Los medios de comunicación empiezan hablar del “swinger” como si se tratara de un nuevo fenómeno, pero no es así. Fue a inicios de los años 60, cuando los movimientos hippies reconocieron públicamente el intercambio de parejas, que la práctica salió a la luz. Pero lo que entonces se consideró como un hecho de poca cordura, hoy se tiñe de moda y de liberalidad.
“Swinger, swinger ¿Qué son los swinger? ¿Cómo? ¿No lo sabes? Es lo último en bares y clubes. Si quieres placer, novedad y pasarlo rico, la última moda son los swinger”. Ése es el tipo de expresiones que se escuchan entre los jóvenes y adultos hoy. Lo que mucha gente no sabe es que también implica rupturas de pareja con daños graves a la autoestima, generando estados ansiosos y depresiones severas.
La especialista en terapia de parejas Claudia Muñoz, psicóloga de la Universidad Católica de Chile, advirtió que incursionar en este tipo de prácticas implica una serie de riesgos que al final pueden atentar contra la estabilidad emocional de uno o de ambos miembros de la pareja. “Todo es válido dentro de una pareja cuando hay un acuerdo mutuo y son los dos quienes disfrutan. El swinger es un arma de doble filo, pueden ser un buen vehículo de acuerdo a los intereses de cada pareja, pero también puede destruir una relación como le ocurrió a una de mis pacientes”, asegura.
| Valores |
El precio en estos locales oscila en Santiago entre 10.000 y 60.000 pesos por pareja y, a veces, sólo la mitad de este pago es consumible en bebidas. Las mujeres que ingresan solas pagan entre 3.500 y 8.000.
Según sus páginas de Internet, es mucho más atrevido en otros países donde existen hoteles swingers y, en ellos, el costo de la noche asciende a 280 dólares.
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Judith López (28), quien prefiere utilizar nombres ficticios para resguardar su identidad y la de su ex pareja, acudió a los servicios terapéuticos de la doctora Muñoz. Asegura que el swinger fue una de las causantes de la destrucción de su relación con Carlos. Nunca se casaron, pero vivían juntos desde hacía 5 años y tienen un hijo de 4 años de edad.
“Carlos, fue siempre sexualmente muy activo. Un día me propuso que tuviera una relación sexual con una mujer para cumplir su fantasía sexual”, comentó Judith. Se fueron a un bar, ella bebió mucho y no recuerda cómo terminó en la cama de un motel con Carlos y una mujer que no conocía. “Me sentí sucia, pero no le dije nada a él”, agregó.
La semana siguiente Carlos la convenció para que fueran a un local swinger: “Estaba muy nerviosa y sentía asco, pero quería complacerlo por temor a perderlo”, señaló Judith. Fueron al lugar y después de dos horas de baile vio como ‘su Carlos’ la llevaba a los brazos de un hombre desconocido y acariciaba a otra mujer. “Mis lágrimas comenzaron a salir mientras aquel hombre me ‘tiraba sin parar’.. Sentía asco. Tengo una imagen en mi cabeza que no puedo olvidar y es la de ver como mi pareja gozaba al verme con aquel hombre. ¡Los swinger son también una desgracia!”, se lamentó. La relación conyugal se terminó un mes después y Judith quedó muy lastimada. Han pasado dos años y no ha logrado superarlo.
La doctora Muñoz indica que los efectos psicológicos ante el fracaso llevan al quebranto de la confianza como primera herramienta que sostiene a cualquier pareja y que el daño puede ser tan grande que la autoestima se lesiona tanto, que puede generar estados ansiosos, depresiones graves. “Las parejas pueden terminan odiándose y en el futuro les puede llegar a costar trabajo reestructurar su vida sexual”, explica.
La especialista cree que parte de los problemas que hoy viven las parejas que se someten a esta práctica es el tratar de responder a una moda y no a una necesidad real. “Los swinger han existido durante mucho tiempo, pero se han dado a nivel privado y terminan siendo relaciones lícitas en la vida de una pareja”, explica. La diferencia, para ella, es que hoy se habla de lugares swinger y del comercio dedicado a promoverlo como negocio. “Entonces, habría que evaluar de dónde parte la iniciativa, si es de la pareja o si es influenciada por la publicidad en Internet”, apuntó.
Sin embargo, para J.M., dueño y administrador de un local dedicado a promover los swinger, estos lugares no son un negocio ni un prostíbulo, ni un night club. “Son un estilo de vida", asegura.
| ¿Qué está permitido? |
En la mayoría de los clubes swinger se permite:
•"Intercambio suave" de pareja: Relaciones íntimas en grupo en las que el intercambio de pareja es parcial: las terceras personas solo acarician -o se dejan acariciar- por los miembros de la pareja.
•Intercambio "completo": En este caso, las parejas pueden intercambiarse por mutuo acuerdo.
•Bisexualismo femenino: Se trata de mujeres que llegan con su pareja del sexo opuesto y, allí tienen relaciones íntimas con pares de su género.
•Tríos: Relaciones sexuales entre tres personas: dos mujeres y un hombre. Puede ser que el hombre permita a su pareja tener intimidad con otra pareja, o viceversa.
