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Cambios de colegio y "brecha abismante" con otros países: Las consecuencias de más de un año sin clases presenciales

En medio de proyecciones cada vez más pesimistas, ya hay quienes han comenzado a resentir los efectos tangibles de la prolongada suspensión de clases presenciales en el país.

24 de Junio de 2021 | 08:00 | Por Natacha Ramírez, Emol

En Chile está prohibido abrir los colegios en fase 1, y a partir de la fase 2 es voluntario para los sostenedores.

El Mercurio (Imagen referencial)
SANTIAGO.- Cuando la gran mayoría de los estudiantes chilenos se apronta a cumplir un año y medio sin asistir al colegio, y las proyecciones son cada vez menos alentadoras debido a los aprendizajes que han dejado de recibir y al impacto a nivel socioemocional, ya se observan algunas consecuencias tangibles de la prolongada falta de clases presenciales.

"Mis hijos tenían promedio sobre 6,4 en un buen colegio privado de Santiago y después de un año de pandemia, sin colegio presencial, llegaron a tratar de insertarse en colegios públicos de España y la brecha era abismante. El retroceso con que venían mis hijos era enorme en comparación a los niños españoles, y la diferencia era mucho más evidente en los más chicos"

María Paz Izquierdo, se trasladó a España con sus hijos
Una es el rezago de los escolares chilenos en comparación con los alumnos de otros países, donde la suspensión de clases por la pandemia no ha sido tan extensa. María Paz Izquierdo Armendáriz es periodista de la UC y en diciembre pasado partió con su familia a Málaga, al sur de España, por el trabajo de su marido. En Chile, sus tres hijos asistían a un colegio particular pagado de Santiago y –como la mayoría de los estudiantes del país– estuvieron con clases online casi todo el 2020.

Como en Málaga las clases presenciales solo habían estado suspendidas cuatro meses en toda la pandemia, ella esperaba que pudiese haber alguna brecha en el nivel de aprendizaje. Sin embargo, el panorama fue mucho peor. "Mis hijos tenían promedio sobre 6,4 en un buen colegio privado de Santiago y después de un año de pandemia, sin colegio presencial, llegaron a tratar de insertarse en colegios públicos de España y la brecha era abismante. El retroceso con que venían mis hijos era enorme en comparación a los niños españoles, y la diferencia era mucho más evidente en los más chicos", comenta.

Dice que la mayor, que iba en 5° básico, "tuvo que trabajar duro todo el año, muchas veces hasta las 11 de la noche, para poder agarrar el nivel; y con clases extras que le pusieron en el colegio logró nivelarse al final del año escolar, que acaba de terminar ahora en junio".

El escenario fue más dramático para su hijo que le correspondía ingresar a 3° básico: "Era tan grande su desnivel y retroceso que lo bajaron de curso a la semana de haber entrado. Y pese a tener profesores de refuerzo en Lenguaje y Matemáticas, no logró llegar a la altura del curso al final de año, terminando con nota deficiente en Lenguaje". Mientras que la menor, que llegó al equivalente de Kínder, "no logró alcanzar los objetivos generales del curso, solo que por ley en España no dejan repitiendo a los niños tan chicos".

"Yo me imaginaba que después de un par de meses lograrían estar a la altura, sobre todo considerando que en Chile estaban en un muy buen colegio y que tenían excelentes notas. Sin embargo, no fue así, sobre todo con los dos menores, donde la brecha fue tan pesada que la cargaron hasta final de año y tendremos que seguir reforzando durante el verano y con seguridad también el próximo año", señala.

"No quiero ni imaginar qué será de todos los niños de Chile que han perdido no solo un año de clases presenciales como los míos, sino un año y medio", señala María Paz, quien luego de su experiencia cree que "las medidas en Chile no se condicen con las del resto del mundo y el daño que se les está provocando a los niños y adolescentes es muy grande". "Las consecuencias de las que hablo son solo académicas, porque son las más evidentes y fáciles de medir, pero imagínense el daño psicológico, social y emocional que hay detrás", agrega.

Estar en dos colegios a la vez: Uno online y otro presencial


Volviendo a Chile, hay algunos padres que, no estando conformes con que sus hijos lleven más de un año sin asistir al colegio, han comenzado a tomar medidas que antes hubiesen sido impensadas, como cambiar a sus hijos de colegio, a uno con clases presenciales.

María José Bello, académica de la Universidad Austral y Doctora en Artes y Educación, optó este año por enviar a su hija Rayén, de 6 años, a dos colegios de manera simultánea. ¿La razón? El colegio donde asistía originalmente mantuvo este año las clases principalmente online, con excepción de dos días a la semana en que los niños van una hora y media presencial más bien a socializar. "Pero para mí es importante que ella tenga una educación presencial más extensa (...) y lo que hice fue ponerla en otro colegio en la tarde, a un colegio nuevo que se la ha jugado por tener una educación 100% presencial", cuenta.

"A ella le encanta estar en los dos colegios, pero obviamente prefiere lo presencial, valora poder jugar; y en términos de contenido, ha podido reforzar mucho mejor la lectoescritura"

María José Bello, inscribió a su hija en dos colegios
Así, por la mañana la menor toma "las clases online que pueda" en un colegio, donde está matriculada oficialmente en 1° básico; y en las tardes –de 12:30 a 18:30 horas– asiste de manera presencial al otro colegio, donde "va de oyente" a Kínder –que es el curso que está disponible en el horario de la tarde–, y también a talleres de yoga, de huerta y de educación física. "Es realmente incomparable la experiencia, son cosas que no son replicables en una experiencia online", comenta María José.

Dice que su hija "es súper inquieta, curiosa, le gusta estar siempre en movimiento, entonces le costaba mucho estar frente a una pantalla, incluso no le gustaba ni siquiera encender la cámara, encontraba raro estar ahí expuesta". A eso se suma que "los niños más pequeños requieren una experiencia de aprendizaje multisensorial, estar con otros, está el tema del afecto con las profesoras, es una relación que se construye en comunidad".

Cuenta que a Rayén "le encanta estar en los dos colegios, pero obviamente prefiere lo presencial, valora poder jugar; y en términos de contenido, ha podido reforzar mucho mejor la lectoescritura".

Dice que, por el momento, no tiene claro qué va a pasar con el colegio de su hija cuando pase la pandemia. "Voy decidiendo mes a mes, siento que ahora es difícil de tomar decisiones y voy viendo según cómo está ella, cómo va aprendiendo, cómo van las cuarentenas, hay varios factores a tomar en cuenta, pero lo que encontraba grave es que fuera ya un segundo año de no ir al colegio", afirma.

Piensa que "un desafío grande para los establecimientos es irse adaptando a todo lo que va pasando e ir intentando formas de regreso a lo presencial, por los aprendizajes básicos del currículo, pero sobre todo por lo emocional, por el contacto con otros, porque los niños no tengan miedo de relacionarse, siempre cuidándose y tomando las precauciones, pero no planteándolo como que es imposible estar juntos, porque esa narrativa es muy fuerte, no es buena para ellos, va a dejar secuelas muy grandes en los niños".
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