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¿Qué se juega Chile?: Doce miradas a las históricas elecciones que cambiarán la Constitución

La votación permitirá elegir a los 155 integrantes de la Convención Constitucional que fue aprobada con el 80% del respaldo ciudadano en octubre pasado. Las opiniones señalan que el proceso podría ser "una ventana para rehabilitar la vida política" y una forma de "cerrar de manera institucional la ruptura de octubre".

15 de Mayo de 2021 | 08:04 | Por Equipo de Actualidad, Emol
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A las 8:00 de la mañana de este sábado 15 de mayo comenzará la histórica votación de integrantes de la Convención Constitucional que escribirán una nueva Carta Magna para Chile, el mecanismo que fue aprobado por un 80% de la población en las urnas en octubre pasado. La fecha de las elecciones ha debido ser modificada dos veces por causa de la pandemia, pero las urnas por fin recibirán los votos de los casi 15 millones de electores habilitados para sufragar este fin de semana.

Se tratará de un inédito proceso electoral que nunca antes ha tenido lugar en el país y que adquirirá, por lo mismo, tintes históricos. Esta es la mirada de doce personalidades chilenas al proceso que tendrá lugar este 15 y 16 de mayo y que se inscribirá como un hito trascendental del Chile moderno.

¿Qué se juega Chile este 15 y 16 de mayo?
En las elecciones para la Convención Constitucional está en juego la salida a las tres grandes crisis de la sociedad chilena. La primera referida a la superación de las grandes deudas históricas en su constitución, como su carácter oligárquico, patriarcal y centralista y su relación con los pueblos originarios. La segunda refiere a la superación del orden económico social y el legado institucional heredados de la dictadura y que los gobiernos democráticos, pese a los cambios introducidos, no consiguieron realizar. La tercera es la profunda ruptura en lo que fue la tradicional relación entre la política institucional y la sociedad con sus actores. Todas estas crisis fueron puestas de relieve y llevadas a un punto de quiebre por el estallido social de octubre de 2019 y el mundo político fue capaz de articular un encauzamiento a su salida a través de un acuerdo sobre el proceso constituyente que la ciudadanía aceptó en el plebiscito de octubre de 2020.

Ese inicio del camino se continúa con las elecciones constituyentes, por primera vez en la historia, paritarias y con escaños reservados a pueblos originarios, y corresponderá a la convención sentar las bases y principios fundamentales de la futura convivencia como sociedad y de un nuevo papel del Estado en ello. Se tratará de un largo proceso que irá cristalizando en décadas y que exigirá una nueva y permanente relación entre la sociedad y los actores políticos, tanto durante la Convención Constitucional como en los años que vienen. Pero el domingo se realizan tres otras elecciones, referidas dos de ellas al poder local y la otra, por primera vez, al poder regional. Ellas son también cruciales, tanto por su propia significación como por la capacidad que tengan estos poderes de retroalimentar el cambio constitucional y por la proyección que tengan en el próximo gobierno y parlamento, los que deberán implementar los cambios constitucionales.
Manuel Antonio Garretón, Sociólogo y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2007
Las elecciones de autoridades en general y de representantes son elecciones que tienen un periodo acotado de tiempo y que finalmente permiten votar por un tipo de visión de país que se plasma en un tipo de representación. En cambio, lo que vamos a elegir el próximo sábado y domingo —además en una situación bien excepcional, en términos del momento electoral en el que nos encuentra— es un órgano constitucional que es inédito en la historia de nuestro país. Nunca habíamos discutido una Constitución a través de personas que van a representar la sensibilidad de la ciudadanía, pero además esa Convención Constitucional va a tener ni más ni menos que el mandato de tener que discutir las bases institucionales que van a dar finalmente una Carta Fundamental donde esperamos que quepan y se sientan representados todas y todos los chilenos. Por lo tanto, desde ahí se va a abrir un camino institucional para poder entendernos y construir bases institucionales que sean distintas, además en democracia, con paridad y con incorporación de pueblos originarios. Creo que es un momento muy único en la historia de nuestro país, que tenemos el deber, por tanto, de cuidar.
Gloria de la Fuente, Cientista política y presidenta del Consejo para la Transparencia
El gran desafío constituyente será construir, mediante acuerdos pragmáticos pero legítimos, el marco legal general que regulará el ritmo y los márgenes del proceso de transformación política que tiene por objetivo edificar un Estado social capaz de cerrar la brecha hoy existente entre estructura social e institucional.

