No ha sido un arranque de Mundial tranquilo para Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Su manejo en el inicio de la Copa del Mundo ha estado en el ojo del huracán y no han faltado las fuertes críticas a su rol como organizador.
Quizás la polémica más fuerte que ha tenido que atravesar -dejando de lado el cambio de base de Irán y el problema con los precios de las entradas- fue la deportación del árbitro somalí Omar Artan, mejor réferi africano del 2025. Infantino se jactó hace meses de una promesa de universalidad que no ha podido cumplir y el caso de Artan es la prueba fehaciente de aquello. "Todos serán bienvenidos", dijo el suizo-italiano. Pero no ha sido así.
Hace unos días, lo del juez fue el tema principal de una bullada conferencia de prensa de Infantino, que llamó a estar "chill y relajarse". Una frase que molestó a más de alguno y se viralizó y tensionó más aún el clima.
Incluso, la BBC le preguntó de manera directa: "Usted dice que la gente debe estar chill y relajarse,
pero un árbitro top fue deportado, Irán tuvo que cambiar su base a México, problemas de visados... ¿Usted está avergonzado o acepta que perdió el control de su propio torneo aquí?".
"Cuando digo 'tranquilos', no me refiero a 'quedarse quietos y no hacer nada', sino a que confíen en nosotros. Nuestro mundo es un mundo muy agresivo y la seguridad está por encima de todo. Hay que respetar las decisiones", respondió Infantino, tratando de despejar la polémica.
Pero lo cierto es la imagen del presidente de la FIFA está en entredicho. Su cercano lazo con Donald Trump tampoco parece bien visto por la gente. Hasta el diario L'Équipe lo caricaturizó como un títere o marioneta de Trump en una portada que recorrió el mundo.
Una de las voces que no tuvo piedad con Infantino fue Joseph Blatter, ex mandamás de la FIFA. "El actual presidente debería demostrar que es más fuerte que su buen amigo en la Casa Blanca (Donald Trump). Cuando uno empieza a dejarse controlar por la política, es malo. Las federaciones también deben protestar", dijo en L'Équipe.
Blatter también se refirió al caso de Artan: "Si un país le niega la entrada a un árbitro, es un problema grave, y el Mundial no debería celebrarse en ese país. La culpa recae principalmente en la FIFA. Abandonó este principio, que el país (Estados Unidos) no respetó. No podemos detener el torneo, pero es indignante".
Incluso, pareciera que pasó inadvertida una denuncia de Michel Platini, otrora presidente de la FIFA, en contra del propio Infantino, por "tráfico de influencias,asociación ilícita para cometer una denuncia calumniosa" y "denuncia calumniosa". También le reclama una indemnización a FIFA. Otra polémica más.
La durísima columna del The Guardian
En ese clima polémico y controversial se ha estado moviendo Infantino, tratando de hacer parecer que todo marcha tal cual lo planificado.
Pero para Jonathan Liew, galardonado columnista del diario británico The Guardian, el tema no deja de ser preocupante y simplemente lo destrozó.
El potente artículo se titula: "El escándalo de Omar Artan deja al descubierto la verdadera naturaleza de Gianni Infantino: uno de los mayores cobardes del deporte".
Y analiza de manera fría y directa lo que ha sido el
rol del presidente de la FIFA.
"Ahora que la Copa del Mundo se ha ampliado a 48 equipos, el número de países con el tamaño, los recursos y la infraestructura necesarias para albergarla es cada vez menor. En esencia, la FIFA necesita a Estados Unidos mucho más de lo que Estados Unidos necesita a la FIFA, lo que ha tenido un efecto directo en las humillaciones e inconvenientes que ha estado dispuesto a soportar", explica.
Y luego, le pega a Infantino: "En realidad, la FIFA ya ha expresado su visión del mundo con la mayor elocuencia. De hecho, al repetir como un loro la frase 'el fútbol une al mundo', Infantino expresa tácitamente su opinión de que hay personas que simplemente no considera parte del mundo, quizás ni siquiera humanas. Así pues, a los disidentes rusos encarcelados y a los trabajadores migrantes anónimos de Qatar podemos añadir a los supuestos enemigos de la Casa Blanca de Trump: ya sean aficionados o periodistas senegaleses que hacen preguntas, o un árbitro somalí que se embarca en el mayor honor de su carrera profesional".
Liew termina destrozando al presidente de la FIFA: "Infantino es, por supuesto, el síntoma más que la enfermedad. Sin embargo, dada su propia autoimagen de estadista mesiánico y panglobal, resulta irónico que este verano consolide su legado como uno de los mayores cobardes del deporte: un hombre débil y mezquino que perdió el control de su propio torneo. Un hombre que flaqueó ante la convicción genuina. Un hombre que tuvo en sus manos la fuerza cultural más poderosa del mundo y acabó regalándola".