•Vouyerismo: Consiste en mirar, de forma oculta, a personas desnudas o en plena actividad sexual.
•Exhibicionismo: Cualquier persona puede mostrar su cuerpo a un extraño.
•Fetichismo: Los participantes pueden utilizar objetos.
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Finalmente, la doctora Muñoz aseveró que es muy difícil que éstas prácticas no tengan repercusiones posteriores porque terminan dándose involucramientos desafortunados y que, al final, se da un vacío emocional muy desagradable. “Es muy difícil que se haga tan maquinalmente como se cree que se hace", puntualizó.
Madurez psicológica
Los swinger no son para todas las personas. Los rasgos de personalidad tienen mucho que ver con las conductas de los individuos y se requiere de una madurez psicológica para tomar cualquier decisión con asertividad. Para el psicólogo Roberto Rosenzvaig, esta opción no debe considerarse necesariamente una conducta “anormal”, sino que tiene que ver con la búsqueda de alternativas, donde muchas veces es motivado por uno de los cónyuges. El problema, según el especialista, está en que uno de los dos acepte cualquier situación para complacer a su pareja.
En un reportaje sobre el tema publicado en enero del 2004 en el diario The New York Times, la doctora Megan Fleming, psicóloga clínica y terapeuta sexual del Centro Médico Beth Israel de Nueva York, advirtió que existen peligros psicológicos potenciales: "Una fantasía sexual muy ardiente no necesariamente se traduce en algo que se disfruta en la vida real. En una fantasía, uno controla todo lo que sucede. En la realidad, en cambio, no es así".
Según el psicólogo Alfonso Luco del Colegio de psicólogos de Chile, los swinger son una actividad sexual grupal. Como psicoterapeuta con más de treinta años de trabajo con parejas, afirmó que los efectos para las parejas son marcadamente negativos. Desde su punto de vista es nocivo, no basado en juicios morales, sino por los efectos que implica como la desconfianza que sobreviene afectando la autoestima. Las reacciones son la inseguridad y los estados de ansiosos como respuesta.
| Visita a un club swinger |
Es cerca de la media noche y el clima es agradable. En una arteria angosta del centro de Santiago, desfila una lista de autos de todas las marcas que buscan estacionar a los dos costados, pero a pesar de ello, se siente silenciosa. Una puerta de madera de color café dentro de un hall en la calle la Victoria, sin avisos ni testigos es la entrada al clandestino mundo del swinger que funciona ahí.
Al ingresar al recibidor se ven muchas habitaciones conectadas entre sí con sillas y sofás en tonos oscuros. Una de las habitaciones es grande y rectangular, alrededor está puesta una galería de sillas de dos niveles y espejos desde el piso hasta el techo y en el centro una tarima baja que es utilizada para el show de media noche. Se presentan dos números: un stripper realizado por un bailarín que exhibe su musculatura y un strip-tease por una mujer voluptuosa. Durante las presentaciones, el dueño es quien actúa como animador y advierte que los bailarines compartirán su show con las personas que están sentadas en la primera grada y les harán desde caricias hasta quitarles alguna prenda.
Hacia el fondo del vestíbulo está el bar que es atendido por dos hombres y en la barra se instalan generalmente los jueves las mujeres y hombres que van solos. Al lado hay un gran salón con mesas y sillas donde se hace el primer encuentro entre las parejas. “Las noches de jueves son para ellas o ellos, los viernes son para los que vienen por primera vez y el sábado para los experimentados”, explica J.M., dueño del lugar.
Añade que ha tenido que presenciar situaciones adversas con parejas que llegan por primera vez al lugar. “Se les explica que existen reglas, y que una de ellas es que nadie obliga a nada”, asegura. Pero a pesar de ello, Jota advierte que ha habido parejas que han terminado golpeándose y que en ese momento, él como propietario se reserva el derecho de admisión y los hace retirar.
-¿Alguna vez ha tenido que acudir a los carabineros?
“Sí. En una oportunidad una pareja empezó a discutir. Nosotros nos dimos cuenta y nos acercamos para calmarlos y pedirles que se retiraran. La mujer era la más ofuscada, parecía que se había tranquilizado y dijo que iría al baño antes de marcharse, pero en cosa de segundos tomó a otra mujer de los cabellos y la agredió”.
-¿Se han presentado otros casos?
"No. Pero tengo presente sólo a una pareja que discutió fuerte un día jueves, que es cuando entran también mujeres y hombre solos, pero se mantuvieron sentados y no tuvimos que intervenir. Luego llegaron en otra oportunidad, les expliqué nuevamente las reglas, se quedaron un rato y luego se marcharon al poco tiempo. Por lo general no regresan. Son muchas las parejas que vienen por curiosear pero luego se van".
“Una regla es que las escenas de celos están prohibidas”, enfatiza J.M. Explica que si un individuo le reclama a su pareja porque la ve en brazos de otra persona, tal conducta es causa de expulsión. Sin embargo, como norma general de estos clubes, nadie está obligado a satisfacer las fantasías de otro: "No significa no", asegura. Si bien en estos ambientes es posible la venta de licor, el consejo de los administradores como J.M. es que el alcohol en exceso no combina con el sexo. Tampoco, asegura, se permite el consumo de drogas.
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