Erto Pantoja y su paternidad a los 54: “Nada de dramatismos”

El actor acaba de ser papá por primera vez, hecho que lo tiene sonriente, enamorado y trabajando a tope. “Siempre que me preguntaban si iba a tener hijos algún día, y aunque no sabía cuándo, siempre sentí que era algo que quería hacer”, confesó este tomecino y sobrino de Cecilia, la Incomparable.

13 de Agosto de 2014 | 07:58 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Manuel Herrera, El Mercurio
“No paro de trabajar. Es que acabo de tener un hijo y los niños siempre vienen con marraqueta”, explica Erto Pantoja a la salida de la presentación a la prensa de “Sudamerican Rockers”. De esta manera, este destacado actor de teatro, cine y tv, explica por qué su agenda laboral está copada, debiendo arreglárselas para ayudar a cuidar a su guagua, Manuel, de solo 8 meses.

Esta noche aparecerá en pantalla a través de la serie de Chilevisión que repasa la historia de Los Prisioneros, haciendo de “Carlos”, el vecino de Jorge Gonzalez y padre del primer amor del vocalista. Además, acaba de terminar de grabar la ambiciosa serie “Sitiados”, ambientada en 1598 y se prepara para el montaje de “Tres tristes tigres”, junto a Remigio Remedy y Paty López, y dirigida por Willy Semler.

Todo esto, tras llegar hace poco de Washington -donde presentó “La muerte y la doncella”, en compañía de Antonia Zegers y César Sepúlveda, bajo la dirección de Moira Miller- y de terminar de filmar la película “Un hombre demasiado interesado en la política”. A partir de esto se entiende a la perfección a lo que se refería con “la marraqueta” este hombre de 54 años, oriundo de Tomé, que no tiene reparos en contar que él y su tía Cecilia, la Incomparable, son las ovejas negras de la familia Pantoja.

Intentando hacer este resumen de su presente, Erto da prueba de sus cerca de 30 años de carrera en su propia personalidad. Basta que converse un rato para mostrar todo un histrionismo, acompañado de brazos y manos, para explicar entre chistes y carcajadas cómo le ha cambiado la vida desde la llegada de su pareja, la directora artística Julia Moreau.

“Siempre que me preguntaban si iba a tener hijos algún día, y aunque no sabía cuándo, siempre sentí que era algo que quería hacer. Y me tocó encontrarme hace un año y medio con Julia en un largometraje al norte de Chile. Yo solo me quedaba nueve días allá. El último día, nos miramos y ¡pum! Me vine a Santiago y fue teléfono, teléfono y teléfono hasta que ella llegó, se bajó en el aeropuerto, se vino a mi casa y no nos separamos nunca más. En un año y medio construimos este Manuel, que también es su primer hijo, y estamos maravillados”.

-¿Cómo es esto de ser padre a los 54 años y por primera vez?
“Yo nunca he tenido ningún rollo con la edad. Por ejemplo, en mi casa nunca tuve espejos hasta que llegó mi mujer a vivir conmigo. Pero antes, ni me miraba antes de salir y era normal que me dijeran que tenía pasta de dientes en la boca, porque ni me fijaba. Y cuando quedamos embarazados con Julia, fue algo muy repentino, pero se me hizo algo absolutamente natural que Manuel haya llegado en el momento en que lo hizo. Fue algo preciso. Si hubiera sido 20 o 30 años atrás, yo habría estado con una serie de pájaros en la cabeza, de ir para allá, para acá. Pero en estos momentos, mi hijo no me resta nada de lo que yo hubiera querido hacer”.

Y las cosas que Erto ha querido hacer y ha logrado, no son pocas. Luego de egresar de la Católica –tras haber desechado ingeniería química-, se fue a trabajar como actor de teatro a Argentina y a Italia. En Chile, de sus papeles en las tablas que más destaca está su trabajo como Víctor Jara, con la propia Joan Jara revisando paso a paso su trabajo. “Hay que tener coraje, para que te vaya a ver la viuda del emblema y que te mire cada movimiento”, comenta.

Se entusiasma y hasta recuerda algunos diálogos al relatar su trabajo con Andrés Pérez, tanto en “Tomás”, dirigida por Pérez y escrita por Malucha Pinto, como en “La Huida”, la obra póstuma del destacado creador del “Gran circo teatro”.

En pantalla, su trabajo no ha sido menor, con decenas de teleseries y series, a lo que se suman sus papeles en cine, teniendo entre sus favoritos al “Sargento Ferrer”, en “Mi peor enemigo”. “Tengo varias joyas”, dice contento.

“A veces, la gente que tiene hijos muy joven puede sentir que quedaron pendientes cosas en su vida, proyectos que querían hacer. Pero yo, teniendo a mi compañera al lado, ya me siento resuelto y mi mujer también. La solidez que le voy a entregar como padre, como hombre, como ser humano, es de un tipo que está plantado, sólido. Así que es bellísimo”.

