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Un cocinero vasco y por eso, muy porfiado

Hiperkinético, siempre está en mil cosas a la vez. Seguidor de la filosofía del esfuerzo, hoy apuesta solo al éxito porque sus ex socios lo llevaron a la ruina. Para este chef, la familia es su centro.

28 de Febrero de 2006 | 10:22 |
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Es una pila. Y claro, usó Ritalín cuando chico, pero astuto como el solo, cuando se dio cuenta que la famosa pastillita que le daba su mamá lo tranquilizaba, resolvió al poco tiempo no tomarla más y comenzó a engañarla. La colocaba debajo de la lengua y después la botaba.

Así es Rodrigo Barañao, el chef del matinal del 13, de sonrisa fácil y muy alegre, que tiene una chispa especial y pareciera el tipo del millón de amigos.

Su carrera la ha levantado a punta de trabajo y sacrificio y por eso se muestra orgulloso. Aunque no puede precisar la época exacta, sabe que ya en el colegio –el San Ignacio el Bosque- tenía claro que quería ser cocinero, como lo llama.

Nació el 3 de diciembre del 69, salió del colegio en 1987 y empezó su camino para convertirse en el chef reconocido que es hoy.

-Bastante conservadora tu familia. ¿Fue muy raro que alguien quisiera estudiar gastronomía?
“Claro, y sobre todo el año ´87, donde estudiar cocina era símbolo de que eran medio maraco (entre risas) o no tenían palos para el puente, cachai. En el colegio no fui lumbrera, era flojo, me suspendían harto porque era muy hiperkinético, rápido, me movía en muchas cosas. Estaba atento a todas las pasadas”.

-¿Y qué pasó cuando les dijiste voy a estudiar cocina, porque en ese tiempo no se le llamaba gastronomía?
“Es que estudiar cocina era mal visto, era como que a este weón no le dio el coco y eso era lo que la gente pensaba hasta hace muy poco.
“Creo que tuve la suerte, intuición y ganas de querer ser cocinero”.

-¿Y entrabas a la cocina?
“No poh, porque antes era medio complicado el tema”.

-Era territorio de la nana.
“Exacto y no te dejaban”.

-Pero la historia dice que tu abuelo te llamaba el mayordomo porque atendías el descueve.
“Sí, lo que pasa es que siempre he sido dedicado para garzonear. Pero es distinto hacerlo como hobby en la casa, en el cumpleaños de la mamá, a meterse en la cocina y a tener una inclinación de ese tipo cuando era sólo de las mujeres”.

Cuando resolvió estudiar, en ese entonces, aparte de la Escuela del Inacap, no eran muchas las opciones. “Sí, eso demuestra que soy un weón porfiado. Fui a ver el “Pueblito del Parque O´Higgins y vi que el nivel no era malo, sino pésimo y la gente te miraba diciendo mira el huevón más clarito”, cuenta.

-¿Y en dónde estudiaste entonces?
“Me fui a una escuela en Viña, que era del mismo dueño del hotel Cap Ducal, del Tomás Rementería que llamábamos Tomás Rementiroso. La escuela no era mala, sino muy mala, fue un fracaso, de hecho se cerró.
“Yo había puesto como condición no sólo estudiar cocina si no que irme a Viña. Al final no entregaron ni título y yo me quedé calladito. Como siempre las cosas llegan en su momento, cuando quedó la cagada en la escuela, me conseguí práctica en Valle Nevado y de ahí se empezaron a abrir las puertas”.

Barañao salió de la cordillera a Alemania donde hizo un curso, se quedó viviendo en Europa más de dos años y medio, moviéndose por diferentes restoranes medio clandestino, sin visa. Después se fue a Estados Unidos, Chicago, donde estuvo otros dos años y medio más. “Ahí estuve estudiando, trabajando y sacándome la cresta en este oficio donde todos los días se aprende algo nuevo”.

No estaba resuelto todavía a regresar cuando un hecho fortuito lo decidió: se enamoró de su señora y no le quedó más que instalarse acá en 1995.

-¿Fue difícil empezar?
“Ya en Valle Nevado tuve problemas. Habían muchos cocineros, flojos, guatones, buenos para el copete, mucho maricón…”.

-Y llegó el cuico.
“Claro, pero siempre he creído que el que no se saca la cresta por algo, siempre va a tener una frustración. A mí, las cosas me han costado, pero se han cumplido.
“Cuando me empezaron a hacer la vida imposible -porque tenía los ojitos claros, sabía esquiar y no preguntaba nunca por las horas extras- me emperré. Me dieron la jefatura de una sección de la cocina porque mi jefe cachó que yo era pila, que me gustaba trabajar y le moví el piso a todos los gallos”.

