Juan Alcayaga: El buen humor de don Carter

El actor está más que feliz desde que volvió a trabajar con el Profesor Rossa y Guru Guru, pero asegura que los 10 años que estuvo ausente de la TV no lo pasó nada de mal. La filosofía del hombre que personifica a Jimmy Carter, el cartero, es la risa.

05 de Octubre de 2011 | 08:34 | Por Ángela Tapia F., Emol
María Ignacia Concha, El Mercurio.
“Hay que agradecerle a la naturaleza porque no estamos tan viejos. El profesor se tapa las canas con la peluca, y yo tengo la barba blanca, pero tan gagá no me veo. Todavía estamos activos”, dice riendo Juan Alcayaga (60), minutos antes de entrar a los ensayos de “La Mansión Rossa”.

El actor sabe que tal vez que su nombre no le suene a toda la gente, pero por experiencia, también sabe que cuando las personas lo ven, suelen sonreír mientras lo saludan: “¡Don Carter!”.

Es que a pesar de que estuvo 10 años fuera de pantalla, luego que Canal 13 cancelara “El mundo del Profesor Rossa”, y se dedicara a hacer libretos, a crear su propia compañía teatral, “Serotonina”, y hasta a ser bisabuelo, fue imposible que Alcayaga se separara de la imagen del noble cartero y fiel camarada de Guru Guru. “Durante estos diez años la vida no se detuvo para nosotros como actores, ni para la gente que nos ve. Volver a hacer este personaje es un regalo para mí”, comenta.

En la entrada de Via X, algunas personas del público del programa se toman fotos con él, con Iván Arenas (Profesor Rossa) y con Claudio Moreno (Guru Guru), mientras Alcayaga no para de tirarle chistes a sus colegas.

“Yo lo paso muy bien, me río harto. Cuando me junto con mis ex compañeros de curso, me preguntan si tengo un pacto con el diablo, porque sigo igual. Pero es porque hago lo que me gusta y la risa, como dicen, es un remedio infalible”.

- Su regreso a la tele, más que trabajo, parece una reunión de amigos.
“Nosotros nos queremos mucho como personas. Nunca dejamos de vernos. No éramos de esos amigos de todos los días, pero nunca dejamos de estar el uno preocupado del otro. Cada uno hizo diferentes cosas, yo me dediqué a mi compañía de teatro... Fue como cuando te separas y dices ‘nunca más’, y al pasar los años, te reencuentras y te vuelves a casar”.

-¿Ni la amistad ni el concepto murieron?
“Claro, y con el enganche del video que nos subieron a internet, que fue tan requete contra visto, y que en ese tiempo causó tanto espanto y horror, ahora te ríes. Lo importante es que no se ha perdido lo esencial del programa. El Profesor Rossa sigue siendo la persona que enseña, Guru Guru sigue siendo el pajarito ingenuo, no ha crecido. Porque ya a estas alturas, después de 20 años en el programa, tendría 30 años y estaría fumando puros tal vez”.

- ¿Qué ha aprendido usted con el Profesor Rossa y Guru Guru?
“Lo que aprendí, apenas entré, fue a amar el doble la naturaleza. Me afecta mucho que existan cosas como el rodeo. Y sé que, tal vez, me voy a echar mucha gente encima, porque lo ven como deporte nacional, pero mira lo que pasó en Barcelona, que ya no pueden haber corridas de toros. No puede ser que todavía existan peleas de gallos en Chile, carrera de galgos donde los pichicatean a los pobres. Todavía hay maltrato animal y eso me duele. En eso me ayudó el programa”.

-¿Algún dato Rossa?
“¿Te habrías imaginado que una jirafa tiene las mismas vértebras que un ratón? O, ¿sabes qué significa la palabra canguro? ‘Yo no lo sé’. Uno crece sabiendo esas cosas”.

-Debe haber sido difícil dejar el programa en su momento. ¿Cómo lo pasó en estos 10 años?
“Mucha gente pensó que por no estar en la televisión, yo estaba poco menos que pidiendo limosna, y no fue así. Siempre me las ingenié. He tenido la suerte que desde que salí de la universidad, siempre tuve pega y he hecho las cosas más diversas. Lamentablemente, algunos actores, si no los llaman para actuar, no hacen otra cosa. Yo he sido productor, director, he escrito diferentes libretos para programas y personajes, miniseries, radioteatro... Eso último, en el año de la pera”.