-Un hombre con su vida armada…
“No creas. Nunca se sabe si la vuelta de la esquina, todo puede cambiar. Pero la paternidad sí me pilló más resuelto, y eso es en parte lo que más me ha gustado de todo esto; que haya llegado no a destiempo. Ha sido bueno para Manuel también, porque si me hubiera llegado a los 27 años, pobre Manuel y pobre de mí. Nos habríamos quedado debiendo tiempo, y yo le habría debido madurez y soporte emocional y económico. Hoy agradezco que haya ocurrido ahora, aunque claro, mi papá y mi mamá ya murieron, y ella lo único que quería era un nieto, hijo mío, pero estoy seguro que lo ve. De hecho, tengo un viaje pendiente a Tomé, a la tumba de ella. Ya fuimos con Julia, pero ahora queremos ir a decirle ‘aquí está Manuel’”.

-¿Qué te gustaría transmitirle a Manuel?
“No sé. De momento, la volada que tengo con él es la de verlo. Porque al hacerlo, también me veo yo. Jamás seré de esos papás que les imponen cargas a sus hijos, tratando de sanarse a través de ellos, para nada. Creo que con los padres hay que tener piedad solamente. Cada uno de nosotros somos capaces de agarrar un cuchillo y matar a alguien, y después excusarnos en los errores de nuestros papás para justificar nuestros errores y atrocidades de hoy. Todos tenemos daños, nadie se salva. Yo lo tuve más con mi padre que con mi madre. Ahí hay un cuento, pero solo tengo piedad absoluta y nada de dramatismos. Por eso, hoy con Manuel me pasa solo que me veo en él. Y nos amamos tanto con mi mujer que nos abrazamos los tres y él despierta y no hace nada, solo recibe amor y disfruta de la vida, de respirar”.

-Bueno, estás más que chocho.
“¡Estoy maravillado! No sublimo tampoco las cosas diciendo ‘¡mírenme, miren a mi hijo que lo tuve a los 54!’, no. Solo gozo de la vida gratamente y estoy feliz. Me levanto contento en la noche a darle sus dos papas”.

-Cambiando de tema, ¿es verdad que tú y tu tía Cecilia son las ovejas negras de la familia Pantoja?
“Artísticamente, sí. Hay otras cosas que no puedo contar (ríe), pero sí, somos las dos ovejas negras. Ella es maravillosa. Estoy orgulloso de mi tía. ¡Grande, diva, tremenda! Hace un año y medio atrás, la SCD le rindió un homenaje ella y al Buddy Richard. Mi tía me invitó y fui a verla. Y antes de subir al escenario, la ayudaron a pararse del asiento y se fue lento, caminando hasta el micrófono. De repente, empieza la música –que tocaba el tío Valentín (Trujillo) al piano y Carlos Corales a la guitarra- y ella se desató, inundó todo. ¡Es un monstruo!”.

-¿Ella también es de Tomé?
“Sí, es hija de mi tío abuelo Fernando Pantoja, hermano de Erto Pantoja, que es mi abuelo y por eso mi nombre. Los hermanos de mi abuelo se llamaban, además de Fernando, Luzberto, Luzbel, Arcadio, Eglantina… Por suerte no me tuve que cambiar el nombre para ser actor. Siempre digo que soy Erto no más. Total, ¿qué otro Erto va a haber?”.

-¿No se barajó algún nombre familiar para Manuel? ¿Manuel Luzberto?
“(Ríe) No, sentimos que él mismo se nombró. Ya antes de nacer dijo, ‘¡Manuel!’ (ríe). Tú lo ves y es Manuel”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Cocinar, me encanta. De hecho, en mi casa yo cocino la comida de todos los días, y la del Manuel. Le hago zapallo con pollo, carne, zanahoria, acelga… Lo que más me gusta, aparte de comer, es el acto de cocinar, que parece una danza. Tienes colores con los vegetales, y mientras estás en algo, te vas a revolver esto otro, y luego a lavar algo, cortas aquí, aliñas allá (hace la mímica culinaria mientras baila una especie de vals), la olla allá, abres el refrigerador… es todo un sistema. Tengo varios platos estrella, lentejas con choritos, garbanzo con camarones, cazuela, costillar al horno y el risotto de piure que inventé”.

-¿Algún dulce?
“No, de dulce nada. No como dulce, porque mi mamá nos crió a mi hermano y a mí, llenos de tortas, dulces, y queques. Mi papá era obrero textil de Tomé, y era un poco mezquino con su dinero, así que mi mamá aprendió a cocinar cosas dulces y así nos crió. Por eso, cuando iba a un cumpleaños, no era novedad una torta, si tenía todos los días en mi casa. Y así, hasta el día de hoy, paso del dulce y prefiero lo salado”.
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