Álvaro Salas: "Es entretenido vivir alivianándole la vida a la gente"

De que el país tiene mucho tema del que se puede sacar humor y que mejor reírse de las desgracias que amargarse, son algunos de los temas que el humorista conversó con nosotros, sin faltar el chiste corto de por medio.

10 de Julio de 2013 | 08:00 | Por Ángela Tapia F, Emol

A sus 60 años, y 38 de carrera, a Álvaro Salas (embajador de Valparaíso, su ciudad natal y eterno amante de Santiago Wanderers) le pasan diciendo que no tiene las arrugas o patas de gallo que cualquier hombre tendría a su edad. El secreto de su eterna juventud, dice el humorista, se debe a no haber fumado jamás -"solo el humo de los demás"- y por supuesto, el humor.

Desde chico se destacó por verle el lado positivo a las cosas y querer hacer reír al resto. "Carlos Helo" (como el recordado humorista fallecido en 2006), le decían incluso en su familia, donde ya se habían acostumbrado a sus chistes cortos.

Pero no fue hasta que en su carrera de Música conoció al grupo Pujillay, donde logró unir su gusto por la risa y las melodías, logrando con ellos pisar tres veces el escenario de la Quinta Vergara, a lo que se sumarían otras dos presentaciones en solitario.

"Siempre digo que antes que todo, soy humorista. Uno que ha hecho a veces el papel de animador", explica uno de los miembros del recordado trío de "Viva el Lunes", ex compañero de Luis Jara en "Vértigo" y actual conductor en Mega de "Coliseo de Selección", y quien ya posee una larga lista de programas a su haber.

No está ni ahí con que su más reciente programa -y sus temporadas anteriores- busque nuevos talentos humorísticos que puedan ser competencia entre los contratos en casinos y regiones. Para él, solo se trata de nuevos géneros de humor y más variedad para elegir. Al final, como dice, lo importante es que la gente se ría.

"Yo me paseo por los programas de la mañana y son todo tragedia, todo problema y peleas. Nadie nos entrega cosas positivas. Terminas de ver las noticias en la tele y al final del pronóstico del tiempo, una niña bonita te dice que tengas felices sueños y que descanses; y apenas termina de decir eso, parte el programa de las 10 de la noche: '133', 'Esto no tienen nombre', 'Esto en cualquier momento le va a pasar a usted', con los narcotraficantes y los asaltos, que te dejan pegado al techo. Así somos los chilenos", dice riéndose.

Porque pese a las décadas de trabajo y a los nuevos rostros del humor, Salas explica que su reinvención pasa por solo poner atención a lo que sucede en el día a día de los chilenos. "Este país nutre a los humoristas. Si no hay que ser tan vivaracho, es hojear el diario y ver que acaban de haber unas elecciones, con siempre las mismas personas, las mismas propuestas de los candidatos, los mismos reclamos de que la propaganda no dejaba ver los semáforos ni el nombre de las calles. Y pregunté por qué esos carteles se llaman 'palomas'. Y me dijeron que era porque un día, este huevón que sale en la foto te va a cagar. Al final, si a un problema lo das vuelta y lo haces más llevadero", comentó el hombre que también ha dedicado parte de su trabajo a hacer charlas motivacionales.

"Yo no soy un filósofo del humor. No sirvo para hablar de por qué pasa lo que pasa con la risa, solo veo qué cosas nos hacen reír y qué cosas puedes transformar en risa", dice, antes de explicar que la diferencia entre 'lastima' y 'lástima' es el tamaño, y entre 'duro' y 'oscuro', que oscuro está toda la noche.

Una vez que saca las sonrisas, se vuelve imparable: "A la gente le gusta que la hagas pensar. Así que les cuento que tengan cuidado con una viña que hay en Chile, la viña Pelano. El vino Pelano es exquisito. El whisky Pelano, es lejos, el mejor. Pero tengan cuidado con el ron… Y no digo nada más".

-¿Los humoristas tienen alguna forma de enfrentar los golpes? ¿El humor ayuda?
"Obviamente, ser positivo te ayuda. El amor y el humor son los pilares en la vida; te mantienen de pie frente a cualquier vicisitud. El hecho de haber tenido que actuar el mismo día que murió mi mamá y el mismo día que murió mi papá, hizo que después sintiera que cualquier cosa que viniera, la podría superar".

-¿Cómo pasó eso?
"Yo no fui a ninguno de los dos funerales por estar actuando en distintas ciudades con los Pujillay. Mi mamá estaba enferma, podía fallecer en cualquier momento, y lo de mi papá fue más sorpresivo. Ambos murieron el mismo año, con 6 meses de diferencia, el año 85'. Los Pujillay me dijeron, las dos veces, que si quería suspender todo, pero seguí con el show. Mi papá había sido, entre otras cosas, actor de teatro, y siempre me enseñó todo eso del show debe continuar. El público no tenía la culpa. Uno se guarda los problemas y sale a actuar igual".

