En estos últimos días, surgió un debate en torno a los planteamientos de la historiadora y escritora Lucía Santa Cruz, en torno la discusión conceptual sobre la llamada "gran feminización de la sociedad".
En su columna, publicada el pasado viernes en El Mercurio, Santa Cruz recoge parte de los planteamientos de la autora Helene Andrews, que señala que existe una relación irreductible "entre feminización y el movimiento Woke, y la política de cancelaciones se debe por sobre todo a la aplicación femenina de apelaciones emocionales por sobre la argumentación racional".
Para Santa Cruz, la pregunta clave es si la feminización se ha producido efectivamente porque las mujeres se han ganado sus posiciones en una competencia justa; de lo contrario, si esas posiciones son resultado de leyes, cuotas, plazas de trabajo, que de otra forma no habrían obtenido, se estaría creando "un problema de legitimidad".
La columna de Santa Cruz generó la respuesta de "ComunidadMujer", organización de la sociedad civil que "impulsa hace 20 años la transformación social, cultural, normativa y organizacional para la igualdad de género en Chile", quienes cuestionan el vínculo que la autora hace en torno a los géneros y la emocionalidad, y defienden la participación de las mujeres en distintos roles que permiten la resolución de problemas complejos.
Por su parte, la licenciada en Filosofía, Magdalena Undurraga, cuestionó la interpretación de Santa Cruz a los planteamientos de fondo de Adrews.
"La gran feminización de la sociedad"
En su columna, Lucía Santa Cruz parte señalando que "el consenso imperante es que las mujeres siguen sufriendo discriminaciones por parte de los hombres y que deben luchar, incluso con afirmaciones positivas, por una mayor igualdad en el ámbito laboral. Esto, a mi juicio, ha impedido ver la verdadera revolución que se ha producido en la estructura de poder relativa entre hombres y mujeres".
"La esencia de este cambio que, por primera vez en la historia de la humanidad, son las mujeres las que tienen el control absoluto de la reproducción de la especie humana. Son ellas las que deciden cuándo tener hijos, si es que quieren tener hijos, y si conciben uno no deseado, ellas tienen el monopolio de la decisión de abortarlo o no, sin que el progenitor masculino tenga voz ni voto. Es más, hoy día las mujeres pueden decidir totalmente la participación masculina y concebir a través de donantes anónimos de espermios. En una mirada de largo plazo esto es una fuente de poder femenino inconmensurable", agrega Santa Cruz.
En ese sentido, plantea que ha surgido una nueva discusión conceptual respecto a este tema que se ha llamado "la gran feminización de la sociedad". "Por ello se entiende las consecuencias culturales, sociales y políticas del aumento exponencial de la presencia femenina, especialmente en Estados Unidos, en las universidades, en la empresa, en los medios de comunicación, en la profesión legal y en la mayoría de los centros de poder", subraya.
Santa Cruz recoge que "Helene Andrews ha escrito un gran paper que ha causado múltiples y variadas reacciones y controversias, pero que a mi juicio, como todo aquello que desafía lo que damos por sentado e incuestionable, significa un gran aporte para una mejor comprensión de la sociedad en que vivimos".
"Según ella, existe una relación irreductible entre feminización y el movimiento Woke, y la política de cancelaciones se debe por sobre todo a la aplicación femenina de apelaciones emocionales por sobre la argumentación racional", detalla.
En el ámbito universitario, "esta feminización cambió la naturaleza esencial de las universidades como lugares que permiten la persecución de la verdad por sobre cualquier otro objetivo y el debate de todas las ideas, por incómodas u ofensivas que sean para algunos, y sobre todo, de aquellas que desafían el statu quo".
Esto, asegura, "ha llevado a la priorización de lo femenino por sobre lo masculino, de la empatía por sobre la racionalidad, de la seguridad sobre el riesgo, de la cohesión sobre la competencia; del consenso y la cooperación, por sobre la aplicación de reglas objetivas. Las mujeres tienen una actitud diferente hacia el conflicto, y esto tiene consecuencias como, por ejemplo, que 71% de los hombres consideran que proteger la libertad de expresión es más importante que preservar una sociedad cohesionada y las mujeres no".
Santa Cruz enfatiza que "el riesgo principal de estos cambios, según la autora, es la feminización del sistema legal y la amenaza para el imperio de la ley. Considera que el estado de derecho implica aplicar las leyes, incluso cuando contrarían las simpatías de un grupo, y ello no debe depender de consideraciones de contexto ni de la subjetividad de algunos, no debería estar influenciada por consideraciones de género y debe depender exclusivamente de la evaluación objetiva de las evidencias presentadas".
En ese sentido, sostiene que "la pregunta fundamental es si efectivamente la gran feminización se ha producido porque las mujeres de verdad han ganado sus posiciones en una competencia justa, pues si el resultado de una ingeniería social artificial que ha inclinado la balanza a favor de las mujeres a través de leyes de antidiscriminación, de cuotas, de entregar a mujeres trabajos y promociones que de otra forma no habrían obtenido, estaríamos creando un problema grave de legitimidad. Ciertamente no se trata de cerrarles las puertas a las mujeres, sino simplemente de restablecer reglas justas y volver a una meritocracia sustantiva".
Comunidad Mujer: "El problema no es lo femenino"
En una carta a El Mercurio, la presidenta de Comunidad Mujer, María Olivia Recart, además de 10 consejeras, respondieron a la columna de la historiadora y aseguran que el problema "no es lo femenino" sino que la estrechez de las categorías que enfrenta la mujer.
En el texto señalan que "Lucía Santa Cruz plantea una preocupación comprensible: cómo ciertos cambios culturales afectan la vida pública y jurídica. Tomarla en serio implica también detenerse en un punto clave del debate: que las categorías 'masculino' y 'femenino' no son sinónimos de racionalidad e irracionalidad, ni tampoco describen capacidades cognitivas o éticas".
