Felipe Braun: “Mis deudas son con mi vida”

El actor cumple 20 años en televisión, alcanzando una satisfactoria carrera que se ha igualado en el teatro. Sin embargo, hoy, siendo padre, asegura que ya dejó de “correr en la carrera” profesional y quiere dedicarle más tiempo a su familia. “No creo que exista el papá perfecto, pero hay que tratar (de serlo)”, comenta.

09 de Julio de 2014 | 08:16 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Carla Dannemann, El Mercurio.
Mucha agua ha pasado bajo el puente desde que Felipe Braun (@felipebraun1) apareció por primera vez en televisión, para ser más exactos, en la teleserie “Rompecorazón” (1994). “Partí muy chico a los 22 años. Ya soy otra persona. Mi manera de mirar el trabajo es muy distinta. Si tengo 43 años ya”, dice este actor que precisamente este 2014 cumple 20 años contando historias en novelas.

Del flaquito que hacía papeles de cabro simpaticón queda poco ya. Entre medio, alcanzó la fama internacional con su personaje Ariel Mercader, en “Machos”, comenzó un exitoso proyecto cultural, Lastarria 90, con su entonces socio –y hoy ex ministro de Cultura- Luciano Cruz-Coke, dándole la oportunidad a decenas de compañías jóvenes de teatro a poder mostrar su trabajo gratis al público.

Se casó, se separó –con mucho revuelo en la farándula a su pesar-, se fue a Colombia, volvió, y hoy está entregado al teatro y a sus videos de cocina en su canal de YouTube, donde, al igual que en Instagram, enseña novedosas recetas, como parte de un amor culinario que ha sido traspasado casi como tradición de su padre.

 Pero sin duda fue la llegada de su primer hijo, Juan, hace un año y tres meses, lo que más ha remecido la vida de este hombre de ojos azules, que hoy interpreta a un villano marido en la teleserie de las tres de la tarde de TVN, “Volver a amar”.

-¡Tanto tiempo ha pasado! Uno no se da ni cuenta que ya han pasado veinte años.
“Yo me doy cuenta todos los días (ríe). Me miro al espejo y me doy cuenta. Además, es típico para los actores que de vez en cuando muestren en televisión un video de uno a los 20 años, totalmente diferente. Y la mayoría de la gente no se topa con la edad de esa forma tan dramática”.

 -Eras bien flaquito en esa época.
“Claro. De hecho, el problema que tenía es que no me quedaban los personajes por ser tan flaco. Trataban de hacerme personajes de galán, pero uno no puede ser así de flaco y galán. Además que soy medio orejón, así que no tenía por donde. Al final terminaba haciendo los papeles de cabro buena onda”.

-Bueno, pero eso cambió. ¡Mírate ahora!
“Saqué algo de músculo y de guata también, lo que ayudó bastante (ríe). Desde ‘Machos’ en adelante pude acceder a papeles más protagónicos. Siempre he dicho que Ariel Mercader fue súper importante para mi carrera. No solo por la locura que se creó después que le fuera bien y partimos hasta a España a promocionar la teleserie. Fue muy bonito que mi personaje pegara tanto. Me acuerdo que recibí cartas de todas partes del mundo, de Bulgaria, Israel, Costa Rica, Panamá…”.

-¿Eso era normal?
“Que llegaran de Chile, sí. Sobre todo al principio, cuando era más chico. Ahí me llegaban cartas de amor o cosas siempre buena onda. De España, a propósito de Ariel Mercader, recibí una muy bonita de un chileno que era gay, que estaba viviendo allá. Me decía que a él le había pasado una historia parecida a la de Ariel, pero que no había querido volver nunca a Chile. Y que gracias a la teleserie, se estaba animando a volver.
“Otra historia fue la que me pasó un día en la calle, cuando una mujer con dos hijos chicos me detuvo para felicitarme. Me contó que su marido era gay, que se había dado cuenta tarde, y que no había encontrado un ejemplo de homosexualidad que no fuera maqueteado ni que se prestara para la burla hasta entonces. Y que mi personaje le había ayudado a mostrarle a sus hijos que no había nada de malo con que su papá fuera gay”.

-Veinte años apareciendo en televisión te ha traído el cariño de la gente. ¿Cuál ha sido el lado malo? La otra vez se te vio súper enojado con una periodista de “Primer plano”…
“Yo ni siquiera estaba enojado, así que le pedí el micrófono, me lo pasó y lo tiré para el lado (ríe). Es divertido, porque yo nunca he tenido problema con dar entrevistas, porque entiendo que mi trabajo, que es actuar, me involucra con la gente. Pero eso llega ahí; mi vida personal no. Lo que viví ahí fue un hecho de matonaje simplemente, de acoso. Yo tengo el derecho a no hablar de ciertas cosas si no quiero, y hasta ahí debiera llegar la persecución en la calle. ¿Cuando más tienen que seguir insistiéndome? ¿Cuántas cuadras tienen que caminar conmigo? ¡No tienen límites!”.

-¿Matonaje? ¿Tanto así?
“Claro que sí, un matonaje mediático, un mundo de locura, donde los gallos dicen: ‘Si tú no haces lo que yo quiero, si no te metes en la polémica que yo quiero, te hago mierda’. Es súper fome, pero me da lo mismo. Gracias a Dios no veo esos programas, así que todo lo que me llega es lo que me cuentan. Ya sé que me van a hacer mierda, así que chao. Di vuelta la página al otro día y me reía”.

