"Estamos pidiendo ayuda de primera a países que también son países sísmicos". Ese fue el anuncio que realizó esta semana la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, donde incluyó a Chile para solicitar a especialistas apoyo técnico durante la reconstrucción.
Tras el doble terremoto del pasado 24 de junio se han contabilizado 3.535 personas fallecidas, 16.740 heridas y a 17.854 damnificados en la que consideran como la peor catástrofe natural de las últimas décadas en el país caribeño.
Las postales en Caracas y La Guaira son devastadoras: cientos de edificios desplomados en el suelo, balcones suspendidos en el aire y montañas de hormigón donde rescatistas siguen búsqueda de miles de personas desaparecidas.
Bajo ese contexto, Rodríguez señaló que "estamos pidiendo ayuda de primera a países que también son países sísmicos, como Japón, Perú, Chile. Ya hemos contactado, los Gobiernos, para tener aquí a especialistas que nos permitan ver qué estructuras requieran ajustes".
"Venezuela, hay que decir, es un país sísmico y lo seguirá siendo. Nosotros tenemos que atender todos nuestros procesos constructivos con una habilitación técnica para no poner en riesgo, en futuro, a la familia", subrayó la presidenta encargada.
La "triada virtuosa" de Chile
Ante esto, surge la duda de qué podría enseñar Chile a Venezuela en términos de capacidad antisísmica. El director ejecutivo de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), Slaven Razmilic, señaló en una carta enviada a El Mercurio que "las recientes imágenes de edificios cayendo como fichas de dominó como consecuencia de lo que fue denominado un 'doblete sísmico' en Venezuela nos obligan a mirar lo que ocurre con nuestro país en materia de construcciones".
A juicio del dirigente gremial, nuestro país tiene "una larga y dolorosa historia de terremotos destructivos", lo que ha obligado a generar "una triada virtuosa que sirve como escudo frente a estos eventos: una de las normativas sísmicas mas exigentes del mundo (NCh433 sobre Diseño Sísmico de Edificios), una gran escuela de ingenieros, arquitectos y calculistas, y una industria inmobiliaria y constructiva a la altura de los desafíos".
"La ingeniería y arquitectura en Chile ha desarrollado una tipología de edificios basado en muros de hormigón armado, llamados muros de corte, ampliamente reconocidos por la ingeniería sísmica mundial, que logra edificios rígidos con un perfecto control de las deformaciones excesivas, evitando así colapsos y daños no reparables en las estructuras", sostuvo.
Razmilic añadió que "las características dinámicas del sismo en Venezuela son altamente destructivas y exigentes en deformaciones, pero no son mayores que las del terremoto 8,8 Richter del 27F de 2010. Y sin embargo, en Chile no llegan a diez los edificios colapsados y obligados a demoler posterremoto".
"En Venezuela, como también ha ocurrido en México y Turquía, hay certeza de no cumplimiento de las normas y especificaciones técnicas de materiales, así como de permisos irregulares de edificación y otras formas de evadir los controles, fenómeno que en Chile no ocurre, ya que inmobiliarias y constructoras cumplen rigurosamente con las normativas y obligaciones vigentes. En tiempos en que resulta tan fácil criticar, conviene reconocer el alto estándar sísmico de las construcciones chilenas, que han probado ser seguras y confiables", cerró el director de ADI.
Las lecciones de Chile
Consultados por Emol, expertos desmenuzaron las lecciones que ha aprendido Chile dados sus eventos sísmicos y nombraron aquellas que podrían servir de ayuda para la próxima reconstrucción en Venezuela.
Edgar Chacón, académico de la Escuela de Obras Civiles de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello (Unab), mencionó que el aporte de Chile puede darse "particularmente, en el campo del reconocimiento y evaluación de estructuras dañadas. Chile cuenta con muchos expertos científicos y técnicos que han recorrido el país y evaluado la infraestructura para tomar decisiones durante al menos dos grandes terremotos, como el de Valparaíso de 1985 y el del Maule de 2010".
