Blog de sexualidad: ¿Por qué a veces es mejor no forzar las cosas?

Odette Freundlich nos cuenta una historia trágica, pero con un final feliz y una importante moraleja. ¡Léela aquí!

31 de Julio de 2015 | 16:50 | Por Odette Freundlich
Fotobanco
Quiero compartir con ustedes el relato de una paciente que llegó a Centro Miintimidad.

Camila de 30 años de edad, casada hace 5 meses, acudió a nuestro Centro, derivada  por su ginecólogo pues tenía dificultad para tener relaciones sexuales.

"No vas a creer lo que nos pasó", dijo ella.

"Me casé virgen, por una convicción religiosa, después de cinco años de pololeo. Juan, mi marido, había tenido experiencia antes, pero estaba de acuerdo con mi decisión", comenzó.

"Nos casamos en febrero. La noche de bodas intentamos tener nuestro primer encuentro, pero no resultó. Pensé que era por el cansancio que teníamos", continuó.

"Nos fuimos de Luna de Miel a un lugar paradisiaco. Al llegar la noche, nuestra pieza estaba adornada muy románticamente con champagne, frutas, velas y mucho más", detalló.

"Después de un largo juego previo, intentamos lo tan esperado: entregarme a mi marido y perder la virginidad", confidenció.

"No sé por qué pero no resultaba. Lo intentamos muchas veces en la noche, yo le pedía que siguiéramos hasta que resultara. De repente, sentí un fluido tibio en mis piernas y pensé que mi himen se había roto. Al encender la luz vimos que nuestra cama estaba llena de sangre y Juan estaba sangrando", relató.

"No entendíamos qué pasaba. Él empezó con mucha pérdida de sangre en el glande del pene. Pusimos varios pañuelos en sus genitales y partimos a la urgencia del hospital más cercano", prosiguió.

"Nos atendieron rápidamente, y el doctor nos dijo que el frenillo del pene se había desprendido y que había que operarlo de inmediato. Algo muy poco frecuente, pero le sucedió a Juan", finalizó.

Camila contraía involuntariamente en forma tan intensa su musculatura vaginal en el momento de la penetración, que impedía el coito y al intentar en forma repetitiva con mucha presión y roce, se produjo la ruptura y desprendimiento del frenillo del pene.

La cirugía fue un éxito. Juan estuvo con abstinencia sexual por 2 meses y Camila comenzó su tratamiento de vaginismo.

Hace un par de semanas está de alta, y finamente lograron consumar su matrimonio con mucha alegría y felicidad.

Una historia trágica, pero con un final feliz y que como moraleja deja un consejos: tengan cuidado con insistir en forma brusca y repetitiva cuando hay dificultad en la penetración vaginal. Intenten primero usar algún lubricante para disminuir el roce y si el problema continúa, por favor consulten con un experto en el tema.

Saludos,

Odette Freundlich, directora de Centro Miintimidad (http://www.miintimidad.cl), kinesióloga especialista en Rehabilitación Pelviperineal y Sexualidad contacto@miintimidad.cl
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