Irene Villa: Una víctima de la ETA que tiene toda la vida por delante

Esta joven periodista española, amputada por una bomba a los 12 años, cree que puede haber perdón, pero no olvido. Como verdadera resiliente que es, la discapacidad sacó lo mejor de ella y hoy invita a los jóvenes a tener retos para dar sentido a sus vidas. Hoy expone de su vida.

09 de Abril de 2013 | 12:57 | Por María José Errázuriz L.
Foto de Macarena Pérez

Su caso fue, según el grupo terrorista ETA, un ‘daño colateral’. Así lo afirmaron después de que España se horrorizó con las fotografías que la mostraron a ella y su madre amputadas al lado del auto que hicieron explotar con una bomba. Para el grupo separatista vasco, herir o matar niños era un daño colateral en su causa, pero fue este hecho, ocurrido en 1991, el que hizo que por primera vez España marchara con un gran “NO a la ETA” en sus pancartas.

Irene Villa, hoy de 34 años, tenía sólo 12 cuando perdió sus dos piernas y tres dedos de su mano izquierda. Su progenitora -que perdió el brazo y la pierna derecha- era el objetivo del ataque ya que como una querida funcionaria que tramitaba pasaportes en una comisaría le permitían estacionar en un lugar reservado a policías.

Periodista, casada y con un pequeño hijo de 9 meses, está en Chile para participar del seminario “Fe, Jóvenes, Historia”, en donde hoy mostrará esas terribles fotografías y expondrá sobre la fuerza interior que le permitió pararse literalmente de nuevo y caminar hoy sin usar ni siquiera muletas y además, ser seleccionada de esquí paraolímpico en su país.

Su agenda está repleta entre sus labores en una radio, sus columnas en su página web, sus entrenamientos como esquiadora y sus charlas motivacionales, lo que la obliga ahora a viajar acompañada de su marido para que la ayude con el cuidado de su pequeño hijo.

Quien la conozca reconocerá rápidamente en ella a una resiliente. Asegura tener superado ese dramático evento de su vida, pero no así su padre y su hermana, quienes aún no resisten verla sin sus piernas, mostrando sólo los muñones que quedaron. “Ellos son víctimas indirectas, que lo pasan peor que las directas. El daño psicológico es mucho más grave que el físico y se enquista de una forma mucho más terrorífica”, explica.

Irene (twitter: @_irenevilla_) afirma que no le es extraño hablar del atentado, recordarlo y contarlo mil veces. Tampoco que la ‘googleen’ y que la gente la reciba, la mayoría de las veces, con naturalidad. “A lo mejor dicen ‘qué admirable’ pero mi vida es absolutamente normal; todos tenemos que superar algo en nuestra vida. A mí me ha tocado contarlo, pero todos tenemos en nuestro entorno una pérdida, nuestra pequeña o gran cruz y lo importante es saber llevarla con dignidad y valentía”.

-La gente te percibe como alguien especial. ¿Te incomoda que te asignen esa especialidad?
“No me incomoda, pero a veces digo ‘no soy distinta’. Me gustaría que me viesen como una persona normal que lleva su discapacidad de la mejor forma posible”.

-Sí, pero tu historia no es normal. Fuiste víctima de un atentado terrorista.
“Lo sé, mis compañeros de esquí son lesionados medulares por la práctica de un deporte, un accidente o una enfermedad. Es verdad que lo mío fue algo intencionado, pero me siento igual que la que se cayó en parapente”.

-Han pasado 22 años de ese atentado, ¿cómo miras el pasado?
“Con orgullo, cuando miro hacia atrás veo bastante dolor, y aunque no me gusta ir de víctima –todo lo contrario- sí recuerdo momentos duros. Hoy veo mi marido, mi hijo y digo ‘Dios me ha recompensado infinitamente’”.

-Lo sufriste a los 12 años, entrando en la adolescencia…
“Eso no fue lo peor. Afortunadamente, después del atentado tenía toda España arropándome, mucha gente ayudándonos. Lo peor lo viví cuando tras una operación para poder usar prótesis me agarré una bacteria y estuve tres años sin saber si me iban a tener que reamputar. Luego me caí esquiando y me tuvieron que volver a operar porque se me salió un disco de las cervicales… bueno no estoy quieta y he pasado muchos sustos. Hoy estoy feliz, pero no te puedes relajar, la vida es una continua lucha y tienes que estar siempre avanzando, mejorando.
“A mí me encantaba, era la época de las fiestas, de empezar a mirarte en el espejo y ver que tu cuerpo era la mitad; fue terrible aceptar eso, más cuando mi hermana siempre me decía que tenía que ser modelo. Cuesta, pero una vez que te asumes, tienes toda la vida por delante”.