-Entonces, ¿laboralmente no lo pasó mal?
“No, lo que pasa es que cuando tienes un sueldo estable uno se aleja de muchas cosas, por la seguridad económica y la comodidad. Así que cuando me echaron, quedé un poco de brazos cruzados y me estresé, pero volví al teatro. Lo que yo tenía claro es que no iba a golpear puertas, porque sé como se maneja la cosa, como fui productor... No hay muchos papeles para los actores de mi edad, y los pocos que hay, ya están ocupados por la misma gente de siempre. También me pasó que dos veces me dijeron en una teleserie que no, porque yo era cara del 13. No me podía sacar el personaje de encima”.

-¿Le pesó don Carter?
“Sí, pero por otro lado me ayudó. En las empresas donde llegábamos a hacer las obras con la compañía, al presentarme como Juan Alcayaga, no le decía mucho a la gente, pero cuando me veían, se acordaban que yo era don Carter, y eso me abrió muchas puertas.
“El cartero es un personaje que quiero mucho. Piensa tú que lo hice por 14 años. Ahora ha tomado un giro distinto, más humano, con una cuota de picardía, aunque sigue teniendo las características del cartero antiguo, sigue siendo positivo, bueno para la risa. Es ese viejo que saca al niño a jugar cuando le cree a Guru Guru sus inventos, cuando se disfrazan o hacen cualquier metida de pata. Es el niño que llevamos todos, y eso a Juan Alcayaga, a mí, me encanta”.

-¿Es verdad que el verdadero nombre de don Carter es Jimmy Carter?
“Sí, es verdad. Lo que pasa es que un día el profesor, sin decir ‘agua va’ -porque no estaba en el libreto-, me preguntó que cómo me llamaba. Y yo pensé: cartero, cartas, Carter. Me llamo Carter, Jimmy Carter, como el Presidente de Estados Unidos, y ahí quedé. Igual que una vez me preguntó cómo se llamaba mi hijo, porque yo le pedía dibujos para él. ‘Engelbert, Engelbertito’”.

-Y también está su esposa, la Conchita.
“No sabes la cantidad de gente que le manda saludos a la Conchita, la señora de don Carter. En esta versión del programa podemos hablar de ella. Es que en el Canal 13 no se podía hablar antes de la Conchita (ríe), y menos de la Flaca Mireya. Son personajes que no vamos a poder mostrar nunca porque cada uno se hace su imagen”.

-¿La Flaca Mireya?
“Es una vecina, una mina que tiene a la vuelta el profe, pero yo no más sé, para callado. Eso sí, se me cae el cassette”.

-¿Se ha encontrado con carteros? ¿Qué le dicen?
“Hace muchos años atrás me tocó ir a buscar una encomienda por avenida Matta, donde hay una central grande de Correos. Ahí me vieron, me hicieron pasar, me mostraron cómo funcionaba todo, me sacaron fotos... También me criticaron que yo me vestía como guardia, cuando el verdadero vestuario es pantalón azul, camisa celeste y corbata roja. De ahí en adelante pedí que me cambiaran la ropa en el canal”.

-Sacrificado el trabajo de sus “colegas”.
“Claro, los carteros son súper sacrificados. Lo decimos como talla, pero de verdad el cartero a veces llega con el traje roto por los perros, o les toca ir a barrios peligrosos. Es una pega sacrificada y no puedo creer que les den 5 pesos por eso. A veces, la gente les deja 200 pesos, como si fuera suficiente”.

-¿Usted manda cartas?
“Generalmente mando mails. Hace mucho tiempo que no mando una carta, ni siquiera de saludo, porque ahora es todo electrónico. Creo que las cartas desaparecieron definitivamente, por esa cosa maravillosa de la instantaneidad de internet. Las cartas se están mandando para que te lleguen las cuentas no más”.

-¿Cuál es su vicio privado?
“Soy maniático del orden, me encantan las comedias musicales y ahora último me ha dado por leer muchos libros de crecimiento personal. He aprendido mucho del Ho’oponopono, que es un sistema que descubrió un psiquiatra y que los usan los nativos hawaianos. Es hacerte cargo de todas tus deudas, tus pecados. De todas las cosas que te pasan, tú debes asumir el 100% y perdonarte. Hace poco se murió un hermano de leucemia y me ayudo bastante”.
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