El ataque del gobierno de Donald Trump a Venezuela el pasado sábado, mostró, para algunos, que Estados Unidos despertó de la
larga siesta que durmió respecto a América Latina durante 25 años, desde el ataque a las Torres Gemelas.
Hoy, parece asomarse un "nuevo orden" o una "nueva era", que pone en alerta a la región y a sus liderazgos, y que abre nuevos desafíos para las administraciones vigentes pero también para las que vienen.
Trump no ha ocultado su afán hegemónico y los móviles detrás de su embestida a Caracas, pero al mismo tiempo, no ha escatimado en amenazar a otros países de la región con el discurso del combate al narcotráfico, como Colombia y México. También habló de la situación en Cuba, país que constantemente ha estado en la mira de Trump, aunque en ese caso casi afirmó que "no será necesario" alguna intervención, debido a que "está a punto de caer", a raíz de su economía.
En el caso de Chile, será el presidente electo José Antonio Kast quien estará al frente de un país que es visto con buenos ojos por Estados Unidos, pero que también tiene a China como un importante aliado comercial; conocido actor "antagónico" de la nación norteamericana.
En esta nueva configuración de fuertes ambiciones de Trump en materia de política exterior,
la diplomacia y relaciones exteriores parecerán requerir más que palabras de consenso, "eslóganes", o la invocación retórica al debido respeto al Derecho Internacional. Ahora, pareciera necesario manejar con toda claridad las fichas del tablero, aun cuando las reglas las estaría redactando EE.UU.
"Símbolo de una nueva era"
"Este es el primer ataque de la nueva era... un símbolo de la nueva era". Con esas palabras, Juan Ignacio Brito, analista y académico de la U. Andes, interpretó lo ocurrido el fin de semana en Caracas.
El presidente norteamericano y su secretario de Estado nos dicen con toda claridad que Estados Unidos ha actuado sobre la base de los intereses nacionales (de EE.UU.), nada más"
Juan Ignacio Brito
De hecho, (Trump) echa a un lado a las fuerzas opositoras democráticas, está dispuesto a negociar con los mismos herederos del régimen. Y es que la diferencia estaría dada por algo que varios expertos han destacado en el discurso que Donald Trump dio tras el ataque: el interés explícito por el
petróleo. En ocasiones anteriores, las razones que se han esgrimido desde Estados Unidos han sido acompañada por la retórica de "razones humanitarias" e incluso "democráticas".
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Hoy no tenemos eso. El presidente norteamericano y su secretario de Estado nos dicen con toda claridad que Estados Unidos ha actuado sobre la base de los intereses nacionales (de EE.UU.), nada más. De hecho, (Trump) echa a un lado a las fuerzas opositoras democráticas, está dispuesto a negociar con los mismos herederos del régimen. Queda muy claro entonces que lo que hay aquí es un crudo y muy desnudo interés nacional, ya no está esta presencia de que EE.UU. intervenía para hacer 'mejor' a los países copiando su propio modelo", planteó el experto a Tele13 Radio.
A juicio de Brito, esta nueva era se caracteriza porque "el poder dicta las reglas y donde las reglas internacionales 'antiguas' del derecho internacional, del orden liberal, ya no convencen tanto".
"Me planteo esta elección, ¿se deja que todo siga y el Derecho en los hechos sea soslayado por esos poderes? ¿O prefiero que una potencia occidental se active y detenga el avance de esos poderes que jamás nunca respetarán el Derecho tal y como lo concebimos en Occidente? Porque no veo una tercera alternativa"
Karin Ebensperger
Una opinión en ese mismo sentido tiene la
analista internacional y cientista política, Karin Ebensperger, quien planta a
Emol que, "efectivamente estamos en un cambio de era hace rato. Estoy 100% de acuerdo con la fundamental importancia del Derecho Internacional; pero al mismo tiempo observo que exclusivamente vale bajo parámetros occidentales".
La experta plantea una serie de instancias que darían cuenta de lo anterior: "desde que la globalización permite que Irán —vía Hezbolá— estuviera ya actuando en Venezuela, como explicó Corina Machado; también agencias rusas de inteligencia interviniendo; China con firmes propósitos estratégicos sin reconocer las mismas reglas; Cuba con su formación soviética moviendo todos los hilos en Venezuela".
Ante ello, —continúa Karin Ebensperger— "me planteo esta elección: ¿se deja que todo siga y el Derecho en los hechos sea soslayado por esos poderes? ¿O prefiero que una potencia occidental se active y detenga el avance de esos poderes que jamás nunca respetarán el Derecho tal y como lo concebimos en Occidente? Porque no veo una tercera alternativa".
El mensaje para Latinoamérica
¿Cuál es entonces el mensaje que deriva la ofensiva de Trump para el resto de Latinoamérica? A juicio de Brito, el aviso sería algo como: "no quiero potencias hegemónicas en la región, soy yo la potencia". Es más: la explicación que el mandatario estadounidense ha dado en torno a la toma del petróleo de Venezuela —recalcó el experto—, fue porque "está acá... está en nuestra américa, y es nuestra región".
En definitiva, ve este espacio como "una zona de influencia norteamericana y creo ese es el mundo que se nos viene: de esferas de influencia", comentó Brito.
Este afán de Estados Unidos choca con el espacio que logró tomar China en la región, con importantes asociaciones comerciales, incluyendo a Chile.
Un ejemplo de ello es lo que ocurrió con el gobierno de Javier Milei, en Argentina. "Detrás de los paquetes de ayuda que EE.UU. le ofrece a Milei (...) una de las monedas de cambio es que deje de coquetear con China, y Milei acepta y se cuadra con EE.UU.".
