Luego de 16 años en el gobierno, el primer ministro de Hungría,
Viktor Orbán, fue derrotado el domingo, en un histórico resultado electoral en ese país.
El triunfador de los comicios, el conservador Péter Magyar, sostuvo en su discurso de victoria: "lo logramos. Derrocamos al régimen de Orbán; juntos liberamos Hungría. ¡Recuperamos nuestra patria! ¡Gracias! ¡Gracias a todos!".
Tisza, el partido de Magyar, además arrasó en las urnas, donde ostentará 138 de los 199 escaños en el futuro Parlamento húngaro, que previsiblemente se constituirá en unos 30 días.
En tanto, Fidesz, el partido del ultranacionalista Orbán, quedará situado en la oposición con 55 diputados, 79 menos de los que tiene desde 2022.
Así las cosas, aún cuando tanto Orbán como Magyar están en el ala conservadora, hay diferencias clave que llevaron a este giro en la historia política de los últimos 16 años en Hungría.
El triunfo de Magyar pone, de paso, la vista en lo que está ocurriendo en Perú, donde, conservando los contextos políticos internos, el hecho concreto es que la candidata derechista, Keiko Fujimori (Fuerza Popular), pasaría a segunda vuelta con el candidato ultraconservador Rafael López Aliaga (Renovación Popular).
Allí, la ciudadanía también ha entregado la disputa por el gobierno a dos cartas de derecha, dejando sin margen -sin lograr los dos dígitos de votación- a las cartas de centro y centroizquierda. Mucho más atrás está el postulante izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) que hasta ahora es noveno en la carrera con solo el 3,61 %.
Magyar, salido del mismo partido de Orbán
Desde su llegada en 2010, Orbán creó un sistema descrito como "híbrido", entre la democracia y el autoritarismo. Mantiene además el control de gran parte de la prensa, de la educación, y el Tribunal Constitucional.
Orbán se hizo conocido en 1989, en la entonces Hungría comunista, al instar a los rusos a irse del país. Eran los últimos días de la Unión Soviética.
Sin embargo, con el avance de los años, Orbán comenzó a dar un giro hacia la derecha y adoptó una postura más autoritaria.
Magyar, inició su carrera política en el Fidez, el partido de Orbán, sin embargo, en febrero de 2024, asumió el liderazgo de un pequeño partido: Tisza. El conocer el funcionamiento interno de Fidez también le significó una ventaja para estos comicios.
Lo anterior significó que Magyar se situó en una posición más de "centroderecha", que implicó una "salida" para los húngaros que buscaban la salida de Orbán. Y la estrategia funcionó.
Magyar se presenta como conservador, defensor de la familia, la nación y el cristianismo, lo que no es muy diferente a Orbán, salvo que tiene una clara orientación europeísta y es más abierto que el derrotado líder de Fidesz.
Las señales en Hungría
¿Qué lecciones y señales deja lo ocurrido en Hungría? ¿Es posible que sólo la derecha conservadora, y escindida de Orbán, haya podido derrotar a un líder ultranacionalista y ultraderechista? Para Vanessa Cárdenas, analista internacional de la U. Finis Terrae, hay elementos de aquello, aunque con una mixtura de factores.
"Una de las advertencias principales que da lo ocurrido en Hungría es sobre los límites del poder prolongado. La trayectoria de Orbán muestra es que los liderazgos que buscan mantenerse durante mucho tiempo, durante largos períodos en el poder, más allá de su origen ideológico, terminan enfrentando un desgaste que es inevitable. O sea, el intento de perpetuarse en el poder, tarde o temprano, pasa esa factura política", señala.
Agrega que un segundo factor relevante es que liderazgos como los de Orbán tienden a experimentar transformaciones que los van volviendo proyectos que, "si en un principio pudieron haber sido más abiertos, algunos incluso hasta reformistas, van derivando hacia formas más conservadoras en lo político, con un fuerte énfasis en el control del sistema, que es lo que les permite perpetuarse así". En el caso húngaro, eso se expresó en un rediseño institucional progresivo.
Y en tercer lugar, destaca que lo ocurrido no fue solamente resultado de un buen proyecto ideológico de izquierda fuerte, sino más bien una escisión dentro de la misma derecha.
"El ganador, como sabemos, es un exaliado de Viktor Orbán, que fue construyendo una lógica un poco más moderada, menos ultraconservadora que la de Orban, representando una alternativa, con un discurso mucho más centrado en los abusos de poder, la anticorrupción o anticorrupción, y una renovación moderada y no disruptiva de lo que se tenía antes", subrayó.
Así, gran parte del triunfo para Peter Magyar fue la unificación del voto anti-Orbán, "donde diversos sectores, no solamente de la derecha moderada, sino incluso alguna parte del progresismo, buscaban una opción que pudiera ganar, no desperdiciar el voto, y que, aunque no representara ideológicamente lo que ellos piensan, sí fuera una alternativa que pudiera quitarle el voto a a Orbán".
Para Hugo Harvey, analista interncional de la Universidad de Las Américas (UDLA), el caso húngaro no valida la tesis de que "la derecha solo se derrota con la centroderecha". A su juicio, este escenario más bien muestra que, "incluso con articulación opositora amplia, los oficialismos con anclaje en orden, soberanía y control de agenda —como el de Viktor Orbán— pueden sostener competitividad".