Esta tarea incluye potenciar y coordinar el crecimiento económico, desarrollo social y protección ambiental. Asimismo, organizar nuestras estructuras políticas y de gobierno para hacerlas eficaces, usando balances y contrapesos para evitar abusos. También pensar un aparato burocrático capaz de crecer en calidad y cobertura. Finalmente, en el plano simbólico, representar un nuevo capítulo, más democrático y de clase media, en la historia nacional.

Lo mejor sería lograr un consenso amplio respecto al horizonte y ejes de esta nueva etapa de desarrollo, para que los gobiernos del futuro —sean del signo que sean—, así como los distintos actores privados, se sientan contribuyendo, en el tiempo, a un objetivo compartido. Si el texto final se ve como el triunfo de un sector político, en cambio, se abrirá un periodo de conflicto estéril, en vez de uno de avances institucionales.
Pablo Ortúzar, Antropólogo social e investigador IES
Las elecciones del fin de semana le dan a Chile la oportunidad de comenzar con un proceso histórico que tiene como fin una nueva Constitución. Debemos demostrarnos y demostrarle al mundo que somos capaces con una convención paritaria de redactar una nueva Carta Magna, en forma transparente, de cara a la sociedad y teniendo en cuenta el país en que vivimos y las desigualdades que existen. Debemos elegir constituyentes trabajadores, serios, que conozcan realmente a Chile y a los chilenos, que quieran llegar a acuerdos, que les interese oír la opinión de los otros y no solo oírse a sí mismos. En cierta forma está en juego la paz social, debemos lograr que todos se sientan representados y que se entienda que, si bien la Constitución no va a cambiar la vida de nadie en forma inmediata, será un marco que determinará las futuras políticas públicas que deberán promover los gobiernos. Debemos lograr que los constituyentes le den cabida y protección en ella a los grupos más vulnerables de nuestro país, como los niños, las mujeres, las minorías sexuales y sin duda deberán ser capaces de robustecer nuestra institucionalidad para que protegiendo la dignidad humana de los chilenos nos permita a todas y todos convivir en paz.
Leonor Etcheberry, Consejera nacional del Colegio de Abogados
El país se juega poder cerrar de manera institucional lo que fue la ruptura de octubre de 2019. El Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución no fue fácil ni el camino seguido ha sido sin problemas, pero el tema se institucionalizó y en octubre una amplia mayoría se pronunció por una nueva Constitución.

Chile también debe tener la capacidad para generar una Constitución en un contexto democrático, nacido de procesos electorales y mediante un mecanismo representativo, que nunca se ha dado históricamente, ante la primacía del poder fáctico constituyente en 1833, 1925 y 1980. ¿Es posible? Por cierto, pero es necesario demostrarlo, y para ello se han fijado normas, fórmulas y mecanismos que se pondrán en marcha en la Convención. El resultado podría ser la vigencia de una democracia republicana –como la que Chile ha tenido hasta hoy, pero perfeccionada– o bien ingresar a una vorágine de experimentación política, proyectos alternativos al sistema occidental o pervivencia de formas de violencia o mecanismos de hecho y no de derecho (el parlamentarismo de facto, por ejemplo). De esta manera, este año y medio debería haber servido como aprendizaje político, tan necesario como valioso en caso de que sea bien aprovechado.