-Tu recuperación fue de la mano de la de tu madre. Esto fue un cataclismo familiar.
“Totalmente, pero el hecho de que mi madre fuese mi mejor ejemplo, fue el mejor apoyo. Mi referente principal también caminaba con prótesis, maquillándose con la mano izquierda –porque ella dice ‘antes muerta que sencilla’-, y eso fue muy importante. Tener una persona con esa alegría, ese espíritu todo el tiempo fue vital, una ventaja. Mi referente tiraba para adelante con una sonrisa y con eso se crece; si ya era una mujer bandera –fue la razón por la que pusieron la bomba- después del atentado fue más especial, más querida.
“Una discapacidad saca lo mejor y lo peor de uno y a mi madre le sacó alegría que me la transmitió a mí. Cuando dicen que los cojos son unos amargados, bueno, a lo mejor es porque ya lo eran antes; en mi caso es lo contrario”.

-¿Sentiste rabia por ser introducida tan violentamente en la violencia, valga la redundancia?
“Yo no entendía nada, me preguntaba qué tenía que ver yo con la independencia del país vasco. Te haces muchas preguntas, pero te das cuenta que no te llevan a ninguna parte por lo cual dejas de lamentarte e incluso llegas a compadecerte de los terroristas. Si al final los más amargados son ellos y como sabía que nos querían contagiar su odio, nosotros dijimos ‘no, de eso nada’. Al contrario, perdonamos para cambiar la historia”.

Los terroristas de ETA que pusieron la bomba en el atentado de Irene y su madre están identificados, pero no cumplieron condena porque el delito prescribió a los 20 años. Esta joven periodista no los conoce personalmente y reconoce que siente injusticia (mucho más su padre) por el hecho de que no hayan sido juzgados, pero asegura que hoy le da igual porque “el que la hace la paga”.

-Los españoles han vivido distintas etapas en el proceso de pacificación, con negociaciones de por medio. ¿Se puede perdonar? ¿Se debe olvidar?
“Olvidar es imposible, ni esto lo que ocurrió en nuestra guerra civil, es nuestra historia y el recuerdo hace que las víctimas que han sobrevivido no se sientan solas. Pero creo que es importante el perdón y la reconciliación; entiendo que muchos que han perdido un hijo no lo quieran hacer, lo comprendo, pero como creo en la convivencia pacífica, debe haber perdón con convivencia sin más violencia.
“No me gusta, en todo caso, el término ‘pasar página’, como plantean algunos, porque eso sería olvidar. Se debe empezar un nuevo folio en blanco, en paz y libertad pero sin olvidar a las víctimas. La sociedad nos debe, como mínimo, el recuerdo; en España nos han querido aunque ahora se quiere pasar página”.

Irene Villa profundiza en su reflexión a la par que dice oponerse a una amnistía que libere a quienes cumplen condena. “Respeto a los que creen en ‘ni perdón ni olvido’, pero cuando uno perdona es uno el que descansa. El perdón lo doy, pero por mí, porque no quiero que me contagien de odio”, insiste.

-Dices que esto lo superaste, ¿de verdad, se supera todo?
“No sé si se supera que te maten a tu hijo, o que hubiese muerto mi madre; pero sí sé que se supera cuando estás vivo. Cuando hay vida y esperanza, lo puedes superar”.

-Eres una persona de fe ¿cómo se enfrenta algo así sin esa fuerza?
“Creo que las personas que no tienen fe en algo espiritual, debieran creer en ellos mismos. Yo no soy católica, estoy en camino, pero creo, primero, en mi madre, y después en el bien, en la bondad. Cuando tienes autoconfianza en tu objetivo de salir adelante, esto se puede superar”.

-Escribiste un libro “Saber que se puede”, ¿a qué apuntabas?
“Trata de valores y fortalezas humanas; creer en uno mismo. No hablo para nada de lo espiritual o Dios, es un libro muy terrenal, con problemas terrenales superados desde el plano terrenal, desde la psicología positiva, el amor de la familia y tu círculo cercano. Habla de la amistad, la humildad, el agradecimiento, la alegría, valores que son primordiales”.

-A pesar de toda esa fortaleza, ¿hay algún día que hayas despertado queriendo no haber vivido esto?
“Muchas veces he soñado que tenía piernas y corría y cuando he despertado me he visto, pero bueno, si te quedas en eso… Eso es algo que no va a volver, hay que vivir la realidad y como decía Frida Khalo, ‘¿para qué quiero piernas si tengo alas para volar?’

-Hoy das charlas de liderazgos, especialmente a los jóvenes. ¿Lo haces porque los ves desesperanzados, derrotistas?
“Sí, lo hago porque creo que podrían ser mucho más felices de lo que son. Me ha pasado que en mi juventud, yo fui más feliz que algunas amigas mías que lo tenían todo; quizás porque yo tenía un reto que superar. Creo que necesitamos los desafíos, saber que puedes mejorar, alimentar la autoestima. Los chavales de hoy se quedan en sus estudios y a veces eso los desmotiva y deben buscar cosas que le den sentido a su vida”.

-¿Un mundo facilista es una buena trampa?
“Pues sí, basta que lo tengamos todo para que no seamos felices. Necesitamos desafíos, retos y ser una sociedad solidaria que se comprometa con los que necesitan tu ayuda”.


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