Tomás Cox: "Me dicen que me chasconee, pero difícil, soy pelado"

El periodista, productor de eventos tiene una marcada devoción por el deber laboral, lo que incluso le ha hecho decidir vestirse siempre de azul y estacionar hace años en un mismo lugar, con tal de no perder tiempo en pensar otras cosas. “Me educaron y me formé en la disciplina de hacer las cosas bien, por amor y pasión, ¿estamos claros?”, dice desafiante.

25 de Junio de 2014 | 08:15 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Claudio Caiozzi, El Mercurio.
“Yo no ando turisteando por la vida, no ando paveando”, dice Tomás Cox (63 años, @tomascoxf), que llega recién duchado –su segunda ducha del día- a las 5 de la tarde, vestido -como siempre- de azul impecable y con su agenda en la mano, una atiborrada de anotaciones y compromisos.

El periodista, productor de eventos, conductor  radial y desde hace un tiempo charlista para emprendedores, dice que no funciona sin anotar todo lo que debe hacer y que gracias a ello, puede llevar décadas haciendo su trabajo; 18 años en La Red, con “Cara a Cara”, 18 años en la radio –actualmente en El Conquistador, con “Mundo real”; y sobre todo, su actividad estrella, los eventos que organiza desde hace 37 años.

Cecilia Bolocco, Marcelo Salas, Marcelo ‘Chino’ Ríos, Pamela Díaz, Horacio de la Peña y Gonzalo Cáceres han sido parte de sus clientes mediáticos al pisar el altar, lo que ha significado, como dice, tener a la televisión encima y a millones de televidentes invitados al mismo evento. “Esto no es estrés, es presión, y yo no le tengo miedo a eso. Al contrario, me gusta. Prácticamente, a mí casi me tocó inventar los eventos comerciales y sociales en Chile, pero fue por necesidad, por la misma que partí a los 17 años trabajando como camionero, lavando platos y en supermercados. El trabajo ennoblece”, asegura este descendiente de escoceses, padre de cuatro hijos y abuelo de tres nietos.

-¿Cómo lo haces para llevar por tantos años un ritmo de vida tan acelerado?
“Es rápido, que no es lo mismo que acelerado. Recibí en mi casa paterna una muy buena educación, tengo disciplina absoluta, soy perseverante y tengo una extraordinaria salud. No me he enfermado nunca de nada y me cuido. Nunca he fumado en mi vida nada. No tomo nada de nada y hago elongaciones desde hace 21 años, 8 minutos todas las mañanas en mi casa. Además, no hago tonteras.

-¿Qué tonteras?
“Comer tonteras, pasearme bajo el sol, trasnochar –a menos que tenga que trabajar-. Y trabajo mucho y me cuido mucho. Y cuando me dan ganas de hacer tonteras, me aguanto. No tomo café ni té. Tomo leche y agua mineral sin gas. Hace mucho tiempo arranque del azúcar y la sal. Yo quiero trabajar y vivir muchos años, 35 más. Tengo 63, trabajo desde los 17, y quiero seguir haciendo cosas, quiero seguir amando a mi familia, ver a mis nietos casados, a mis bisnietos casados, y seguir a mis cuatro hijos hasta el final del mundo. Yo soy un entusiasta de la vida”.

-Pero, ¿no te cansas?
“No, nunca me he cansado y no voy a jubilar por ningún motivo. Por temperamento, decisión y convicción, quiero trabajar y amar hasta morir. Amo lo que hago, y tengo muy claro que de la radio y la televisión me podrán echar algún día y que no podré dar más charlas cuando no me dé la salud. Pero de los eventos no me echa nadie, solo el que está arriba. Para producir eventos se necesita tener huevos y coraje, porque producir eventos 37 años es vivir en Vietnam. Es para mayores”.

-Pero tú que pareces operado de los nervios. Cuesta imaginarte gritándole a alguien.
“Es un problema de imaginación tuya. Eso sí, yo no digo garabatos y tampoco mi familia”.

-¿Cómo pasar por Vietnam sin lanzar un improperio?
“Hablando despacito, como Marlon Brando en ‘El padrino’, al oído y mirando cerquita, sin pestañear. Me educaron y me formé en la disciplina de hacer las cosas bien, por amor y pasión, ¿estamos claros? Y eso es lo que pido, todo lo que se pueda en el mínimo de tiempo”.

-Se dice que eres exageradamente estructurado en tus hábitos. ¿Es cierto?
“Es que si en la vida laboral que tengo no soy estructurado, no puedo hacer todo lo que hago. Me ducho, en promedio, tres veces al día. En la mañana, en la noche, y después de algunas actividades cuando son muy potentes. Una pasadita por agua hirviendo, cambio de ropa y quedo como nuevo. Siempre, pero siempre, me visto de azul porque es cómodo y elegante. Me sirve para los eventos, para grabar en televisión, para ir a la radio, para reuniones con los clientes, para dar esta entrevista, para ir a una visita en terreno; es práctico. Tengo un clóset diminuto y todo es azul. No voy a perder tiempo pensando en qué me voy a poner, la cabeza es para las ideas. Lo mismo me pasa con el estacionamiento. Con la agenda que tengo, no puedo llegar al subterráneo de un hotel a pensar dónde me voy a estacionar. Aquí, en el Hotel Director, donde se graba ‘Cara a cara’, me estaciono en el número uno y siempre el uno”.