"Estamos pidiendo ayuda de primera a países que también son países sísmicos, como Japón, Perú, Chile (...) Tenemos que atender todos nuestros procesos constructivos con una habilitación técnica para no poner en riesgo, en futuro, a la familia".
Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela
"Al ser también un país referencia en la ingeniería sísmica, Chile puede articular esfuerzos con profesionales y equipos científicos y técnicos de distintas partes del mundo para aplicar el estado del arte de la metodología de evaluación de estructuras dañadas", sostuvo.
Asimismo, "la experiencia en el manejo de la emergencia de las personas damnificadas, por ejemplo, en construcción de viviendas provisionales, es un aspecto que puede ser también de gran valor".
Por su parte, Leonardo Brescia, director del Doctorado en Innovación Tecnológica en Ingeniería de la Usach, señaló respecto a la solicitud desde el país caribeño que "yo lo que haría sería una recomendación rápida y muy de emergencia, que fue un poco lo que ocurrió acá en Chile después del 2010. Se hicieron dos decretos de emergencia donde se subieron drásticamente las exigencias para el cálculo y diseño estructural, de forma tal que todo edificio que se construyó aproximadamente durante el 2011 podía ser de una forma segura hasta que se revisaran en detalle todos los antecedentes. Es decir, fue un estado crítico de diseño que hubo que revisar a nivel nacional".
Añadió que "sería bastante bueno sería que se enviaran desde Chile los protocolos que se utilizaron para la revisión de estructura, porque evidentemente no todos los edificios colapsaron (en Venezuela), pero muchos pueden haber quedado con daño y hay que hacer una revisión ahí. Obviamente siempre hay que ajustarlo, porque además cada país suele tener ciertas diferencias en términos de criterios de diseño".
En el caso nacional, Brescia explicó que "dadas las cargas sísmicas que toman los edificios de departamento en Chile y los desplazamientos que se experimentan en dichas estructuras, nosotros estructuramos mucho en base a muros. Entonces, yo creo que una recomendación allí al corto plazo sería que intentaran asumir un tipo de infraestructura similar".
En tanto, el doctor en Geología, Ayaz Alam, añadió que "un aspecto fundamental es el fortalecimiento temporal del monitoreo geofísico mediante la instalación de estaciones sísmicas y geodésicas adicionales en la zona afectada. En Chile, el Centro Sismológico Nacional y diversas universidades implementan habitualmente este tipo de redes después de terremotos importantes para caracterizar la secuencia de réplicas, mejorar la localización de los eventos y comprender la evolución del proceso de reajuste tectónico. Esta información resulta esencial para la gestión de la emergencia, la seguridad de los equipos de rescate y la planificación del retorno seguro de la población a sus viviendas".
Agregó que "más allá de la tecnología, uno de los mayores aportes que Chile puede ofrecer es su experiencia institucional en la coordinación entre organismos técnicos, autoridades y equipos de respuesta. Muchos de estos protocolos, procedimientos de inspección y programas de capacitación pueden transferirse e implementarse en un corto plazo, fortaleciendo la capacidad de respuesta de Venezuela tanto durante la actual emergencia como frente a futuros eventos sísmicos".
Planificación urbana
Para los expertos, dentro de los conocimientos que deberían entregarse a Venezuela está el diseñar sistemas de construcción confiables para la población.
Chacón apuntó que "la principal lección tiene que ver con el compromiso de construir responsablemente, siguiendo un proceso muy riguroso de control de calidad. Creo que Chile ha aprendido que una sociedad resiliente ante terremotos se construye primeramente desde el conocimiento profundo del problema sísmico. Es decir, desde la rigurosa caracterización de la amenaza sísmica, pasando por el desarrollo de normativas y legislación, la protección de su infraestructura esencial, hasta la capacitación del personal encargado de liderar la respuesta de la población en las horas siguientes a un gran terremoto".
