Su 'aprendizaje' en un internado israelí

28 de Agosto de 2008 | 08:54 |
“Siempre dicen esta frase cliché de que hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Yo escribo como el forro, así que mi libro fue mi película. Es súper emocionante saber que en 50 años más mis nietos van a ver esta película antigua y van a decir: mi abuelo hizo esto. Eso fue escribir mi libro y me saqué una promesa personal de muchos años. Mi próxima locura, que no me dejan hacerla, es ir al espacio, con este tour que va a empezar el 2010. Pero algún día lo voy a hacer”.

Shai asegura estar comprometido con la responsabilidad de criar a sus tres (en dos meses más serán cuatro) hijos, pero no le dejan de brillar los ojos cuando se imagina en el espacio y piensa: “A mí no me molestaría en lo más mínimo estar en el espacio y que me dijeran que la nave no va a volver a la tierra. Uno tiene que cumplir los sueños y dejar cosas en la tierra, y yo siento que he cumplido varios de mis sueños y algo he dejado”.

A un costado de su oficina, entre las figuritas y juguetes que llenan una repisa, varias fotos retratan las personas importantes en la vida de Agosín. Con el mismo entusiasmo con el que sueña estar cerca de las estrellas, vestido de astronauta, toma la fotografía de él y su familia.

“Tengo una niñita de 10 (Galit, morena), que es maravillosa, un enano de 4 (Yaniv, rubio) y otro de 3 (Alan, colorín). Es la familia de Benetton, como dicen mis amigos. Ahora viene Noa”.

Casado en segundas nupcias con Alejandra, desde hace cinco años ella ha sido su bastión y empuje. “Somos súper yuntas”, dice Shai, antes de explicar que Alejandra lo levantó varias veces cuando pensó que la película no se concretaría jamás y logró que no se echara por la borda un sueño que ya llevaba 4 años fraguándose en la cabeza de Agosín.

-¿A raíz de qué decidiste hacer “El Brindis”?
“Toda mi vida soñé con hacer una película, pero hace 4 años se enfermó de cáncer mi mejor amigo (Claudio Vainroj, a quien dedica el film) y a todos los cercanos nos bajó la locura de hacernos exámenes. En eso me encontraron cáncer (a la tiroides) a mí, con la diferencia de que a mí me lo pillaron muy adelantado. Me lo trataron y hoy estoy dado de alta. Pero me acuerdo de que Claudito bajaba del quinto piso de la Clínica Alemana, al cuarto, y conversábamos largas horas de la vida, de los sueños, de cómo uno va posponiendo las cosas. De alguna manera, el discurso final que hice de Isidoro (Pepe Soriano), cuando él dice: ‘disfruten de la vida ¡ahora!’, fue un discurso que escribí, como la oda a mis sueños, a hacer esta película y a cumplir lo que uno siempre pospone. Hay mucho de mi historia de vida ahí”.

-¿Cómo fue que te dijeran que tenías cáncer y con dos hijos chicos?
“Es tremendo. Son sensaciones súper locas. Por un lado te sientes infectado, con una cosa adentro que te está comiendo. Ahí te baja el terror y dices: compadre, yo no me quiero ir. Hay millones de cosas que quiero hacer antes de morirme. Así es como nace lo de hacer la película y también hice otras cosas en otros ámbitos: viajar, disfrutar más a mis hijos…
“Pero me lo detectaron a tiempo y estoy recuperado. Pasé por toda esa cuestión de la quimioterapia. Fue heavy. Pero a mí me sirvió ver a mi mejor amigo, a mi hermano de toda la vida, que estaba diez veces peor. Fue bien loco, porque todos estábamos muy preocupados de él porque estaba muy mal. Así que el Shai era el de la enfermedad segundona y eso igual ayuda, porque una cosa que le empelotaba a Claudio era la sobreprotección. Además, nunca llegué a tener síntomas. Los tuve cuando me sacaron la tiroides, que cambia el metabolismo y hay que tomar remedios de por vida, pero son cuestiones menores”.

-¿Qué cáncer tuvo tu amigo?
“Un cáncer al colon, y tuvo una metástasis al hígado. Falleció hace tres años, fue heavy. El tiene 3 hijos maravillosos, de la misma edad que los míos. Uno ve a la familia y piensa: no puede ser. Era perfecta”.

-¿Te pasó eso de que como tú pudiste recuperarte, que tuviste la oportunidad de seguir aquí, pensaste que ‘por algo será’?
“Creo que es suerte. Después del tema de Claudio…Yo creo en Dios, pero no creo que esté encima de todas las cosas. Creo que uno toma su camino y, claro, Dios creó el mundo y tiene un control, entre comillas, sobre un todo, pero a mí no me vengan con cosas, eso de ‘esto es por algo’… No hay algo. Cuando se muere un gallo que tiene 36 años de edad, bueno como el pan y con tres hijos…”.

Otra muerte que cambió la vida de Shai fue la de su papá, en 1989, año en que, al ser el mayor de 4 hermanos, pasó a ser el gerente general de la empresa familiar: Cueros Agosín, con sólo 22 años.

“Yo estaba en cuarto año de psicología (en la Diego Portales), pasando a quinto. Mi mamá era profesora de historia hebrea, así que me tuve que hacer cargo de los negocios de la familia. Dejé psicología, con la alegría de que gradué a mi hermana de abogado, a mi hermano de publicista y hoy están todos súper bien”.

