El CEO de Ford, Jim Farley, abrió la puerta al desarrollo de un modelo de calle inspirado en los autos de rally de la marca, con el objetivo de ofrecer una alternativa accesible para los aficionados a la conducción deportiva.
Farley manifestó su intención de "democratizar los autos de rallys" para acercar al público general una experiencia hasta ahora asociada principalmente a modelos de competición y versiones de altas prestaciones, aun cuando, a la fecha, no existen detalles oficiales sobre su posible llegada, precio, plataforma o especificaciones técnicas.
La idea, publica una nota de autobild.es, se enmarca en la creciente presencia de Ford en el mundo de la competición. Actualmente, la compañía estadounidense participa en programas vinculados al WEC, el Dakar, Baja y las categorías GT, además de contar con distintas variantes deportivas del Mustang.
Un eventual modelo de calle con ADN de rally también permitiría recuperar una fórmula que tuvo especial protagonismo durante las décadas de 1980 y 1990. En aquella época, fabricantes como Ford, Lancia, Toyota y Subaru desarrollaron versiones homologadas para carretera derivadas de sus programas de competición.
Uno de los ejemplos más recordados de Ford es el Escort RS Cosworth, mientras que modelos como el Subaru Impreza WRX STI se transformaron en referentes de una época en la que existía un vínculo mucho más directo entre los autos de rally y los vehículos que podían llegar a los concesionarios.
En la actualidad, este segmento cuenta con una oferta mucho más limitada. Por ello, un modelo de precio contenido podría permitir a Ford ocupar un espacio dirigido tanto a los entusiastas como a pilotos privados.
Aunque Farley no entregó información sobre el futuro proyecto, existen distintos caminos posibles. Uno sería recuperar el espíritu del Ford RS200, legendario modelo desarrollado para la icónica era del Grupo B, mientras que otra alternativa sería utilizar como punto de partida un vehículo actual como el Puma o el Focus y llevarlo a un nivel superior de prestaciones.
Una eventual versión extrema podría incorporar tracción integral, suspensiones reforzadas y un motor de altas prestaciones, utilizando además componentes o tecnologías derivadas de la experiencia de Ford en competición.
El precio sería uno de los principales factores. La idea de "democratizar" los autos de rally implicaría desarrollar un producto significativamente más accesible que un superdeportivo o un hypercar, pero que conserve buena parte de las características que hacen atractivos a los vehículos de competición.
La estrategia podría seguir el camino utilizado por modelos como el Hyundai i20 N o el Toyota GR Yaris, que llevaron buena parte de la filosofía de los autos de competición a vehículos de producción relativamente compactos.
Por ahora, Ford no ha confirmado que el proyecto vaya a convertirse en un modelo de producción. Las declaraciones de Farley, sin embargo, dejan abierta la posibilidad de que la compañía esté estudiando un automóvil que permita recuperar el concepto del "rally car" de calle.
El desafío será determinar qué modelo serviría como base, si tendría una comercialización global o regional y, especialmente, qué precio consideraría Ford suficientemente "asequible".