La británica, Tara Moore, quien llegó a ubicarse en el puesto 145 del ranking mundial, interpuso una demanda en Nueva York contra la WTA. La jugadora continúa suspendida hasta diciembre de 2027 por un caso que se remonta a 2022.
La tenista exige una indemnización de 20 millones de dólares y cuestiona la gestión del sistema antidopaje, argumentando que la falta de advertencias sobre eventuales riesgos alimentarios terminó derivando en una sanción que, a su juicio, afectó de manera irreversible su trayectoria profesional.
El origen del caso
El episodio se remonta a 2022, cuando la tenista fue sometida a un control antidopaje durante un torneo en Bogotá. Los análisis detectaron esteroides anabólicos, lo que activó una suspensión provisional dictada por la Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA).
Desde el entorno de la deportista se sostuvo que la sustancia ingresó a su organismo por la ingesta de carne contaminada y que nunca hubo intención de mejorar el rendimiento. La sanción implicó su salida inmediata del circuito y la pérdida de su posición en el ranking, donde había alcanzado el puesto 145 en singles. En su trayectoria acumulaba siete títulos individuales y 18 en dobles dentro del circuito ITF.
Giro judicial y nueva suspensión
En diciembre de 2023, un tribunal independiente concluyó que no existió intención deliberada de infringir las normas, lo que permitió a Moore regresar de manera provisional a la competencia.
Sin embargo, la ITIA apeló el fallo y logró restituir la sanción original. La suspensión de cuatro años quedó firme y se extenderá hasta diciembre de 2027, manteniendo a la británica fuera de los torneos regulados por la WTA.
Los argumentos de la demanda
El abogado de la jugadora, Daniel Weiss, cuestionó el funcionamiento del sistema antidopaje y sostuvo que, en la práctica, se tiende a presumir la culpabilidad del deportista aun sin evidencia de intención de infringir las normas. Además, planteó que la falta de advertencias claras sobre riesgos alimentarios en ciertas regiones habría sido determinante en el caso.
La propia Moore ha señalado en reiteradas ocasiones que la sanción "arruinó" su carrera. Tras su suspensión y un breve retorno, quedó fuera del Top 1000 y, a sus 33 años, enfrenta un panorama complejo para retomar la competencia al más alto nivel.
El proceso judicial en Estados Unidos continúa abierto, mientras el caso vuelve a instalar el debate sobre los protocolos antidopaje y las garantías para los jugadores en el circuito profesional.