-Pero no sabías nada de negocios y tenías conflictos con el tema del cuero…
“Toda la vida he sido ecologista, así que para mí era súper loco tener que hacerme cargo de esto y, por otro lado, era un gallo que no entendía de negocios. Yo trabajaba para una fundación de desarrollo del tercer mundo, hacía clases de sexualidad… Mi vida era la educación. Y de la noche a la mañana me tuve que hacer cargo de esta cuestión y lo hice muy mal. Me equivoqué mucho al principio, pero fue la mejor escuela que pude tener para ser empresario. Aprendí mucho, algunas cosas tontas: el primer día, yo no tenía ropa para ir a trabajar. Lo único que tenía era un pantalón y mi bolsa de lana, con la que iba a la universidad y a tirarle piedra a los pacos. En esa época a eso me dedicaba”.

Shai asegura tener una época oscura en su vida. Ese tipo de pasado rebelde, que se gatilló tras estar un año en un internado en Israel. Sus padres, él un chileno, ella una argentina, se conocieron allá, se casaron y tuvieron a Shai, quien asegura que Chile tira mucho y que la nostalgia fue lo que motivó a su papá a traerse a su familia, para establecerse en Valparaíso, cuando Shai apenas tenía tres años.

-¿Te sientes más chileno o israelí?
“Soy chileno como los porotos. Tengo 40 años y he vivido 36 en Chile. De los primeros 3 años no me acuerdo nada”.

-Pero igual te fuiste de nuevo a vivir a Israel. ¿Por qué estuviste en un internado?
"Mis papás decidieron irse a vivir a Israel porque siempre quedaron con el bichito y me metieron a un internado porque era la única forma de terminar tercero y cuarto medio y dar la prueba de aptitud allá, en castellano. Era un proyecto especial que había. En el año vi a mi familia como tres veces. Fue tremenda la experiencia, porque los latinos éramos súper normales, pero los israelíes que vivían ahí eran delincuentes. En el internado a mí me acuchillaron, me colgaron de un cuarto piso, aprendí a usar linchaco y a abrir candados. Tenían hasta mercado negro. Fue una época súper dura de mi vida, pero hoy la miro y la encuentro maravillosa, porque creo que crecí mucho y gran parte de lo que soy hoy se lo debo a ese tipo de experiencias. Estuvimos un año hasta que un día llegaron mis papás al internado y me dijeron: Shai, nos vamos a Chile. ¿Quieres quedarte o te vas con nosotros? Y yo, al tiro: ¡me voy!.

Un par de años después, ocupando ya su puesto de gerente general, una amiga lo llamó para que la ayudara a hacer un programa infantil para la televisión. “Después me dice: Oye, ¿por qué no animas tú el programa? Mira, justo hay una prueba de cámara de TV Tiempo. Ahí ves si te manejas, si tienes ángel”.

Al final, el programa de la amiga nunca se hizo, pero la prueba de cámara le sirvió para que lo llamaran de TVN para leer el tiempo.

“En esa época llegaban los reportes del tiempo a las 7 de la tarde. Las noticias terminaban a las 9 y media y ya era esa hora, pero el reporte no llegaba. Así que me pasaron uno de una semana anterior. Es que, además, en esa época nunca le achuntaban. No es como ahora”.

Meses más tarde, Mickey, Donald, Goofy y compañía lo harían imborrable en la mente de los niños que disfrutaron de “El Club Disney”, en su versión chilena: “Fue una experiencia maravillosa, muy linda. Aprendí mucho, recorrí el mundo, hice de todo, desde volar con Los Halcones del Aire en la FACH, hasta disfrazarme de Cenicienta”.

-¿Y cómo llegaste a formar tu productora?
“Un día me llamaron del Parque Arauco, porque venía el cumpleaños número 50 de Mickey Mouse y querían hacer un evento. Armamos el show, con mi hermana, encargada de no sé qué cosa y un amigo se consiguió no sé qué. Fue todo súper casero, pero salió el descueve. Me llamaron del Alto Las Condes, donde yo estaba abriendo un local y el gerente general me dijo: ¡Cómo estaba haciendo eventos en el Parque Arauco! Así que firmamos un contrato por un año con el Alto.
“Yo no tenía la productora, nada. De hecho, por eso se llama ‘Agosín’, porque llamaban a la oficina (del negocio de cueros) y contestábamos ‘Agosín, buenos días’. Ahí partimos con eso y empezó a crecer. Con el tiempo tomé la representación de Nickelodeon para Chile, después me fusioné con una compañía gringa de licencias y pasé a tener 60 propiedades y hoy tenemos Frutillita, Barney, Snoopy, Félix el gato, la NBA, MTV… Después vino la editorial, donde tenemos la revista D13 de deportes, la revista Amango, Vogue, Glamour…”.

-Espera, tú animabas “El Club Disney”… ¿Cómo es que pasaste de eso a esto?
“Fue algo espectacular, porque me convertí en empresario a golpe y porrazo y siempre me gustó el mundo de las humanidades y de los niños. Después, por las casualidades de la vida, se fusionó el tema de los niños con lo de ser empresario, y hoy estoy súper contento. Trabajan más de 60 personas acá, hay una productora de cine y televisión, una de eventos, licencias, productos… Es entretenido”.

Mientras animaba en televisión, dirigía Cueros Agosín y daba sus primeros aciertos con su productora, Shai entró en colapso. Llamó a su familia y les anunció que cerraría la empresa familiar, aprovechando los eventos iban viento en popa, lo que lo animó también a dejar la animación. “Sentía que era una especie de títere del director”.

-Ahora tú eres el que maneja los títeres.
“Ahora, con esta película… Pero es algo re loco. Mis compañeros de televisión me dicen que soy el único que conocen que se retiró de la tele porque se aburrió. Es que soy hiperquinético, me aburro rápido”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Comer chocolate. Comería todo el día. Ahora no puedo por mis cosas. Pero el chocolate y ver películas, me encanta”.
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