Sustitutos sexuales, en Chile ya se usan pero sin interacción física

Este tipo de terapia, expuesta en la película "Las sesiones", se expande por diversas naciones.

12 de Abril de 2013 | 15:55 | Carolina Canales H.

El reciente estreno de la película “Seis sesiones de sexo”, protagonizada por John Hawkes y Helen Hunt, ha puesto en la palestra la controversial existencia de las sustitutas sexuales. En la cinta, Mark O’Brien es un poeta que desde su infancia está paralizado corporalmente, pero que desea tener un encuentro sexual con una mujer, por lo que contrata a la terapeuta Cheryl Cohe-Greene, quien inicia un tratamiento práctico para conseguirlo.

Aunque muchos desconocen la diferencia con las prostitutas, hay que aclarar que son psicoterapeutas o personas dirigidas por un especialista –hombres y mujeres-, que buscan que los pacientes consigan superar algún trauma o disfunción sexual. En Estados Unidos el fenómeno apareció en la década del setenta y desde entonces se ha tornado como algo natural y de utilidad.

En Chile, en cambio, aún no hay terapias sexuales prácticas. El vicepresidente de la Sociedad Chilena de Sexología, Mauricio Salas, explica que "los sustitutos sexuales con interacción física, no han entrado en nuestra idiosincrasia".

Sin embargo, agrega que existen "sustitutos sexuales sin interacción física. Esto lo estamos utilizando en pacientes que son de provincia o con limitantes funcionales que no pueden desplazarse a efectuar terapia. Genera un tipo de chat con contenido erótico, que permite tener una psico-educación sobre sexualidad, recuperar el interés/deseo, aumentar el auto estima y potenciar ciertas habilidades sociales. En la actualidad tenemos unos 12 pacientes con este tipo de terapia".

Patricia Pearlinam es una sustituta sexual estadounidense que define su oficio como “una compañera temporal que trabaja con personas impotentes, carentes de deseo o que sufren algún problema que les impide gozar del sexo”, según declaró hace un tiempo al The New York Times. De la misma forma, defiende su profesión cuando la confunden con una prostituta. “Ellas sirven para la satisfacción inmediata. Una sustituta del sexo busca resultados a largo plazo”, afirmó.

La británica Mare Simone resalta los beneficios de acudir a las sesiones y el valor de su trabajo. “La gente paga por el asesoramiento y para curar sus problemas, no por el sexo. Estoy ayudando a mejorar y cambiar la vida sexual de miles de hombres, lo que significa que también estoy ayudando a mejorar la vida sexual de sus esposas y novias”, aseguró.

Por otro lado, las terapias siempre deben ser recomendadas por un terapeuta y son controladas con normas éticas definidas por la Asociación Internacional de Sustitutos Profesionales (IPSA) que delimita el accionar del paciente y de la sustituta. Una de las principales reglas consiste en que los encuentros son por un tiempo definido y sólo en el contexto del tratamiento. De ahí que en una escena de la película dirigida por Ben Lewin, Cheryl le aclara a Mark que podrán realizar un máximo de seis sesiones para superar su dificultad sexual.

La psicóloga chilena Loreto Bórquez es crítica con la existencia de las sustitutas sexuales, ya que considera que “no se debe olvidar que la situación entre paciente y terapeuta es un vínculo asimétrico, y que con estas terapias el paciente puede realizar proyecciones sobre uno, con lo que esta asimetría se perdería, tanto como los límites, pudiendo ambos involucrar sentimientos, lo cual no conlleva a la sanación, sino más bien a la confusión”, tema que también incorpora “Seis sesiones de sexo”.

"No existen este tipo de terapias en Chile, por lo menos no formalmente ya que legalmente podría ser considerado incitación a la prostitución", explica, en tanto, Michelle Thomas, directora del Centro de Estudios de la Sexualidad en Chile (Cesch).

