La tarde del pasado
domingo 11 de enero pudo haber sido trágica para siete personas.
Una guagua de 1 año y medio, dos menores de 12 y 15 años y 4 adultos estaban a la deriva en Lago Ranco, ahogándose tras volcarse el bote en que paseaban.
Pero la rápida reacción de una familia que estaba de vacaciones en una cabaña a la orilla del lago fue clave.
María Paz Bezanilla relató que estaban almorzando en la terraza de la casa de veraneo, celebrando cumpleaños de su abuela, cuando de imprevisto vieron con el zoom de los celulares
"una manchita en el lago"."No sabíamos qué era lo que veíamos, pero sí sabíamos que había algo ahí. Y eso fue suficiente. Mi papá,
Raúl, dijo simplemente: 'Vamos'. Sin pensarlo mucho, se armó un grupo rápido, sin imaginar jamás con lo que se iban a topar. Partió mi papá, que tomó naturalmente el liderazgo; partió mi marido Polo, de 50 años, muy buen nadador; y partió también mi sobrina Lali, de 12 años, compañera fiel de su tata Raúl, que se subió sin dudarlo. En la playa se toparon con Braulio, el cuidador de la casa, marido de Eugenia, que también estaba mirando desde el muelle tratando de entender qué pasaba en el lago y decidió unirse a la misión", cuenta la mujer, quien es influencer en redes sociales.
Para llegar a la orilla del lago bajaron en motos y se subieron a la lancha familiar, quedando al mando el padre.
"Había un bote pequeño que se estaba hundiendo y varias personas a la deriva. Algunos estaban aferrados a lo que quedaba del bote, otros flotaban más lejos, separados entre sí por las olas y el viento. El agua estaba helada y el cansancio ya se notaba en sus cuerpos", señala Bezanilla.
Ahí se percataron que había una mujer que sostenía con sus brazos en alto a una guagua, de aproximadamente 1 año y medio. Junto a ella, un hombre son evidentes signos de cansancio y con riesgo de ahogarse. Además, dos menores de 12 y 15 años y otros dos adultos.
En total es una familia de padre, madre, guagua y dos hijos, además de dos amigos que habían salido a pasear.
El esposo de María Paz se lanzó en primera instancia a rescatar a la guagua. Le pidió a la madre que tuviera tranquilidad, y que le entregara al lactante. Con complicaciones la llevó a resguardo a la lancha.
Luego, fue el turno de la madre, quien también fue rescatada y llevada a la nave. Tras esto fueron por el hombre que estaba agotado, con el celular en la mano con el cual intentó comunicarse con carabineros.
También fue el turno de los menores y los otros adultos. Cuando ya los tenían a todos a resguardo se dirigieron rápidamente hasta la casa para asistir, sobre todo, a la guagua.
"Mi hermana Sole entró con una guagua en brazos. Era una guagüita de alrededor de un año y medio, completamente morada, helada, sin reacción, todavía con un salvavidas puesto. Sole gritaba: '
¡Agua caliente, agua caliente!'. Sole notó que la guagua empezaba a quedarse dormida, que los ojitos se le iban. Eso la asustó profundamente y le pidió a Braulio que acelerara. Mientras subían, ella le cantaba canciones de cuna, tratando de mantenerla despierta", recuerda María Paz.
Ya a resguardo, Bomberos y funcionarios de salud llegaron a la casa de la familia y se llevaron a las víctimas a un centro asistencial.
María Paz Bezanilla cierra su relato: "Fue una segunda oportunidad. Fue unión, fuerza, amor, comprensión y apoyo. Fue ver cómo, frente a un accidente terrible, afloró lo mejor de muchas personas actuando juntas. También fue una lección sobre el respeto a la naturaleza. A veces, como humanos, nos creemos invencibles, creemos tener el control, pero cuando la naturaleza se manifiesta, no hay nada que discutirle. Solo queda respetarla. Ese día, el lago estuvo a punto de llevarse siete vidas. Y no es que se las hayamos quitado ni desafiado; más bien, el lago las devolvió. Nos permitió actuar, nos dejó llegar a tiempo. Hoy no queda una tragedia, queda una historia. Y, por suerte, queda un recuerdo vivo, una conciencia más profunda y un relato que vale la pena guardar para no olvidar lo frágiles que somos y lo poderosa que puede ser la humanidad cuando actúa unida".
El bote en que viajaban las víctimas