-Qué difícil debe haber sido…
"Lo penca fue en Arica. En ese tiempo era flaquito, y la gente del público decía: 'Mira, el flaquito que está hablando ahora es al que se le murió el papá'. Pero en ese momento uno no se da cuenta; el escenario tiene una magia especial. A uno no le duele la guata, se te pasa el resfriado y el dolor de muelas cuando estás arriba de él. Creo que eso también ha pasado con lo emocional; cuando he tenido un problema serio o una pena. Es raro, pero el aplauso y las risas es el mejor sedante".

-Hubo una época, en que incluso todo el país habló de ti y se te juzgó. ¿También te apoyaste en la risa?
"Prefiero no hablar de eso. Uno dice cualquier frase, se cuelgan medios, publicando cualquier cosa al otro día.; 'le da lo mismo', 'se le olvidó'. Pero es un tema que de verdad ya no es tema".

-¿Te inspiras en tu propia vida para armar rutinas? 
"Si, hablo de mi contextura física, que mi señora considera que yo soy un bombón, redondo y lleno de licor. Es que yo, como soy un chilenos más, partícipe de todo lo que sucede en el país. Me llamo Álvaro Salas, no tengo nombre artístico. Porque soy el mismo arriba del escenario que abajo; que va al estadio, que hace un asado con los amigos… No subo al escenario a representar un personaje, soy yo mismo. Así que los problemas de la gente son mis problemas también".

-De los problemas del país debe hacer mucho material que sacar, ¿no?
"Yo parto la rutina en vivo a hablando justamente de que somos un país sufrido, un país largo, angosto, con terremotos y tsunamis; sin términos medios. Somos el único país del mundo donde la gente que muere de alzheimer queda sepultada en el Parque del Recuerdo… Protestamos por todo, porque estamos enojados. Por eso, el domingo, algunos están aburridos en la casa, así que van al zoológico y agarran a piedrazos al guanaco, porque están en contra".

"Somos un país especial. Obvio que el terremoto fue una tremenda tragedia donde murió tanta gente. Pero pasado un tiempo, ya estamos todos de pie, saliendo adelante, y todavía estamos asustados. El otro día estaba conversando con un vecino y vi que venía la mamá, así que le dije: 'Vecino, mire, ahí viene su mami'. Y partió para el cerro. Quizás qué escuchó…".

-Una bonita forma de ir dando vuelta las páginas…
"La gente busca eso y por eso está dispuesta a pagar su entrada e ir a vernos a un casino. El otro día, una señora le decía a su marido a la salida de un show mío: '¿Viste? Te dije que con este huevón nos íbamos a la segura'. Y lo sentí como un gran elogio".

-¿Dónde está el lado serio de Álvaro Salas?
"Tiene que haber uno (ríe)… Ser papá es complicado. Tengo una hija (Catalina) y ahí hay que ponerse serio. Ahí no cabe el humorista. Cumplió 19 años hace poco, y hay que ponerse estricto con los permisos y los horarios".

-¿Hija única?
"Sí, y muy regalona. Ella sabe que conmigo lo consigue todo; la mamá es más estricta que yo. Pero tengo que ponerme serio no más. Ella sabe que cuando el papá le habla en serio, es porque la cosa no tiene vuelta.
"Le he conocido dos pololos hasta ahora, y siempre le dicen que creían que yo era más chacotero. ¡Pero no puedo ser así con ellos si salen con mi hija! Por suerte, no he tenido problemas".

-¿Qué le falta a tu vida? ¿Ser abuelo?
"¡Ah, déjame tranquilo, por favor! Me falta ver campeón a Wanderers, que es mi otra pasión, y poner la fecha de retiro de mi carrera. El otro día pensaba, ¿cuándo se jubila un humorista? ¿Cuándo se aburre la gente de uno? Pero si hay salud y aún hay contratos, hay que seguir. Uno ve a don Francisco y al tío Valentín (Trujillo), y siente que queda para rato todavía".

-¿Cuál es tu vicio privado?
"Soy coleccionista de llaveros. Donde voy compro alguno de recuerdos y también le encargo a la gente que viaja. Aún no he tenido el tiempo de ver cuántos tengo, pero estoy seguro que debo tener unos mil 500. De pasiones, me encanta hacer crucigramas, soy seco; y tocar guitarra, que la echo al auto a todos los asados o reuniones con amigos. Canto para ellos cuando la cuestión se pone fome. La guitarra enciende todo al tiro".


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