Radiografía del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos: La institución que marcó la abrupta caída del ministro Rojas

La entidad inaugurada por Michelle Bachelet en 2010, cuenta con tres niveles, 11 salas y un centro de documentación. Reúne relatos dolorosos de la dictadura y durante 2017 recibió a más de 167 mil visitantes.

14 de Agosto de 2018 | 09:20 | Por Constanza Troncoso M., Emol.
Archivo El Mercurio
SANTIAGO.- Miles de fotografías colgadas sobre un gran muro, como una multitud de personas que observan fijamente, en silencio, suspendidas en el tiempo. Son los retratos de los detenidos desaparecidos de la dictadura en Chile, que se alzan en el interior del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, frente a una plataforma con velas encendidas. Este es el corazón del recinto inaugurado por Michelle Bachelet, en 2010, cuyo cometido es solemnizar en torno a los crímenes de lesa humanidad ocurridos en nuestro país entre 1973 y 1990. "Debo confesar que el recorrido para mí no ha sido fácil. Hay en este edificio imágenes que yo no quisiera recordar. Pero hay también personas, hay gente buena, hay gente hermosa, que siempre, siempre, más allá de todo dolor y tristeza, siempre querré volver a recordar", sostuvo la ex Mandataria en el discurso de apertura.

A casi una década de que abriera sus puertas al público, el recinto se encuentra en el centro de la polémica. Esto, luego de que se hicieran públicas unas declaraciones del ahora ex ministro de las Culturas Mauricio Rojas, quien en su libro "Diálogos conversos" (2015) señaló que "más que un museo se trata de un montaje". Los dichos causaron tal molestia que Rojas terminó renunciando a su cargo, y de paso, han puesto los ojos sobre el Museo de la Memoria.

En 2017, el recinto recibió a más de 167 mil visitantes (a modo de comparación, el museo más visitado en Chile durante 2017 fue el Museo Nacional de Historia Natural, con 812.523 personas contabilizadas). El estudio de audiencias de la institución detalla que 39,7% de los visitantes fueron extranjeros, mayoritariamente brasileños y estadounidenses. Otro dato interesante es que la mayoría del público corresponde a jóvenes de entre 20 y 29 años, es decir, gran cantidad de personas que todavía no habían nacido en dictadura.

La obra arquitectónica, emplazada en Matucana 501, consta de más de 5 mil metros cuadrados, una amplia explanada, tres niveles, 11 salas de exposición permanente, un centro de documentación y una sala de consulta, donde se puede acceder a documentos como "Comisión de Verdad y Reconciliación" (Comisión Rettig) y "Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura" (Comisión Valech), entre otros.


El Museo de la Memoria depende de una fundación de derecho privado "integrada por representantes del mundo académico, organizaciones de defensa de los derechos humanos y personas que generan un espacio de pluralidad en el seno de la institución", según señala su web institucional. La fundadoras fueron la asistente social María Luisa Sepúlveda Edwards y María Eugenia Rojas Baeza, fallecida hija del escritor Manuel Rojas; ambas trabajaron activamente en la defensa de los derechos humanos.

El directorio, en tanto, está compuesto por organizaciones de promoción de los derechos humanos, como la Vicaría de la Solidaridad, la Casa de la Memoria y la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi. También, figuran académicos de universidades que cuentan con centros de derechos humanos, como es el caso de Carlos Peña, actual rector de la Universidad Diego Portales. Los demás miembros fueron convocados a título personal por su compromiso con los derechos humanos, y van desde la ex Presidenta Michelle Bachelet, hasta el ex director del Museo Nacional de Bellas Artes, Milan Ivelic.

Estremece, conmueve, irrita


La Sala 5 "Represión y tortura" es, sin duda, una de las más impactantes. Acondicionada como un gran cubículo negro, dividido en pequeñas secciones, grafica las torturas que recibieron los detenidos durante el régimen militar. Tras el poema "Siempre" del Canto General de Pablo Neruda, y diferentes documentos, como actas de defunción y ejecución, se avanza a un sector donde se explican, uno a uno, los crueles métodos utilizados.

También hay testimonios audiovisuales de las víctimas, quienes explican desde su propia experiencia de qué forma los amedrataban y torturaban. Un catre de metal presente en la sala, recuerda cómo se les aplicaba electricidad en el cuerpo. Saliendo de la oscuridad de aquel cubículo, se encuentran vitrinas con artesanías creadas por los detenidos durante su cautiverio. Las figuras de caballo de mar son recurrentes, representan el único símbolo que muchos de los detenidos pudieron ver bajo las vendas que cubrían sus ojos: estaba plasmado en las rejillas de bronce de los desagües y muchos los tallaron, dejándolos como una suerte de vestigio histórico.

En otras salas se da cuenta, por ejemplo, de la condena que hicieron desde el extranjero sobre estos episodios y de las manifestaciones y la resistencia desde el mundo civil. Finalmente, la visita concluye con fotografías del acto realizado por Patricio Alylwin, al asumir el mando en 1990. "Nunca más" es el mensaje que subraya la curatoría del museo.


Lo cierto es que el relato que propone el recinto resulta estremecedor y por esta razón es que generó críticas desde un comienzo. Historiadores como Sergio Villalobos y Francisco Javier González se manifestaron por la muestra, que según ellos, dividía a los chilenos y no contextualizaba lo ocurrido previo al golpe de Estado. La opositora más prominente fue Magdalena Krebs, la directora de la Dibam durante el primer gobierno de Piñera, quien dijo que el museo ofrece "una visión incompleta de los hechos que contribuyeron a la destrucción de la democracia".

La crítica que hizo Rojas, en conjunto con Roberto Ampuero, y que desató todo el caos, también apuntaba en esta dirección. Horas después de que el ex ministro de Culturas presentara su renuncia, la hija del Presidente, Magadalena Piñera, también se sumó a la misma postura escribiendo en su Twitter: "El Museo de la Memoria, de carácter privado pero de financiamiento público, cuenta una mirada, con verdad, pero 1 verdad".

Sin embargo, consistentemente, los defensores de la institución han esquivado los comentarios negativos, señalando que no es la misión del museo contextualizar el momento histórico, sino reflexionar en torno a las violaciones de derechos humanos, para que nunca vuelvan a repetirse en Chile.
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