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A un año de la pandemia en Chile: Lo que se ha aprendido y descartado del coronavirus tras más de 820 mil casos

Que era un virus solo respiratorio, que no duraría más allá del invierno o que la mascarilla no servía, eran algunas de las premisas que había cuando arribó el SARS-CoV-2 al país, y que luego fueron desechadas.

28 de Febrero de 2021 | 08:03 | Por Natacha Ramírez, Emol
Emol / Recursos: Freepik.com
SANTIAGO.- Este miércoles 3 de marzo se cumple un año desde que se detectó el primer caso de covid-19 en Chile. Un PCR positivo tomado en el Hospital de Talca marcó el inicio de la pandemia en el país, que hasta ahora ha dejado 20.476 víctimas y acumula un total de 821.418 casos.

Pero no solo las estadísticas de la epidemia son totalmente distintas ahora que hace un año atrás; el conocimiento del virus, así como las medidas para contenerlo y los tratamientos para los pacientes también han ido evolucionando. Así, muchas de las premisas que al comienzo se daban por sentadas, por parte de científicos y autoridades, con el tiempo se han descartado o reemplazado por otras, en la medida que han aparecido nuevos antecedentes o que los mismos hechos han echado por tierra los modelos y las proyecciones.

De virus respiratorio a enfermedad multisistémica


El nivel de conocimiento del virus SARS-CoV-2 y de la enfermedad que produce (covid-19) es uno de los aspectos que más ha variado durante la pandemia. Y si bien en un comienzo se lo consideró como un virus que causaba una enfermedad respiratoria o neumonía –como la influenza o el virus sindical–, con los meses se comprobó, por la forma en que evolucionaron los pacientes más graves, que lo que provocaba era un cuadro multisistémico, que podía afectar a distintos órganos aparte del pulmón, produciendo en los casos más graves una inflamación y coágulos en la sangre, con riesgo de trombosis.

Esto derivó en que se comenzaran a utilizar nuevos medicamentos, junto con analgésicos en el tratamiento de la enfermedad, como corticoides y anticoagulantes.

También se fueron detectado una serie de secuelas generadas por el covid-19, como que puede "envejecer" el cerebro en 10 años, disminuir el CI, y provocar confusión y dificultad para concentrase, lo que se ha denominado "niebla mental". También se han reportado casos de pacientes que después del covid desarrollaron diabetes.


Se comprobó que los infectados contagiaban durante menos días


Conocer más la evolución del cuadro por covid también llevó a que se acortara el número de días en que se considera que una persona es un caso activo, es decir, que puede contagiar a otros y, por lo tanto, requiere realizar cuarentena.

Así, en los primeros meses de 2020 se asumía que una persona era contagiante durante 14 días. Pero luego la evidencia científica mostró que el periodo de contagio se concentraba en los ocho primeros días. Uno de los papers que respalda esa información fue publicado en la revista Nature el 1 de abril y en él se explicaba que luego del día 9 la replicación del virus declina y se torna prácticamente indetectable.

En Chile, y luego de la recomendación que hizo el Consejo Asesor en el mes de septiembre, se acortó de 14 a 11 días el periodo de aislamiento de los casos confirmados. "La evidencia científica ha demostrado que el virus deja de ser infectante, deja de replicarse, después del octavo día. Por lo tanto, hay una razón de peso por la cual el aislamiento debería ser hasta 11 días", señaló, en esa oportunidad, la Dra. María Teresa Valenzuela, miembro del consejo. En el caso de los contactos estrechos, se mantuvo la cuarentena de 14 días.




No era un "virus estacional": Se supo que resistía al verano


Otra premisa que había al inicio de la pandemia era que, al igual como ocurre con el virus de la gripe, la circulación del SARS-CoV-2 se potenciaba en el invierno, con las bajas temperaturas, por lo que podría ser un virus estacional. De hecho, la pandemia comenzó en el hemisferio norte cuando estaba en pleno invierno y luego, durante el verano, en los países de Europa disminuyeron los niveles de contagio.

Sin embargo, su alta circulación en zonas cálidas, como Brasil, y su persistencia en el hemisferio norte durante la temporada estival mostraron lo contrario.

De hecho, en junio pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) admitió que se desconoce si el invierno hacer más agresivo al virus.

En el caso de Chile, la "segunda ola" de contagios se produjo en plena temporada estival, siendo enero fue uno de los meses más complejos de la pandemia en el país, en que se registró el récord de fallecidos por covid en varias regiones.


Del "carnet covid" a comprobar que no producía la inmunidad deseada


Una presunción (o esperanza) de las autoridades frente a la pandemia era que cuando una persona se infectara con el nuevo coronavirus iba a adquirir inmunidad, que la protegería en los meses posteriores. En teoría, una persona que ya tuvo covid no volvería a contagiarse.

De hecho, en Chile, el Ministerio de Salud –durante la gestión de Jaime Mañalich– se evaluó implementar un "carnet covid", que certificara que una persona ya había tenido la enfermedad, lo que le permitiría tener la "certeza" de que no se volvería a contagiar.