En las elecciones se juega parte de la realidad futura de Chile, pero también dependerá de cómo se comporten los sectores dirigentes y la ciudadanía, así como del desarrollo económico y el progreso social que efectivamente tenga el país en las próximas décadas. El desafío ahora es doble: contar con legitimidad de origen, pero también procurar un desarrollo económico y social acorde a las expectativas de los chilenos.
Alejandro San Francisco, Historiador y director de Formación de Instituto Res Pública
Las elecciones son un paso más por confirmar la opción por resolver nuestra crisis política a través de un camino institucional. En noviembre de 2019 esa alternativa no era clara, pero el país decidió una salida democrática y ordenada. En ese sentido, en adelante no se juega solo el resultado del proceso, sino que se trata de una ventana para rehabilitar la vida política misma. ¿En qué se traduce eso? Primero, en elegir candidatos con cierta virtud cívica. Candidatos abiertos al diálogo desde su propia identidad, con altura de miras y capaces de tomarle el peso al rol que desempeñan. Segundo, tomarse en serio estas elecciones pasa también por entender los límites del proceso. La idea no es constitucionalizar todos los debates, porque eso volvería impotente al Congreso Nacional, que tiene muchos desafíos pendientes, y al proceso constitucional mismo, cuyos plazos son muy acotados. En esa línea, debemos recordar que este fin de semana también elegimos autoridades tan fundamentales como son las locales (alcaldes, concejales y gobernadores) y que juegan un papel clave en la superación de esta crisis. En definitiva, las elecciones nos comenzarán a mostrar qué tan en serio nos tomamos la oportunidad que tenemos.
Mariana Canales, Abogada e investigadora IES
Lo más importante que revelaremos de nosotros mismos en esta convención es si somos capaces de conversar, de sostener una conversación de Chile consigo mismo. Si no lo logramos, solo quedarán el sonido y la furia, el griterío, el flujo de voces dispares y disonantes. No se trata de llegar a acuerdos artificiales o abstractos (ilusorios), sino aprender a tejer juntos un texto en el que nos reconozcamos todos; eso implica un acto de creación.

Aprendamos de nuestros poetas "para qué cantáis la rosa/ hacedla florecer en el poema" (Huidobro). No copiar: crear. Se abre un tiempo de creación, no de destrucción. No necesitamos para eso ni operadores ni agitadores sino pensadores, creadores de un nuevo acuerdo nacional, que no puede ser igual al de ayer, que debe oler a futuro, pero tener raíces en este presente. No se trata de construir una utopía, sino de trazar la cancha, el espacio común donde viviremos, discutiremos y coexistiremos con nuestras diferencias. No será una obra de iluminados, sino una conversación que nos cobije, y en que reconozcamos nuestros límites.
Cristián Warnken, Escritor y columnista
Chile se juega la posibilidad de construir unidad, de establecer una Constitución que nace de la ciudadanía, y que chilenos y chilenas, en una experiencia inédita a nivel mundial, escribirán en paridad. Las constituciones chilenas nunca han sido escritas por ciudadanos electos democráticamente, esto marcará la diferencia sin duda. La diversidad del país estará presente, con visiones regionales, de género y de intereses.

Las constituciones de 1833 y 1925 rigieron gran parte de sus respectivos siglos. La de 1980, carente de legitimidad en su origen y, por tanto, jamás internalizada por todo Chile, será reemplazada por la fuerza de la ciudadanía mucho antes. A esta le corresponderá definir el régimen de gobierno, una real descentralización con una adecuada autonomía regional, entre otras cosas. Establecer un Estado social de derechos, donde no quede entregado al mercado la educación, la salud y la previsión social.

Después de la crisis social y económica que hemos vivido, y que estamos viviendo, más que nunca se necesita construir un Estado no subsidiario, sino solidario; que la igualdad ante la ley se haga realidad y no solo sea una garantía en el papel. La gran posibilidad que tenemos es que sea escrita con perspectiva de género, con mirada de igualdad sustantiva y además con la cosmovisión de los pueblos originarios, que sin duda serán un aporte enorme en la discusión.

Esto no es para nosotros, sino para las generaciones que vienen para largos años. La responsabilidad de quienes sean Constituyentes es enorme, y tengo fe que actuarán en consecuencia. El gran mérito de la Convención es que podremos soñar y diseñar el Chile que queremos para el siglo 21, y plasmarlo en un texto que los chilenos sientan propio; que nos enorgullezca y a partir del cual trabajemos en unidad.
Paulina Vodanovic, Consejera nacional del Colegio de Abogados
Este fin de semana nos jugamos definir quienes serán las y los arquitectos que deberán diseñar y construir la casa común, rescatando lo valioso del pasado y diseñando para enfrentar los desafíos del presente y futuro. Un grupo de 155 personas, paritario en género, representando la diversidad geográfica, política y social de Chile, con participación de pueblos originarios, y que deberán ser capaces de poner la mirada no sólo en la generación actual sino también en las generaciones futuras.

