Grecia derrotó a República Checa con Gol de Plata y jugará la final de la Eurocopa

Un gol de Dellas en el último minuto del alargue, llevó a los helenos a repetir en la final el partido inaugural del torneo, ante Portugal.

01 de Julio de 2004 | 16:55 | El Mercurio en Internet / DPA
Pormenores
Grecia: 1 Nikopolidis; 2 Seitaridis, 19 Kapsis, 5 Dellas, 14 Fyssas; 20 Karagounis, 6 Basinas (72', 8 Stylianos Giannakopulos), 7 Zagorakis, 21 Katsouranis; 15 Vryzas (91', 10 Vassilios Tsiartas) y 9 Charisteas. DT: Otto Rehhagel.

República Checa: 1 Petr Cech; 2 Zdenek Grygera, 5 René Bolf, 21 Tomas Ujfalusi; 6 Marek Jankulovski, 4 Tomas Galasek, 8 Karel Poborsky, 10 Tomas Rosicky, 11 Pavel Nedved (40', 7 Smicer); 15 Milan Baros y 9 Jan Koller.

Goles: 105', Dellas.

Árbitro: Pierluigi Collina (ITA).

Estadio: Dragao (Oporto).
PORTO.- Con un Gol de Plata de Traianos Dellas, en el último minuto del primer tiempo de alargue, Grecia derrotó por la cuenta mínima a República Checa y avanzó la final de la Eurocopa, que disputará este domingo ante Portugal.

Curiosamente se trata de la repetición del duelo que inauguró la presente edición de la Euro, que se jugó el 12 de junio pasado. En aquella ocasión, los griegos dieron la gran sorpresa y derrotaron por 2-1 al local, con goles de Charisteas y Basinas, de penal. El descuento fue obra de Christiano Ronaldo.

La semifinal

Grecia rubricó hoy otra hazaña al clasicarse para la final de la Eurocopa de fútbol tras derrotar a la República Checa con el primer gol de plata de la historia, y se medirá el domingo con Portugal en Lisboa por el título en una repetición del partido inaugural.

Los griegos hicieron un partido perfecto desde su punto de vista. Primero atenazaron a los checos, luego los aburrieron, después los desesperaron y luego los mataron. Traianos Dellas, al rematar de cabeza un corner botado por Vassili Tsartas, fue el ejecutor cuando el reloj sobrepasaba por dos segundos el final de la primera parte de la prórroga.

Los checos no se lo creían. Habían llegado a semifinales con un fútbol rápido y preciso y eran los grandes favoritos. Pero enfrente se encontraron a un equipo que sabe muy bien a lo que juega.

Otto Rehhagel instruyó bien a sus hombres, el equipo salió a hacer su partido y lo consiguió. Maniató las vías de creación checas e impidió las acciones esporádicas de Koller y Baros con los marcajes al hombre de Kapsis y Seitaridis, respectivamente. El sistema podía haber saltado en pedazos en el minuto 3, pero la volea de Rosicky se estrelló en el larguero.

La situación se complicó aún más para los checos con la lesión de Nedved. El astro de la Juventus se golpeó la rodilla con un contrario al intentar un remate, y pese a sus denodados intentos tuvo que abandonar el campo en el minuto 40.

Pasaban los minutos, llegó la segunda parte, y la desesperación comenzó a cundir entre los pupilos de Karel Bruckner, que además del tiro de Rosicky sólo habían creado peligro con dos disparos de Jankulovski que detuvo Nikopolidis.

La labor de adormecimiento del partido de los griegos tuvo tanto éxito que hasta el público se dedicó durante minutos a hacer la ola en plena semifinal de la Eurocopa con 0-0 en el marcador. Los 10.000 griegos siguieron a lo suyo, y los 37 mil espectadores restantes se lo recriminaron con silbidos. En otras ocasiones, los espectadores locales se dedicaron a recordar la victoria portuguesa del miércoles.

La República Checa, contagiada del estilo quebrado de juego impuesto por los griegos, se dedicó a lanzar balones a la cabeza de Koller, pero el gigantón, con Kapsis colgado de su espalda permanentemente, no tuvo su día.

En sus botas estuvo el triunfo en el minuto 80, cuando tras una perfecta y rápida combinación con Rosicky disparó incomprensiblemente fuera cuando sólo el portero se interponía entre él y el gol. Minutos después también lo tuvo Baros, que se escapó por una vez de Seitaridis pero terminó lanzando fuera.

En la prórroga, Grecia completó su trabajo de derribo del mito checo. Los seguidores griegos lo olían, y cantaban con más fuerza que nunca. Giannakopoulos no marcó a los cuatro minutos sólo porque el portero Cech mide una eternidad, pero en el último suspiro Dellas hizo realidad el milagro.

El penúltimo obstáculo está salvado, y el último ya lo conocen. Portugal probó ya la medicina griega en el partido inaugural y ya sabe que necesitará mucha imaginación para destrozar el espíritu sin límites de los helenos y ganar la Eurocopa.
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