En esa línea, recuerdan que "el acceso de las mujeres a la vida pública, académica y profesional no ha sido una imposición cultural reciente, sino la corrección de un déficit democrático histórico. No se trata de 'feminizar', sino de completar un mundo que estuvo incompleto".
"Asociar lo 'femenino' a lo emocional —y lo emocional a lo irracional— es una reducción que nos empobrece. La racionalidad nunca ha sido patrimonio de un género, así como la capacidad de empatía, cuidado o resolución cooperativa de conflictos tampoco lo es. Las neurociencias y la psicología contemporánea muestran que la toma de decisiones más robusta surge precisamente de integrar razón y emoción, no de excluir una respecto de la otra", cuestionan.
Agregan que "atribuir problemas de la vida universitaria o del debate público a una 'feminización' tampoco permite comprender fenómenos más profundos como la polarización, la aceleración tecnológica o los incentivos mediáticos que premian el escándalo por sobre la deliberación. Responsabilizar a las mujeres —o a lo 'femenino'— de esos fenómenos no solo es injusto, sino que nos distrae de las verdaderas causas".
Por último, enfatizan que "si algo caracteriza a la contribución femenina en la esfera pública en el siglo XXI es precisamente lo contrario a la irracionalidad: mujeres científicas, juezas, ingenieras, académicas, médicas, empresarias, diplomáticas, han ampliado la base de talento para resolver problemas complejos. Ellas son una promesa para la legitimidad del imperio de la ley. Por ello, le planteamos a la columnista que el problema no es lo femenino, sino la estrechez de nuestras categorías".
Santa Cruz: Avances por "competencia justa"
El domingo, Santa Cruz respondió a las observaciones de Comunidad Mujer, en una nueva carta al citado medio, donde profundiza que "es evidente que escribir sobre cualquier teoría que desafía los consensos existentes tiene un riesgo, porque suele producir mucha rabia entre quienes están convencidos de su verdad como una pregunta cerrada".
"En mi experiencia, esto es más intensivo aún cuando se refiere a posibles diferencias en las habilidades entre hombres y mujeres. Tengo el convencimiento —y en esto ciertamente no estoy sola— que hombres y mujeres tenemos capacidades diferentes, sin que unas sean inferiores a las otras. Y es precisamente porque somos diversos que es muy importante que aquello que tenemos que es distinto sea aportado a las organizaciones de la sociedad", defiende.
Agrega que "el paper de Helen Andrews ha producido en Estados Unidos reacciones no muy diferentes a las de ComunidadMujer. Sin embargo, me parece de gran interés tratar de dilucidar los cambios sociales, y sobre todo culturales, que la expansión exponencial de la presencia femenina en todos los centros de poder necesariamente tiene que estar produciendo. Muchos de estos pueden ser de gran beneficio para el cumplimiento de los objetivos de algunas organizaciones, y pueden ser menos favorables en otras".
"Tendría que tener una mente muy simple si hubiese querido sugerir que todos los males de la sociedad contemporánea sean atribuibles a la creciente participación femenina, los cuales, es más que obvio, son multicausales", replica Santa Cruz.
En ese sentido, remarca que "el vínculo que Andrews hace entre la cultura woke y la feminización de la sociedad sí me parece una proposición interesante y acertada. Lo que ha sucedido en las universidades norteamericanas, en términos de promover una cultura de creación de 'espacios seguros', de resistencia a teorías que contravengan la sensibilidad femenina, de cancelación de académicos cuyas ideas no se ajustan al consenso imperante, incluso de censura de textos y autores considerados 'ofensivos', ha sido por sobre todo el resultado de reacciones emocionales, no fundadas en argumentos racionales de grupos organizados femeninos".
Santa Cruz agrega que "he tenido el privilegio de incursionar en los más diversos centros de poder, en la academia, en el mundo empresarial, en los medios de comunicación, y en muchas organizaciones sociales. Nada más lejos de mi intención que querer impedir el avance de las mujeres en el mundo público. Pero sí estoy de acuerdo con Andrews en que estos avances no deben ser el producto de una ingeniería social, sino de una competencia justa; que no debe inclinarse la balanza en contra de los hombres a través de leyes, cuotas y promociones que no responden a una verdadera meritocracia".
"Más que todo lo anterior, creo que en las ciencias sociales solo existen preguntas abiertas y que nunca debe haber obstáculos para revisar el sentido común imperante con argumentos racionales", cerró.
La carta recibió la réplica de la licenciada en Filosofía, Magdalena Undurraga, quien afirma que Santa Cruz "se equivoca al interpretar las reacciones a su columna, y al planteamiento de Andrews, como una defensa del consenso dominante o como un rechazo a buscar explicaciones alternativas para fenómenos como lo woke. Son las premisas de fondo en el planteamiento de la autora norteamericana, específicamente los estereotipos sobre lo femenino y lo masculino, los que son difíciles de asimilar y aceptar como verdaderos".
"Cuando Andrews sostiene que una presencia femenina mayoritaria pone en riesgo la búsqueda de la verdad en la academia, la imparcialidad en el derecho, la libertad de investigación en la prensa y la innovación en el mundo empresarial, perfila una imagen de la mujer o del modo de ser femenino como incapaz de racionalidad, de objetividad, e incluso, de ética", enfatiza.
Agrega que ese sentido que, "de hecho, Andrews afirma sin ambigüedades que 'los modos de interacción femeninos no están hechos para alcanzar los objetivos de muchas instituciones importantes' y que por ello las mujeres deberían, en lo posible, mantenerse en proporciones reducidas dentro de ellas. La pregunta inevitable es si Santa Cruz comparte realmente esta tesis".