-¿Y los otros trataron de embarrarte los platos?
“Sí, me empezaron a hacer la cama para que me fuera y esa fue la vez que dudé. Me pregunté qué hago acá, no estoy trabajando para pasarlo mal y para lidiar con rotos resentidos y por eso me fui. Pero como soy medio picado, vasco porfiado y seguí dándole”.

-¿Cuál fue tu primer restorán?
“He hecho tanta huevada, siempre en lo mismo y sin perder el norte, que es la cocina. He tenido cinco restoranes. El “Rody pan” que estaba en Huérfanos con Ahumada repartía comida de oficina, después me compré el pub “Tex Mex” y seguí haciendo miles de negocios, pero siempre con socios.
“Yo vendía las ideas y ellos ponían las platas y no sé si yo estaré mal o qué, pero en las cuatros sociedades anteriores yo trabajaba como perro y los otros se dedicaban a pasarlo bien y repartirse las platas y al final, tenía puros problemas”.

Antes de llegar al “Barañao” en Nueva de Lyon con Costanera, quebró, en 1999, porque se metió en el negocio de los platos congelados y su socio “se fue con la plata”. Tuvo que buscar pega para poder pagar las deudas y lo contrataron de chef en el “Ibis” de Puerto Varas y luego, en el “Raúl Correa y familia”. Y de ahí saltó al “Fuera de borda” en Vitacura, simultáneamente con las clases que hizo en unas escuelas de cocina de corta vida.

-¿Y qué pasó?
“Llegó el momento en que dije no más. En agosto del año pasado terminé con todas las sociedades y dije voy a aguantarme un poco hasta tener lo mío. Me puse como plazo el 2005 y abrí en febrero”.

-¿Es verdad que el que tiene restorán tiene que levantarse muy temprano para ir a La Vega y cerrar muy tarde, para que no se lleven lo que sobra?
“No, lo que pasa es que tenís que tener gente de confianza. Yo no podría comprar y cerrar”.

-¿Por qué te metiste en la tele?
“Cuando entré a la televisión, el ´98, primero en cable, fue porque lo encontraba algo choro y lo pasaba bien”.

-¿Qué, golpeaste la puerta y dijiste quiero tener un programa?
“No, algunos del canal 42 me habían visto en un reportaje en un diario sobre jóvenes chef y me invitaron al programa ‘Nosotras’. Fui, lo encontré simpático y me quedé ad honorem.
“De ahí me fui a Chilevisión, al programa del Pato Stravosky que se llamaba “Así de simple”; y me llamaron al matinal del 13, cuando ya tenía el “Fuera de bordo”. Fue cuando el Pacho Toro y la Paulina Nin dejaron el programa, di una prueba de cámara y quedé al tiro.
“Además, tengo un programa en el cable”.

-¿Sientes una atracción por la TV.?
“Lo paso el descueve. Eso de poder expresarte, hablar, de ser el mismo weón con que te vas a encontrar en la calle, echar la talla. Además, haces los platos; para mí esto es una pasión, soy un agradecido de la vida.
“Siento que nací con una varita mágica, que me tocaron y me dijeron tú vas a ser cocinero y nunca más vas dejar tu pega”.

-¿Por qué un tiempo ad honorem?
“Soy un gallo de apuestas. Siempre he dicho que hay que levantarse todos los días y machar la misma piedra, como pirquineros. Vas a encontrar la veta o un par de pepitas, pero vas a haber cumplido tu sueño. Ésta es mi apuesta, que hay que sacarse la cresta y algunas cosas van a resultar y otras no; y aprender de los fracasos, pero perseverar.
“Si eres un tipo honesto que da trabajo a 20 personas –soy Pyme-, que ha quebrado, pero pagado todas sus deudas, que lo único que quiere es que a todos les vaya bien y eres honesto, no veo porque no”.

-¿No crees que la tele está bastante desprestiagada con tanta farándula? ¿No es una desventaja?
“A mí la tele me ayuda, estoy todos los días cocinando y la gente me ve con energía, que es la misma en el restorán conversando con la gente y cocinando.
“Ahora que está la cagada en la tele, está, pero a mí no me toca. Es un ciclo, porque gracias a Dios vivo del restorán, no de la televisión”.

Barañao cree tener asegurado su permanencia en la pantalla, aunque el matinal del 13 se va a reformular, si es que no terminar. Pero de todos modos señala que “no tiene más aspiraciones. No quiero se conductor de televisión, soy cocinero”.

“Lo único que quería era demostrar que era un gallo hábil y capo”

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