"Desde la teoría de realineamientos, el voto se estructura menos por etiquetas ideológicas y más por clivajes de autoridad, seguridad e identidad. El respaldo del entorno asociado a Donald Trump evidencia circulación transnacional de ideas, pero su eficacia depende de condiciones domésticas, no de apoyos externos", detalla.
El caso de Perú
Respecto al caso peruano, los expertos destacan que lo que ocurre en ese país tiene más relación con una competencia política centrada en el fujimorismo y su oposición, más que en un clásico enfrentamiento ideológico.
"Creo que no hay un parangón entre Perú y ningún otro sistema político en el mundo; el caso peruano es excepcional", dice Cárdenas. Esto, porque "la disputa suele ser entre el fujimorismo y 'algo más', que entre dos corrientes ideológicas. En ese marco es que Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga representan distintas expresiones de una derecha. Una más tradicional, con rasgos populistas, con un arraigo, además, histórico, y la otra más ideológica, conservadora y, hasta cierto punto, renovadora", agrega la experta.
"Si ambos perfiles están compitiendo en una segunda vuelta, no es por un hecho aislado, sino por la expresión de dinámicas más profundas: una fragmentación de la derecha, pero manteniendo la hegemonía electoral, y también porque se ha ido debilitando la estructura de la izquierda, que no ha logrado articular una mayoría que realmente resulte una opción competitiva, dando como resultado lecciones que se resuelven más como disputas intraderecha, más que como un clivaje clásico entre izquierda y derecha, ahí podría haber algunas similitudes más superficiales con el caso de Hungría", subraya.
Harvey, en tanto, enfatiza que en Perú "no hay lógica de coalición anti-derecha, sino competencia dentro de la derecha".
"La eventual segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga responde a un sistema de partidos colapsado, donde el eje orden–desorden sustituye al izquierda–derecha. Ambos capturan un electorado que prioriza seguridad, autoridad y estabilidad económica", destaca.
¿Diputas entre derechas?
Consultados por si los casos de Hungría y Perú configuran una tendencia de disputa entre "derechas", los expertos plantean que hay cierta relación en cómo la izquierda parece enfrentar desafíos estructurales -en temas como seguridad y migración-, y la pérdida de adhesión, sin embargo, enfatizan que aunque hay una ola favorable a las derechas, esto no implica su dominio absoluto, ya que existen equilibrios en el panorama político global.
Harvey plantea que se configura una competencia intra-derecha en varios contextos, pero no por hegemonía, sino por cambio de clivaje. "El eje relevante es liberalismo institucional versus soberanismo político. La izquierda pierde tracción por tres factores: pérdida de monopolio sobre demandas sociales, hoy capturadas por agendas de orden; desgaste gubernamental reciente; desconexión con preocupaciones de seguridad".
"En este marco, el influjo de Donald Trump fortalece derechas soberanistas, desplazando la competencia hacia quién encarna mejor orden, autoridad y control estatal", sostiene.
Por su parte, Cárdenas sostiene que las democracias, en general, viven ciclos que, además, que se "contagian". "El mundo occidental, y en especial América Latina, funciona como un mismo 'barrio político', donde los climas de época cruzan fronteras. Actualmente, hay una ola más favorable a las derechas o, para ser más precisos, a populismos y derechas radicales, pero eso no implica que exista una desaparición de la izquierda ni un dominio irreversible".
"Hace apenas unos años, el ciclo era inverso, había liderazgos progresistas como el de Gabriel Boric, como el de Lula Da Silva, aunque hoy vemos a la misma presidenta de México, Claudia Sheinbaum, marcando una ola regional. Y, si se observa el mapa global, sigue habiendo equilibrios donde conviven derechas, liberales, centroizquierdas en el poder, que van desde el actual mandatario de Canadá hasta la Francia de Emmanuel Macron", agrega.
La experta enfatiza que, en definitiva, "no es que todas las elecciones sean entre derechas, pero sí hay una tendencia en varios países a la que la competencia principal se ha desplazado hacia disputas dentro del propio campo de la derecha, especialmente donde esta ha logrado mayor arraigo social".
"Esto no quiere decir que la izquierda no tenga problemas estructurales que lo han hecho perder cierto margen. Por ejemplo, las temáticas de la coyuntura actual como seguridad, migración, que han pasado a ser hoy el centro del debate, y ahí la derecha, sobre todo aquella que tiene versiones más duras, ha logrado conectar mejor emocionalmente con los sectores más amplios. Esto, sumado a la fragmentación de las izquierdas", señala.
Por su parte, Mladen Yopo, analista internacional, no cree que la izquierda esté quedando sin margen de adhesión, sino que detecta "hoy día, más allá de grandes proyectos políticos, como era antiguamente, lo que está primando son las ofertas que se hacen. Y, en ese sentido, hay sectores de derecha que tienen mejor oferta y otros que tienen la izquierda mejor oferta".
Por lo tanto, "hay una adhesión hoy día a ciertos sectores de derecha, pero tampoco esa derecha tradicional, sino a una derecha que está mucho más ligada a los problemas, y con menos condicionamiento de la vida personal", enfatizó.