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Las futuras expediciones marinas que buscan desentrañar el "otro tesoro" de Chile

Tres investigadores científicos revelan a Emol cuáles son las próximas travesías que se sumergirán en el profundo océano de nuestro país, en son de la ciencia y la protección ambiental: Matthias Gorny de Oceana, Sonia Español de Fundación Meri y Marcelo Leppe del INACH.

31 de Mayo de 2019 | 10:02 | Por José Manuel Vilches, Emol
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Matthias Gorny preparando el ROV que se sumergió en las Islas Salas y Gómez, durante la misma expedición hacia los mares pascuenses.

Alex Muñoz
SANTIAGO.- Un hombre alto y cano mira fijamente la pantalla de su computador en un décimo piso de la avenida Suecia. Ajusta reiteradamente sus lentes cuando la luz que baña el cerro San Cristóbal, a eso de las cuatro de la tarde, ingresa por los ventanales y se entromete entre él y los resultados de una investigación marítima hecha a más de 2.300 kilómetros de distancia. Se trata de Matthias Gorny, el director de ciencias de la Fundación Oceana en Chile.

Lo que el biólogo marino de la Universidad de Bremen observa y analiza con tanta detención, son los datos levantados en diciembre recién pasado desde las profundidades de la Reserva Nacional Katalalixar. Allí, con un equipo de investigadores y un vehículo de operación remota (ROV) pudieron registrar e identificar unas 150 especies marítimas, lo que valió una presentación frente al gobierno regional en Coyhaique.

"Creo que soy de las pocas personas que conocen desde Puerto Montt hasta Cabo de Hornos, de arriba hacia abajo", asegura Gorny a Emol con un característico español. Y es que en 1996 llegó a Chile desde Alemania, tras terminar su doctorado, con el fin de desarrollar la carrera de biología marina en la Universidad de Magallanes y estudiar la ecología que abunda en el estrecho del mismo nombre.

Años después ingresaría a trabajar a Oceana, una organización internacional dedicada exclusivamente a la protección del mar y que desde el primer semestre de 2003 designó a Santiago como su principal oficina en América del Sur. Con ella partiría a Tortel "en una lancha chiquitita", se sumergería en las profundidades del Archipiélago Juan Fernández y realizaría una veintena de expediciones más, donde pudo ver cómo ha evolucionado la investigación en Chile.


"Cuando llegué me llamó la atención que la gente estuviera poco conectada, y aprendí que Chile era una isla grande: con el Pacífico a un lado y con los Andes en el otro. También, que si cruzaban la cordillera hablaban el mismo idioma", relata el científico que profundizó sus estudios en el Instituto de Investigación Marina y Polar Alfred-Wegener. "En cambio, en Europa eso es muy diferente. Tenemos los alemanes, los franceses, los ingleses y todo junto es un espacio muy chiquitito, por lo que hay mucha competencia, intercambio y eso genera avances en metodología", añade.

Para él la situación ha cambiado bastante y ya tomó forma. "En esos tiempos lo máximo era estudiar licenciatura en biología marina, pero hoy en día hay varias universidades que ofrecen magisters, desde la Universidad Católica del Norte en Coquimbo que tiene un doctorado, hasta en Punta Arenas donde se ofrece la mención en Manejo y Conservación de Recursos Naturales en Ambientes Subantárticos. Incluso es más, viene gente de otros países de Europa o de Estados Unidos para hacer parte de su carrera acá", profundiza Gorny.

Asimismo, es consciente de que ha viajado mucho a lo largo de Chile y que teniendo "tan larga línea costera" sería muy difícil escoger un lugar favorito. Sin embargo, a pesar de que en 2018 haya realizado cuatro travesías grandes y que junto a su equipo lleven meses analizando las imágenes registradas, ya tiene hoy dos expediciones entre cejas: una es Isla de Pascua para fin de año y otra en Pisagua, en la Región de Tarapacá, para junio en adelante.

"Siempre se hablaba de que Juan Fernández era la biomasa más grande de peces endémicos, pero llegamos a Pisagua y dijimos que esa cantidad de peces de rocas costeros era, al menos, igual o superior que en el Archipiélago", sostiene Gorny. Y advierte: "El norte minero es la imagen que tienen muchos, hasta los políticos, pero tenemos otro tesoro parecido a la Cordillera de Los Andes que nadie se da cuenta que está".

Otros destinos

Quien sí se da cuenta del cúmulo de especies que habita en las profundidades de nuestro océano, es otra extranjera: Sonia Español de la Fundación Meri. Una investigadora que se graduó de Ciencias del Mar en la Universidad de Cádiz y que lleva ocho años estudiando ballenas azules en la reserva Melimoyu.

"Por una parte es muy emocionante, porque realmente es el fin del mundo y hay pocos lugares como estos con gran biodiversidad", cuenta la también doctora en Biología Marina a Emol. Y reconoce: "Te lleva a un sacrificio personal enorme, porque tengo familia a más de 14 mil kilómetros, pero me sigue compensando cada vez que veo una ballena, aunque sea tres veces al año".

En la práctica, ella junto a otros investigadores de Meri y colaboradores internacionales, arriendan una pequeña embarcación —similar a un bote pesquero y de aproximadamente 20 metros— y parten hacia el hemisferio sur del Golfo Corcovado, para entender por qué los grandes cetáceos habitan ese lugar. "Esa pregunta la resolvemos desde el punto de vista del comportamiento de las ballenas, asociado a cuáles son las condiciones oceanográficas que hacen que estén allí", explica la líder del área.

Durante este semestre, Español y su equipo han ido sistematizando los datos que levantaron de su última expedición, que duró 16 días en febrero y donde pudieron ver marsopas, delfines chilenos y jorobadas entre otros. "Los objetivos para el próximo año, en el mismo mes, es profundizar este monitoreo continuo y ponerle los d-tags a estos últimos cetáceos", cuenta la bióloga refiriéndose a unos aparatos que se ponen en las fosas nasales del animal, y que permiten registrar vocalizaciones, perfiles de buceo y la temperatura del mar.

Más al sur, mientras tanto, otra misión se está tejiendo para dar seguimiento a la anterior. Se trata de la Expedición Científica Antártica N°56 organizada por el Instituto Antártico Chileno (INACH), que anualmente traslada cientos de investigadores al Continente Blanco, a bordo de buques de la Armada.

639 personas viajaron en 2018 por proyectos científicos antárticos
La idea en esta edición es permitir que 106 proyectos realicen sus muestreos, entre octubre de 2019 y marzo de 2020, con el fin de cumplir con la Política Antártica Internacional, que estipula el incentivo del desarrollo de investigaciones científicas, tecnológicas y de innovación. Cuestión que la corriente marina circumpolar de este continente tiene mucho que entregarles.

"Es la corriente marina más potente del mundo", dice a por lo bajo el director del INACH, Marcelo Leppe. Y explica a este medio: "Al girar de forma dextrógira alrededor del continente blanco, condiciona prácticamente una característica muy singular como es su aislamiento geográfica. Pero también tiene una potente influencia en el resto del mundo, ya que condiciona el clima de todo el continente sudamericano en su lado occidental y la aparición del desierto más seco del mundo desde hace 30 millones de años".
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