-¿No te molesta que en la tele se opine de tu vida?
“Es que mi vida real no está ahí. Lo que se habla en la farándula no es mi vida, es algo tan lejano como los personajes que hago, así que simplemente no entro en ese juego, no es mi mundo. Yo considero que los programas de farándula son una porquería y la gente se da cuenta de eso, que están tratando de sacar dinero de la forma más asquerosa, metiéndose en la vida de las personas. Pero si uno empezara a creer de base todo lo que se dice ahí, sería alguien muy ingenuo. Mi vida es súper normal y tranquila desde hace muchos años. No me siento presionado por absolutamente nadie. Mi vida la hago como quiero. No me importa lo que digan en otros lados, me interesa mi familia.
“Para mí, la televisión es pura buena onda, porque me permite vivir de mi profesión. Ese supuesto lado malo de ser conocido, no es tema para mí, no existe en mi vida”.

Desde que Felipe regresó de Colombia, donde participó en “El capo” (Fox) y “Vengadores” (Sony), ha logrado excelentes ratings con las novelas de la tarde de TVN. Después de hacer al galán en “Solamente Julia”, hoy interpreta al villano Franco Andrade, de “Volver a amar”, un papel bastante fuerte que lo muestra como un agresor psicológico y físico de su esposa, María Paz (Adela Secall).

“Es terrible, pero lo paso súper bien haciendo al personaje. Llego súper relajado a mi casa (ríe). Hago un descargo de energía impresionante. Pero claro, la trato horriblemente (a María Paz)”.

-¿Satisfecho de que 20 años después te siga yendo bien en el rating?
“Sí, pero eso es tan relativo. Hoy estoy así, mañana puede que no me vea nadie, y puede que después haga otro ‘Machos’. El otro día una actriz joven me comentaba que estaba súper preocupada con el tema del fracaso. Ese es un asunto súper complejo para los actores, porque todos entramos con miedo de si somos buenos o malos”.

-¿Y qué le dijiste?
“Que da lo mismo, porque en la carrera vas a pasar por todo; un día te van a querer y al otro nadie te va a ver. Por eso, para mí, el orgullo no está ahí, sino que en pensar que han pasado 20 años, que he hecho mil historias y que sigo lleno de energía para seguir contando más. No puedes basar tu carrera en el éxito de sintonía, porque te puedes ir a la cresta”.

-¿Qué te queda por hacer en tu carrera?
“Las deudas ya no son con mi carrera, mis deudas son con mi vida. Le dediqué mucho tiempo al trabajo y hoy quiero disfrutar más mi vida, de mi familia. Gozo más ir al sur, donde tengo una casa, me gusta sacar fotos. Ya dejé de correr la carrera, ya no quiero seguir corriendo, quiero hacer cosas que me gustan. No me interesa ganarle a nadie. No tengo ganas de hacer grandes películas, sino que cosas que me motiven personalmente. Es algo que he venido sintiendo hace años ya, aunque la llegada de mi hijo me cambió la vida”.

-¿Cómo ha sido este año y tres meses de papá?
“Una alegría. Los hijos son puro amor. Ahí estoy cocinándole y dedicándole el tiempo que puedo, estoy muy contento. Tengo una familia muy bonita, estoy feliz. No puedo decir nada, creo que es una suerte. Me hago cargo de cambiar pañales y trato de disfrutar de esta etapa en que es una guagüita que te adora y te necesita todo el día, es una delicia. Después supongo que será más complejo. Uno entiende mucho a los papás cuando tienes hijos. Todo lo que digo parecen puros clichés, porque todos pasamos por lo mismo, pero es bonito sentirlo. No creo que exista el papá perfecto, pero no sé, hay que tratar”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Mi pasión es el rugby. Hoy no puedo jugar, porque por mi trabajo no me puede pasar nada, pero sigo entrenando con los mismos viejos de siempre. Ya estoy en una categoría senior, pero he jugado desde chico. Mi papa fue seleccionado nacional y capitán de la selección. Y mi hermano aún juega. Es algo familiar que siento muy cercano”.

-Un deporte algo rudo para la profesión de actor, en la que hay que cuidarse tanto el cuerpo y el rostro…
“Hoy en día hay muy pocos lesionados en el rugby. Claro, te puedes dañar la cara porque hay golpes que te pueden romper la nariz. Yo me la quebré dos veces. Pero nada, me la arreglaron y la tengo perfecta. La primera vez me quedó mirando para otro lado. Por eso,  cuando empecé a hacer teatro dejé de jugar.
“Hay varios actores que han jugado rugby, entre ellos, el Benja Vicuña. Pese a ser un deporte arriesgado y un poco violento, es lindo porque cuando entras a la cancha, dependes mucho de los otros jugadores- dejarte solo, en el rugby, puede llegar a ser hasta peligroso-. Así que está muy presente el compañerismo. Toda mi familia ha estado influenciada por esto, mi papá, mi hermano y mi hijo”.

-¡Pero si tu hijo tiene un año tres meses!
“Sí, pero obviamente, lo primero que haré será hacerlo jugar”.
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