"(El carnet covid) se traduce en que la persona pasó la enfermedad, que fue diagnosticada por PCR, y que esa persona ya tiene un carnet de alta, ya no tiene la angustia de decir cuándo me voy a enfermar, sino que tener una certeza", señalaba a principios de mayo el ex ministro de Salud. La idea finalmente no prosperó, por considerarse que podría llegar a generar una discriminación en favor de quienes poseían ese carnet.

Sin embargo, distintos estudios realizados en Chile y el extranjero, así como casos de pacientes reinfectados, fueron poniendo en duda la existencia de dicha inmunidad.

Entre los estudios más recientes, un análisis del Imperial College London e Ipsos Mori, publicado en octubre pasado, mostró que la inmunidad adquirida por quienes se contagiaron y se curaron de covid-19 "decae bastante rápidamente", especialmente en personas asintomáticas y adultos mayores, y podría durar sólo unos pocos meses, ya en apenas tres meses se pierde el 22% de los anticuerpos. En tanto, otro análisis, publicado en noviembre por la Universidad de Oxford, asegura que las personas que ya se infectaron tienen pocas posibilidades de volver a contraer la enfermedad en al menos seis meses.

Con todo, en Chile, al aprobar las vacunas los expertos sugirieron que quienes ya tuvieron covid igualmente sean incluidos en el plan de vacunación, recomendando inocularlos tres meses después de la enfermedad. En tanto, aún resta por saber –pues los estudios clínicos siguen en curso– si la vacuna contra el covid se debe suministrar una, dos o más veces al año.


El vaticinio de que elaborar una vacuna tardaría años


Aunque las mayores esperanzas para erradicar la pandemia estaban puestas en el desarrollo de una vacuna contra el virus, toda la experiencia anterior hacía bajar las expectativas, pues se trataba de un proceso que solía demorar años. Esto debido a que, además de demostrar que ésta era segura y efectiva, se debían cumplir rigurosamente distintas etapas en los ensayos clínicos antes de solicitar las licencias para poder ser distribuidas.

Sin embargo, la vacuna contra el SARS-CoV-2 se desarrolló y se comenzó a distribuir en tiempo récord, luego de que decenas de laboratorios a nivel mundial se abocaran a buscar la cura contra el covid-19, y las agencias reguladores de los distintos países otorgaran aprobaciones de emergencia, mientras en paralelo se continúan realizando ensayos clínicos.

El primer país en comenzar a inocular a su población fue el Reino Unido y lo hizo a principios de diciembre, apenas diez meses después de que se registraran los primeros casos en ese país. En Chile, las primeras vacunas llegaron el 24 de diciembre y hasta hoy van más de 3,2 millones de personas inoculadas.


Mascarilla: De innecesaria a ser un pilar para evitar el contagio


En los primeros meses de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaba explícitamente que no era necesario utilizar mascarilla para evitar contagiarse de covid-19. Incluso se indicaba que dicho implemento, al manipularlo, podría aumentar el riesgo de infectarse.

Esa visión cambió al poco tiempo y en el mes de abril, ante una recomendación de la misma OMS, el Gobierno chileno sorprendió al sugerir a la población utilizar ese implemento en espacios donde hubiera concentración de gente y publicó un instructivo para enseñar a confeccionar mascarillas caseras.

La mascarilla comenzó a ser exigida primero en algunos lugares de mayor riesgo, como el transporte público y ascensores, y luego se estableció como obligatoria en distintas comunas, hasta que finalmente pasó a ser la norma para la población al estar en cualquier espacio público.


Probar con otras técnicas antes de intubar


Las recomendaciones en el tratamiento de los pacientes, sobre todo de los más graves, también han evolucionado desde que se detectaron los primeros casos.

En la primera parte de la pandemia, la indicación era conectar tempranamente a un ventilador mecánico a los pacientes que presentaban insuficiencia respiratoria aguda. Derivado de eso, y mientras se sabía que en países como Italia escaseaban esos aparatos, se produjo un aumento de la demanda de ventiladores a nivel mundial.

La amenaza de la "última cama", sumado al conocimiento de las graves secuelas que podían padecer los pacientes que habían sido intubados, llevó a los equipos de salud a introducir otras técnicas en el tratamiento del covid, con el fin de evitar llegar al ventilador mecánico.

Una de esas terapias, que se comenzó a utilizar fuertemente en Chile a fines de mayo, fue la oxigenación de alto flujo, que es menos invasiva que el ventilador mecánico pues no requiere intubar al paciente, tampoco sedar ni utilizar bloqueantes neuromusculares, sino que el oxígeno se administra a través de una cánula nasal. Además, como el oxígeno se humidifica y se lleva a 37 °C –la temperatura corporal–, la persona puede recibir hasta 60 litros de oxígeno por minuto, cuatro veces más que la oxigenación tradicional.

Otra técnica que se comenzó a aplicar en pacientes que llegaban más comprometidos a los centros asistenciales fue la posición "prono" (tendido boca abajo), maniobra que, al lograr sacar el peso del cuerpo, permite que funcionen zonas del pulmón que no se estaban utilizando.

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