Según Brescia, lo primero "es diseñar sistemas que puedan ser confiables. Durante el 2010 edificios que presentaron algunos problemas generalmente se daban por geometrías raras que estaban inducidas desde la arquitectura, por ejemplo muros desacoplados, muchas geometrías en H, geometrías en L, que generan estructuras que tienden a desacoplar un poco los desplazamientos y eso genera mayor esfuerzo en la estructura".
Añadió "evitar mucho los suelos malos y evitar zonas que puedan ser conflictivas. La fiscalización en obra en Chile es muy exigente desde un proyecto pequeño hasta un proyecto industrial; hay mucha exigencia en el control de calidad desde los materiales al proceso mismo, hay muchos registros de lo que se hizo y eso es porque entendemos el riesgo que va a existir ante un colapso".
En esa misma línea, Alam mencionó "parte importante de los daños observados en sectores como La Guaira responde a problemas que Chile también ha enfrentado, como la expansión urbana sobre laderas inestables, rellenos artificiales poco compactados y suelos con condiciones geotécnicas desfavorables, capaces de amplificar las ondas sísmicas y aumentar la susceptibilidad a deslizamientos y licuefacción".
"En las últimas décadas, Chile ha incorporado progresivamente estudios de microzonificación sísmica y geotécnica como herramientas fundamentales para la planificación urbana, permitiendo identificar las condiciones del subsuelo antes de autorizar nuevos desarrollos. Para Venezuela, realizar estos estudios antes del proceso de reconstrucción representa una oportunidad para reducir significativamente el riesgo futuro, en lugar de reproducir las mismas condiciones de vulnerabilidad", sostuvo el Doctor en Geología.
Crear "cultura del sismo"
Chacón mencionó que dentro de los aprendizajes, el más difícil de implementar "tiene que ver con la cultura, porque estos se adquieren con la experiencia y no a corto plazo. Especialmente la cultura constructiva, por ejemplo, el cambio de paradigma en prácticas como el uso generalizado de muros estructurales en edificios residenciales, el uso de tabiquería divisoria liviana en vez de pesada y los dispositivos de protección sísmica en edificios de alta importancia como hospitales, entre otros".
"A mi juicio, la principal lección que Chile le puede enseñar al mundo y especialmente a un país que debe reconstruirse como Venezuela, es el uso de la educación y el avance del conocimiento científico y tecnológico para la construcción de una sociedad resiliente. El gran desafío es que, para ello, Venezuela debe replantearse muchos aspectos, empezando por el tema político, ideológico y sobre todo el ético y moral. Todo ello, priorizando la emergencia, pero con miras a un futuro sustentable", agregó el especialista de la U. Andrés Bello.
Por su parte, el experto de la Usach aseveró que "en Chile en general las estructuras funcionan bien porque tenemos mucha cultura del sismo, eso hace que por ejemplo los edificios habitacionales generalmente se construyan con hormigón armado y desde el calculista hasta el constructor saben los riesgos de hacer mal el trabajo, entonces le dan muchos detalles, no se eliminan refuerzos y no se usan materiales de mala calidad. La industria en Chile es demasiado exigente y eso es una cosa que tienen que incorporar sin flexibilidad en Venezuela".
A juicio de Brescia, lo principal es que esto se debe "crear a nivel de sociedad, por ejemplo, como lo que se está haciendo hoy en día en Chile con los kits de emergencia, o que las personas preparan una mochila por cualquier cosita. Bueno, eso también a transferirlo a la industria del diseño y la construcción".
También Alam destacó que "Chile ha desarrollado una verdadera cultura de prevención, producto de su historia sísmica y de la experiencia acumulada tras grandes terremotos como los de Valdivia en 1960, Santiago en 1985 y Maule en 2010. Esa memoria colectiva ha contribuido a que tanto las autoridades como la ciudadanía comprendan que los terremotos forman parte de la realidad del país y que la preparación permanente es una necesidad. Esta cultura de resiliencia no se construye mediante una ley o un reglamento, sino a través de décadas de educación, aprendizaje institucional y experiencia acumulada".