérea británica y de 64 años, el experimentado deportista corrió sobre la costra cristalina del famoso Salar de Bonneville, en Utah, en un auto de 9,75 metros diseñado por el fabricante británico de maquinaria de construcción JCB. Los motores, adaptados de los que se usan en la maquinaria pesada de la empresa, mezclan gas hidrógeno presurizado con aire y lo encienden para crear ráfagas de potencia.
“Es mágico poder mostrar esta tecnología y mostrar lo buena que es la ingeniería en la mejor superficie de carreras del mundo, el Salar de Bonneville”, dijo Green tras el recorrido.
Las otras marcas del piloto
Pese al anuncio, la hazaña no estuvo ni cerca de aproximarse al récord absoluto de velocidad en tierra, que Green estableció con propulsión a reacción en 1997. Aquel año, abordó el Thrust SSC, una aguja negra encajada entre dos motores a reacción caricaturescamente grandes, y lo condujo hasta alcanzar un récord absoluto de 1.227,985 km/h, rompiendo la barrera del sonido y logrando una proeza a la que nadie se ha acercado siquiera. Sus recorridos en el desierto de Black Rock, en Nevada, produjeron estruendos sónicos que sacudieron la cercana localidad de Gerlach.
En 2006, Green también estableció el récord de velocidad en tierra para un automóvil impulsado por diésel —563,4 km/h— en el Salar de Bonneville. Regresó allí el martes con el objetivo de superar esa marca usando energía de hidrógeno, a la que ha llamado el “combustible del futuro”.
Al apuntar a su velocidad con diésel, Green superó con facilidad el anterior récord mundial de combustión de hidrógeno, de 298,5 km/h. Contó con una recta de 16 kilómetros para ganar velocidad. Unas pocas decenas de empleados de JCB y reporteros observaron a distancia a través de cámaras y binoculares.
Green señaló que el interior del auto que usó en esta nueva prueba estaba “probablemente un poco más caliente” que el del vehículo con propulsión a reacción de 1997, con temperaturas que habitualmente estaban por encima de los 50 grados Celsius.
“Pero he estado entrenando cuatro meses para eso, tanto en el gimnasio como simplemente acostumbrándome con baños calientes”, añadió.
Así fue la pista
El Salar de Bonneville es un remanente del lecho de un lago prehistórico y está a unos 160 kilómetros al oeste de Salt Lake City. Se asienta sobre un acuífero poco profundo que enfría los neumáticos. La superficie de baja fricción y el aire seco del desierto favorecen la velocidad y han atraído a pilotos desde la primera carrera que se realizó allí en 1914.
“Parece nieve y se comporta un poco como nieve compactada: es sorprendentemente resbaladizo”, explicó Green.
Si bien Green no se acercó a velocidades supersónicas en esta prueba, los ingenieros de JCB esperan que su logro con energía de hidrógeno sacuda a la industria de la energía limpia.
El presidente de la compañía sostuvo que el hidrógeno puede afrontar mejor las exigencias de las industrias pesadas que la energía eléctrica.