-¿Te alegan este tipo de cosas en tu casa?
“Sí, me dicen que me desordene, que me chasconee, pero es un poco difícil porque soy pelado desde los 20 años. Me piden que haga cambios, pero eso tiene relación con el ser, no con deber ser. Mis hijos me dicen que soy muy exigente conmigo mismo y con los demás, pero me sale del alma querer las cosas bien hechas.
“Mi mujer me dice que hasta cuándo me vestiré de azul y yo le digo, cariñosamente, que hasta que me muera. Así que cuando me entierren, capaz que me vistan de rojo”.

-¿A tus hijos les has traspasado tus manías y disciplina?
“Naturalmente. Mis hijos ya están grandes, y muy capaces y emprendedores, y ninguno de los cuatro (Rita, Tomás, Florencia y Benjamín) se dedicó a mi actividad, lo que agradezco, porque no es vida, salvo que uno sea raro y yo soy raro. Raro, pero enfocado. Mi vida no es normal, pero la amo.
“Cuando tenía 17 años, yo quería irme a Hollywood y ser doble de películas de acción. Pero nunca imaginé que mi vida iba a tener la acción que ha tenido en los últimos 40 años, mucho más que una película, porque esto es la vida, es la realidad, produciendo la ‘Noche Alba’ por casi 28 años, el Año Nuevo Entel por casi una década… El feroz, increíble, impresionante. Es crear, jugarse el pellejo, jugarse la marca, jugarse el nombre, es dar trabajo, es en directo; es llegar a millones de personas a través de la televisión. Producir un matrimonio con televisión en directo, 80 puntos online, es un riesgo. Un error es el fin de mi carrera”.

-Y como abuelo, ¿eres exigente o malcrías?
“Soy lo más cariñoso posible y también los educo. Los veo tres veces a la semana y hablo con ellos todos los días. Me ocupo de ellos.  Hoy en día, en que los papás trabajan tanto, la presencia del tata es fundamental. Además, si me saco la contumelia 14 horas diarias, lo mínimo que puedo hacer es tener 15 minutos para ver a mis nietos que son de mi sangre. Si no, la vida no vale la pena”.

-De repente, ¿no te dan ganas de hacer una locura?
“Sí, pero, ¿sabes qué?  Como me he sacado la contumelia -como millones de chilenos-, yo no hago lo que tengo ganas, hago primero lo que debo hacer, y solo si hay tiempo, lo que tengo ganas. Primero el deber, siempre, contra viento y marea. A veces la gente se deja llevar por las apariencias, porque ven a Tomás Cox el domingo, de azul, muy despejado, muy fresco, y deben pensar que los eventos se producen por teléfono o quemando a mis equipos, y que estoy en mi cama ganando plata, pero no es así. Yo me saco la mugre y estoy en vivo en todas”.

-Hablas mucho del deber, ¿dónde está tu pasión?
“En la vida, en el amor, en tener una familia lo mejor posible, armada, unida. Amo las comunicaciones; nadie me llamó para hacer televisión. Yo fui a La Red sesenta veces en un año, hasta que me dieron la oportunidad. Y me ofrecí en la radio hace 18 años para que me permitieran hacer algo. Y en el minuto en que me dieron la opción, no la solté más. Yo no arranco del trabajo, lo persigo. En la radio, todos los días doy mi teléfono, mi número es público, 98210876. Lo tienen grabados miles de chilenos”.

-¿Te llaman para molestarte?
“Me llaman todos los días, pero no para pitanzas. Me llaman clientes potenciales, auditores, televidentes, proveedores, y enamoradas por la televisión”.

-¿Te invitan a salir las enamoradas?
“Claro, también a salir (ríe). Me dicen que me regalan viajes a Europa con todos los gastos pagados, autos y cosas raras. Pero eso era al principio, los primeros cinco años que salía en televisión. Después se dieron cuenta que yo no funciono así y se aburrieron. Pero eso le pasa a todo el mundo que trabaja en la televisión”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Como manía, tengo que mi auto no se lo presto a nadie; es personal, como la escobilla de dientes o la mujer, no se presta. Después te lo devuelven distinto, con un ruido, con el asiento raro…
“Tengo dos cosas que podrían ser cábalas. Esta peineta (saca un pequeño peine de plástico café) la tengo en el bolsillo derecho del pantalón desde hace diez años. La lavo todos los días, claro, pero siempre la ando trayendo. Y esto (saca una servilleta de género del bolsillo de atrás), lo mismo”.

-Andas bien preparado parece…
“Sí, y en mi auto tengo de todo, cepillo de dientes, toalla, champú, todo lo que se puede necesitar en una emergencia para andar siempre impecable”.
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