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Frente a la desigualdad escolar: Destacado sociólogo francés asegura que suprimir las tareas para la casa es "una falsa buena idea"

François Dubet es uno de los académicos y autores más influyentes en materia de educación. De visita en Chile para presentar el libro "Pobladores", dio una conferencia donde abordó los desafíos de la justicia social en los sistemas educativos actuales, y revista Viernes habló con él.

25 de Noviembre de 2016 | 16:43 | Por Daniela Pérez G., Revista Viernes
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Ilustración de Edith Isabel

Las visitas de François Dubet son una revolución dentro de las escuelas de sociología y educación. Profesor emérito de la Universidad de Bordeaux, director de estudios en el Centro Emile Durkheim, de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y en el CADIS, el destacado Centro de Análisis y de Intervención Sociológicos de la misma escuela, es, además, heredero de la corriente de pensamiento liderada por Alain Touraine. Su aporte a la construcción de un saber crítico sobre la relación entre las escuelas y la desigualdad social lo ha transformado en una referencia obligada al hablar de estas materias.

A través de diversas publicaciones –traducidas al alemán, inglés, portugués, italiano, español e incluso chino y japonés–, su análisis ha sido clave para develar las ficciones, según dice, de la meritocracia escolar. Y a su juicio, la escuela de hoy forma parte de una lógica competitiva, en la que igualdad de oportunidades no es suficiente para garantizar un escenario justo. Esto, ya que siempre pesan los privilegios, sean de nacimiento o de inteligencia.

¿Por qué la igualdad de oportunidades, como hoy la entendemos, no es sinónimo de una escuela justa?
En las sociedades donde se postula la igualdad de todos los sujetos entre sí y donde además se apela a un acceso generalizado a los servicios de educación, la igualdad de oportunidades es el único modelo de justicia posible. Y este apunta a que todos los alumnos tengan las mismas oportunidades de acceder a las élites escolares, a los puestos de alto mérito. Por esto, en una escuela justa las desigualdades serían aceptables, porque se basarían en el mérito de los individuos. Pero lamentablemente, la realidad dista enormemente del modelo.

¿En qué sentido?
El origen de los alumnos marca mucho su desempeño posterior y la escuela no logra borrar los efectos de esa desigualdad social adquirida de nacimiento. Incluso los remarca. En Chile, Francia y en todos los países, la oferta escolar es desigual: los alumnos de medios sociales favorecidos van a mejores escuelas que alumnos de medios desfavorecidos.

En este contexto, entonces, ¿de qué manera el mérito sería una falsedad?
La meritocracia funciona por el mérito de los alumnos. Un alumno de una ascendencia socioeconómica aventajada tiene mejor desempeño, pero eso se esconde detrás de la idea de mérito, porque se dice que si uno tiene éxito en la escuela se debe a esto.

En ese caso, ¿la idea de una escuela justa no es realmente posible?
No es posible tener una escuela que sea puramente igual en oportunidades, pero se pueden tener políticas que sí la favorezcan. Para esto, creo que hay varias pistas. La primera sería consagrar más recursos a las escuelas básicas, de primera infancia, porque es en ese nivel donde se fundamentan las grandes desigualdades. En segundo lugar, las escuelas populares deberían contar con profesores bien formados, que no es el caso, y tener condiciones de estudio comparables con otras, es decir infraestructura y recursos de calidad. Por último, sería clave que se retrasara la división de los alumnos según su nivel de resultados, al menos hasta los 16 años. En los países más igualitarios es así, porque en vez de pensar en igualdad de oportunidades, piensan en igualdad de resultados.

Su mirada está enfocada en los alumnos más débiles, ¿cómo disminuir la brecha con los más aventajados?
Esta es una decisión social y política. O bien se elige favorecer a los ya favorecidos, es decir a las clases medias, o se elige favorecer a quienes no lo son. El problema no es luchar contra las desigualdades escolares, sino luchar contra lo brutalmente bajo que es el nivel de los alumnos más débiles. Las clases medias o superiores tienen la idea de que si se favorece a los alumnos con peores resultados les bajas el nivel a los mejores. Eso no es verdad. No se trata de poner a todos en el mismo nivel, eso es una utopía, pero la escuela justa sostiene a los alumnos más débiles.

En Chile se ha estado discutiendo la idea de eliminar las tareas escolares porque, entre otras razones, genera desigualdad, ya que quienes tienen padres más presentes o preparados, pueden enfrentarlas mejor. ¿Está de acuerdo?
Pienso que es una falsa buena idea. Es verdad que las tareas crean desigualdades, porque los alumnos de las clases medias las hacen en buenas condiciones mientras que los alumnos de clases populares en malas condiciones o no las hacen. Pero si quiséramos eliminar todo lo que crea desigualdad a nivel de la escuela, entonces habría que suprimir las matemáticas, las clases de ciencias, etc. La solución o una buena idea sería que los alumnos de las clases populares hicieran sus tareas en la escuela y acompañados por los profesores, pero suprimir el trabajo escolar no es la manera de resolverlo.

En su última visita dijo que el país debía enfocarse en la educación pública, ¿ve algún cambio?
Constato dos cosas sobre Chile. Primero, que tiene un sistema escolar muy desigual, esencialmente porque la privatización favoreció las desigualdades, las que derivan más de la cultura de los padres que de sus recursos económicos. Un ejemplo de ello es que en Francia los alumnos que obtienen mejores resultados son los hijos de los profesores y no son los más ricos. En segundo lugar, me parece que en Chile hubo tal degradación del sistema público que las clases populares chilenas perdieron su confianza en la escuela pública. Por lo tanto, prefieren aspirar al sistema privado que movilizarse por una escuela pública de mejor calidad. Esto hace que sea muy difícil tener una política que avance en favor de una escuela pública, porque ni la clase media ni la popular están interesadas.

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