"Esa es una decisión que de alguna manera vamos a tener que tomar varios países latinoamericanos, que vamos a tener que saber navegar eso", comentó Brito.
Eduardo Hodge, director de la Escuela de Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral, y doctor en relaciones internacionales, añade que el mensaje que envía Estados Unidos "es múltiple y contundente".
"Por un lado, Estados Unidos deja claro que está dispuesto a utilizar todos los instrumentos a su alcance —incluido el uso de la fuerza— para defender lo que considera sus intereses estratégicos, algo que no se veía con esta claridad desde los tiempos de la Guerra Fría", sostiene.
Por otro lado, acota, "busca marcar límites a la creciente influencia de potencias extrahemisféricas, particularmente China, en la región. Con todo esto, Washington busca recuperar el liderazgo que ejerció durante décadas en América Latina, y que fue perdiendo debido a la ausencia de una estrategia clara y sostenida hacia la región".
Por su parte, Ebensperger comenta que "en Latinoamérica hace demasiado tiempo hemos sido víctimas de mafias del narcotráfico y de gobiernos febles, muchas veces corruptibles. Esa debilidad lleva a que las instituciones se debiliten. Lo único que cabe para salvar la soberanía en un mundo en el que al parecer se impone la fuerza, es cohesión interna e instituciones fuertes".
Una diplomacia "con realismo"
En este contexto del "nuevo orden" que abre la acción -y razones- de Trump, las diplomacias, si bien ya eran importantes, en un momento donde aparece la fuerza, son aún más relevantes.
Para Samuel Fernández, exembajador y académico de la U. Central, hay que tener muy presente que "el mundo cambió", y eso obliga a tomar en cuenta que "no se puede estar inspirado únicamente por principios ideológicos".
"No se puede volver a una ideologización de una diplomacia que sirve a un modelo gubernamental, sino que tiene que buscarse en el sentido real de lo que existe y buscar con quiénes podemos aliarnos".
Samuel Fernández, exembajador y académico U. Central
"Hoy día hay un realismo que se ha impuesto; una enorme injerencia de las tres grandes potencias y muchas más que están actuando casi impunemente en algunos lugares, y esto se tiene que mirar de otra manera, con el realismo de lo que existe. Si se dice que se debe respetar absolutamente el derecho internacional, como es la lógica, no puede parcelarse ese derecho internacional".
Fernández dice que de aquí en adelante será relevante que la diplomacia "tiene que ser de acuerdo a la realidad que se está presentando en el mundo, nos guste o no, y buscar el papel que debe jugar Chile. No debemos continuar pensando que somos un país chico, somos un país comparativamente muy grande respecto a otros, también hay que tomar en consideración de que tenemos abierta nuestra economía con todo el mundo, y esa va a depender también de las relaciones políticas".
En definitiva, el experto subraya que "no se puede volver a una ideologización de una diplomacia que sirve a un modelo gubernamental, sino que tiene que buscarse en el sentido real de lo que existe y buscar con quiénes podemos aliarnos. Ese pragmatismo, por las necesidades de Chile y por la situación internacional que se está presentando, es la que debe ser abordada".
Hodge comenta que el principal desafío será "reconstruir y fortalecer la red de relaciones internacionales que históricamente tuvo Chile y que en los últimos años ha perdido consistencia y proyección estratégica. Esto implica retomar una política exterior pragmática, coherente y basada en intereses de largo plazo".
Desde esa perspectiva, Chile debe definir con claridad sus alianzas prioritarias. "Estados Unidos aparece como un socio natural, no solo por una relación histórica de más de dos siglos, sino también por la convergencia en principios fundamentales como la democracia representativa, la libertad económica y la apertura al comercio internacional. Al mismo tiempo, ese alineamiento debe ser inteligente y compatible con una diplomacia activa, capaz de dialogar con distintos actores sin perder autonomía ni credibilidad".
El perfil empresarial de Pérez Mackenna
Dentro de los nombres que suenan con mayor fuerza para liderar la Cancillería en el próximo gobierno de José Antonio Kas, está el de Francisco Pérez Mackenna, quien actualmente se desempeña como gerente general de Quiñenco.
Su nombre ya abrió críticas en la futura oposición, desde donde cuestionan que se trata de una figura que no tendría todas las cualidades y la expertise para liderar una cartera tal relevante como Relaciones Exteriores, menos en los tiempos que corren.
En concreto, las críticas apuntan a que sus conocimientos en materias económicas no bastan para enfrentar los desafíos de la diplomacia. Algunos apuntan a que sería mejor apostar por "viejos conocidos", y entre esas opciones, incluso ha sonado el excanciller Alfredo Moreno.
Sobre estas inquietudes fue consultada ayer la presidenta de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Rosario Navarro, quien evitó referirse al nombre de Pérez Mackenna en específico, pero sí deslizó su parecer en torno a las nuevas condiciones mundiales.
"Esa es una decisión que tiene que tomar el Presidente electo. Todavía no sabemos quién va a ser la persona, así que no me gustaría anticiparme a nada de eso", partió señalando.
Agregó que "hoy vemos que las condiciones han cambiado un poco el panorama internacional, principalmente vinculado a Estados Unidos, y ahí la diplomacia empresarial también es importante. Hemos visto que las relaciones con las autoridades norteamericanas son bien pragmáticas y tal vez esa mirada más pragmática empresarial puede ser útil en estos momentos".