Los que integren la convención deberán conformar un espacio donde prime el bien común, el diálogo, el respeto, dignidad, responsabilidad, fraternidad y sobre todo la búsqueda de un desarrollo sostenible del país, esto es, un desarrollo que considere el equilibrio de las dimensiones sociales, ambientales y económicas en la definición de los derechos y deberes, el rol del Estado y de la distribución del poder como aspectos claves para la construcción de esta nueva Constitución que sea respetada y confiable para todos.
Claudio Seebach, Presidente ejecutivo de Generadoras de Chile
En estas elecciones tenemos la oportunidad y también la responsabilidad de emprender rumbo hacia el país que queremos. Si el mundo cambió y nuestra vida se transformó en distintos aspectos, sobre todo en los que irrumpieron la digitalización y la tecnología, es fundamental que en los comicios del fin de semana escojamos conscientemente a los representantes adecuados para el desafío. Ellos discutirán asuntos fundamentales como el bienestar social, una nueva educación, el rol del emprendimiento y las pymes como motor de la economía, la conciencia de género, el cuidado del medio ambiente, la investigación y desarrollo, solo por nombrar algunos.

Redactar una nueva Constitución es tal vez la manera más clara y ciudadana de constatar todas las variables del nuevo ciclo. Al mismo tiempo, es la mejor herramienta para responder a las problemáticas de nuestra sociedad, que todavía pide mayor equidad y oportunidades para todos, que propone y no resta, construye y no derriba, que reconoce el valor de lo transversal y colectivo, de la economía creativa y la generación del talento, como también del Chile que proyectamos a futuro. Es tarea de todos que el próximo lunes estemos optimistas con nuestra decisión y con los representantes escogidos.
Alejandra Mustakis, Empresaria y emprendedora
La Convención Constitucional que elegimos este fin de semana tiene el mandato de redactar una nueva Constitución para Chile. Este proceso sentará las nuevas bases para enfrentar los múltiples desafíos que tenemos como sociedad en el próximo medio siglo. En el ámbito de la democracia, definiendo instituciones políticas y administrativas que nos permitan superar la crisis de legitimidad y recuperar la confianza en las instituciones; en el ámbito de los derechos sociales, definiendo nuevos espacios de responsabilidad colectiva para superar las demandas por seguridad social y bienes públicos de igual calidad para todos; en el ámbito de la economía, definiendo la propiedad privada y sus límites sociales, y los bienes comunes que nos ayuden a enfrentar la crisis climática con un nuevo modelo de desarrollo. Pero no solo importa el resultado, el camino será la recompensa. Un camino que esperemos sea de diálogo, pero con pleno reconocimiento del otro(a) como igual. Un espacio transparente en donde exista una comunicación fluida con la ciudadanía. Un espacio de diversidad política, pero lleno de inteligencia colectiva. Un gran ejemplo para el futuro.
Claudia Sanhueza, Economista y directora CEAS U. Mayor
Mucho, pero no tanto como se afirma por los analistas y candidatas y candidatos de todos los colores. Mucho porque elegiremos, por primera vez en la historia, a un grupos paritario de mujeres y hombres, más representantes de nuestros pueblos originarios, para que manufacturen en forma abierta y transparente una Constitución que nos interprete y proyecte como una comunidad, sea nacional o plurinacional —algo que, precisamente, está en la balanza—.

Mucho porque, del carácter de quienes elijamos, va a depender de que ello sea posible, y que la Convención no se transforme en una teatralización de la Plaza Italia o de la Dignidad, o como quiera que se llame. Mucho porque el grado de participación de electores y electoras será una muestra de si acaso se mantiene la ilusión de que este proceso, el constituyente, sea el camino para canalizar pacíficamente las fuerzas que desataron el estallido de 2019, con su estela de violencia y destrucción: si es muy escasa podría significar que la vacuna está perdiendo su efecto, lo que sería bastante catastrófico porque no hay plan B.

Las elecciones próximas, como se ve, son importantes, pero tampoco hay que exagerar. La vida sigue, con pandemia, apremios, ajustes y esperanzas, y las autoridades actuales y las que elijamos a fin de año (Presidente y Congreso), la pueden hacer mejor o peor. La marcha misma del proceso constituyente dependerá también mucho de ellas. Las elecciones del domingo son apenas el comienzo del principio.
Eugenio Tironi, Sociólogo y analista
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