En medio del Pacífico y a casi 2.000 kilómetros de Tokio, Minamitori dejó de ser un remoto territorio habitado casi exclusivamente por funcionarios y miembros de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. El pequeño enclave concentra ahora dos proyectos de enorme relevancia estratégica para Tokio: la explotación de tierras raras a casi seis kilómetros de profundidad y el eventual almacenamiento de residuos nucleares.
El interés por sus fondos marinos responde, en buena medida, al dominio de China sobre estos minerales críticos para la industria tecnológica, automotriz y de defensa.
Japón ya logró extraer lodo rico en tierras raras y se prepara para iniciar en 2027 las primeras pruebas de minería a escala real. Sin embargo, los elevados costos y las dificultades técnicas ponen en duda la rentabilidad de una operación que, más allá de su eventual beneficio económico, podría convertirse en una herramienta para reducir la vulnerabilidad del país frente a Beijing.
Tierras raras a casi 6 kilómetros de profundidad
Japón reportó el pasado febrero haber logrado extraer 50 toneladas de lodo rico en tierras raras a una profundidad de casi 6.000 metros.
A finales del pasado julio la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina y Terrestre (JAMSTEC) confirmó la presencia significativa de materiales como el itrio, el disprosio y el gadolinio.
Se trata de elementos de peso medio y pesado de las tierras raras.
Un conjunto de 17 elementos químicos cuyas propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas los convierten en claves para el sector del automóvil, la electrónica de tecnología punta y aplicaciones de defensa.
Japón lleva más de una década explorando el lecho marino en torno a esta isla triangular, atravesada por una pista de aterrizaje, cuyos únicos habitantes pertenecen a las Fuerzas de Autodefensa (Ejército) japonesas y a otros organismos oficiales como la Agencia Meteorológica de Japón (JMA).
Isla Minamitori. | Wikimedia
Las pruebas de minería real arrancarán en febrero del año próximo, cuando la JAMSTEC extraiga durante un mes toneladas de lodo del fondo marino y las transporte a Minamitori, donde el material será deshidratado antes de ser transportado a las islas principales.
Si Tokio decide que la explotación es viable, la comercialización se prevé a partir de marzo de 2028.
Escepticismo sobre su viabilidad económica
Las trabas técnicas a esta operación suscitan sin embargo importantes dudas sobre su viabilidad económica.
"Parece improbable que pueda competir en precio con las tierras raras chinas", constató en un artículo el académico Yuki Kobayashi, para la Sasakawa Peace Foundation.
Imagen referencial de "tierras raras". | Wikimedia
La rentabilidad del proyecto es improbable incluso si las reservas de tierras raras son enormes como se espera, aunque, según Kobayashi, el coste económico no lo es todo.
Incluso si consigue aportar por el momento menos del 10% de la demanda interna, el proyecto puede, según el académico, "adquirir una gran importancia para Japón" al reducir la dependencia de China.
Zafarse del control de China
China posee un 49% de las tierras raras del planeta, controla también más del 70% de la producción mundial (importando además material de minas de Birmania) y casi el 90% de su procesamiento.
Este control sobre las exportaciones permite a Beijing ejercer presión a otros países.
Japón se convirtió en 2010 en el primer país del mundo en sufrir restricciones a las importaciones de tierras raras chinas, por un conflicto pesquero en las disputadas islas Senkaku, administradas por Tokio.
De nuevo a comienzos del pasado enero, China restringió el envío de minerales críticos al archipiélago en el marco de las tensiones bilaterales a causa de Taiwán, una herramienta a la que Beijing también recurrió en su contraofensiva frente a la escalada arancelaria con Washington.
Presidente de China, Xi Jinping. | EFE
Mientras, continúa la tensión entre Japón y China a causa de Taipéi, con el anuncio el pasado junio del despliegue de una lanzadera de misiles tierra-buque en Minamitori, siguiendo planes anunciados en 2024.
Un desarrollo criticado hace dos semanas por el portavoz de Exteriores de China, Lin Jian, como prueba de la "remilitarización" de Tokio.
Depósito de desechos nucleares
Si la lejanía de Minamitori con respecto a cualquier otro lugar habitado es una pesadilla logística a la hora de extraer tierras raras, esta es, no obstante, una de las principales bazas para convertir la isla en un depósito para desechos altamente radioactivos.
La Organización de Gestión de Residuos Nucleares de Japón (NUMO, en inglés) comenzó el pasado mayo a elaborar un estudio bibliográfico sobre la viabilidad de este cementerio nuclear.
Protesta en Japón contra la contaminación por desechos nucleares en 2020. | AFP
Inició además consultas entre los habitantes de la isla de Ogasawara, de la que depende Minamitori a pesar de estar a más de 1.200 kilómetros de distancia.
Estos planes suscitaron una cierta inquietud entre locales y grupos medioambientales por su posible impacto sobre la zona.
"Nuestro conocimiento actual ya demuestra el valor de conservación de la isla. El ecosistema debe estudiarse exhaustivamente antes de que aumente el acceso humano a la isla", afirmó en junio al diario Mainichi el subdirector del Instituto de Investigación sobre Naturaleza y Cultura de Ogasawara, Hajime Suzuki.