
Protector solar (FPS 50 o más):
Disminuye el riesgo de quemaduras solares, envejecimiento prematuro de la piel y cáncer de piel, las cuales son causadas por la radiación ultravioleta (UVA y UVB). Este debe aplicarse cada 2 a 3 horas y después de nadar o sudar.
Crema hidratante o gel para quemaduras:
Productos con propiedades calmantes, antiinflamatorias y regenerativas. Ayudan a aliviar el ardor, enrojecimiento e irritación producidos por el sol o por quemaduras leves, favoreciendo la recuperación de la barrera cutánea.
Analgésicos (paracetamol o ibuprofeno):
Son utilizados para el control del dolor leve a moderado, fiebre y procesos inflamatorios. Son útiles en casos de cefalea, dolor muscular, golpes o malestar general. Deben usarse respetando dosis y contraindicaciones.
Antihistamínicos para alergias:
Ayudan a bloquear las reacciones alérgicas y reducen síntomas como picazón, urticaria, congestión nasal, lagrimeo e inflamación por picaduras o exposición a alérgenos.
Repelente de insectos:
Ayuda a evitar picadura de mosquitos y otros insectos, reduciendo el riesgo de reacciones alérgicas, infecciones cutáneas y enfermedades como dengue o zika.

Alcohol:
Antiséptico de uso externo usado para limpiar y desinfectar la piel y heridas superficiales, disminuyendo el riesgo de infección bacteriana antes de realizar una curación.

Gasas, parche curitas y vendas:
Es utilizado para limpiar, proteger, cubrir heridas y controlar sangrados leves. Permiten mantener la zona limpia y seca, favoreciendo una correcta cicatrización.

Suero oral o sales de rehidratación:
Soluciones con electrolitos y glucosa que hidratan a la persona en caso de diarrea, vómitos, fiebre o exposición prolongada al calor.

Termómetro:
Instrumento para el control de la temperatura corporal, ayudando a detectar a tiempo fiebre, infecciones o golpes de calor.

Medicamentos base:
Para que pacientes con patologías crónicas no pierdan la continuidad de sus tratamientos.