Asimismo agrega que en el país "aún es muy poco frecuente el trabajo corporal con los pacientes en sexualidad y debe ser hecho con mucho cuidado por la fragilidad emocional y psíquica de los pacientes y por los límites que se deben cuidar en la terapia".

 El transcurso de las sesiones

Todo comienza cuando el especialista diagnostica una disfunción sexual o un tipo de trauma en el paciente. Luego se desarrollan alrededor de tres sesiones en que el paciente aprende a relajarse y a comunicar sus gustos, la exploración de su propio cuerpo y algunos masajes de estimulación.

Superada esa etapa, comienzan a trabajarse las técnicas de besos y cariños hasta llegar, si la situación del paciente lo requiere, a los ejercicios prácticos con penetración. A la vez, las terapeutas o sustitutas enseñan cuáles son las sensaciones que pueden sentir durante el encuentro, pero dejando en claro que el paciente puede replicarlo con otras personas. El proceso, además, le entregaría seguridad y confianza y eliminaría los temores respecto a su vida sexual.

Bórquez advierte que “éstas terapeutas tienen cierta formación en sexualidad y formas de dar placer y contener, lo cual, lamentablemente no es una realidad en nuestra sociedad, por lo que me pregunto, ¿qué pasa con los pacientes cuando encuentran una pareja sexual?, probablemente esperarán a un ‘profesional sexual’, en vez de a otro ser humano”. Entonces, quien acude a estas sesiones debe aprender a conocerse a sí mismo y buscar el placer en pareja o en soledad.

El área de los traumas psicológicos que se combinan con los sexuales, como es el caso del protagonista de “Seis sesiones de sexo”, también es incorporado durante las terapias y se intenta conseguir una superación conjunta. Sin embargo, la psicóloga Bórquez llama a no generalizar la realización de la terapia sino a identificar las causas que derivaron los problemas.

“Las causas de las disfunciones sexuales pueden ser orgánicas, psicológicas o una combinación de ambas. En el primer caso, muchas veces aparecen a modo de síntoma de algún trauma, ya sea por algún tipo de abuso, significación de la sexualidad o por mandatos sociales moralistas. Estos temas deben ser tratados en profundidad porque impiden que la persona que sufre de la disfunción pueda disfrutar de una sexualidad sana, pero esta no es la única esfera de su vida que probablemente se encuentra afectada”, expresa.

Y no sólo el paciente recibe los efectos de someterse a un entrenamiento sexual práctico. Los sustitutos sexuales muchas veces tienen pareja y su propia familia, entonces “para realizar este trabajo, deberían escindirse (mecanismo de defensa en el cual se separan las cosas sin poder integrarlas), lo cual no es sano, suena más bien a lo que les sucede a las prostitutas cuando relatan que son capaces de separarse de sus cuerpos y transportan su mente a otra parte. Me parece peligroso, poco realista y traumático tanto para los pacientes como terapeutas”, según comenta Loreto Bórquez.

Un mecanismo que toma vuelo

Según cifras de la IPSA, actualmente hay alrededor de 50 sustitutos sexuales en Estados Unidos, aunque en los setenta llegaron a ser cerca de 300. Sin embargo, la tendencia de los últimos años se ha centrado en el incremento de mujeres que solicitan la terapia y en los hombres que se certifican como sustitutos sexuales, llegando ellos a conformar entre el 45% o 50% de los miembros de la agrupación.

Incluso en Israel la creación en 1989 de la Tel Aviv Sex Therapy Clinic fue todo un éxito, pese a no tener pacientes mujeres. Hoy el 40% de sus pacientes sí lo son. Y es que esta apertura femenina a buscar la vida sexual plena toma lugar en los países en los que se ofrece el servicio.

El estreno de “Seis sesiones de sexo” en la cartelera chilena de seguro despertará el interés de muchas personas por conocer en profundidad sobre los entrenamientos sexuales prácticos.


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