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Soldado que torturó a presos en Abu Ghraib justifica los abusos

Lynndie England, cuya fotografía dio la vuelta al mundo, aseguró que su actuar fue consecuencia de estar en medio de una guerra.

03 de Enero de 2009 | 12:46 | EFE
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Lynndie England sostuvo que ella no quería aparecer en las fotos, pero su novio Charles Graner le insistía hasta que ella aceptaba.

REUTERS

LONDRES.- Lynndie England, la soldado estadounidense cuyas imágenes torturando a presos iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib en 2004 dieron la vuelta al mundo, justificó lo ocurrido en una entrevista al diario británico "The Guardian", en la que aseguró que fue consecuencia de estar en medio de una guerra.


"En las guerras pasa lo que pasa. Lo que ocurrió fue que se fotografió y salió a la luz. Mucha gente dice que si nos hubiéramos callado o los hubiéramos matado, no hubiera habido ningún problema", dijo la soldado, que cumplió la mitad de los tres años de cárcel a los que fue condenada por las torturas en Abu Ghraib.


England tiene hoy 26 años y vive en Fort Ashby (Virginia Occidental), la localidad en la que se crió y en la que reside en una caravana junto a sus padres y a su hijo de 4 años, fruto de su relación con el oficial Charles Graner, el único de los siete militares procesados por las torturas que sigue en la cárcel.


Sin trabajo, mucho más gruesa que cuando estuvo en Irak y en tratamiento por depresión, relacionó las torturas con el ambiente general de la guerra. "No sé cómo describirlo. Eran los enemigos. No quiero decir que merecieran el trato que les dimos, pero...", sostuvo al periódico.


También se justificó a sí misma diciendo que entonces era "muy inocente y confiada", y se mostró muy orgullosa de no haber delatado a ningún compañero. "En la guerra, no te chivas de tus compañeros. Nos condenaron a siete, pero créame, hubo muchos más en las fotos", aseguró.


England relató que al inicio de su misión en Irak, como miembro de la 372 compañía de la Policía Militar, se llevaba bien con los iraquíes. "Nos relacionábamos con la gente del lugar, aprendíamos sus costumbres y ellos se interesaban en las nuestras", explicó.


Pero todo cambió en el otoño de 2003, cuando su compañía fue asignada a Abu Ghraib, una cárcel con capacidad para 700 reclusos, pero que albergaba 7.000.


Ella trabajaba en tareas administrativas, pero bajó a los calabozos por iniciativa de Graner y ambos se sorprendieron al ver que el abuso, supervisado por sargentos, era algo normal.


Aseguró que Graner consideró inicialmente que "aquello estaba mal" y que se lo dijo al responsable de su batallón, cuya única respuesta fue "que no había nada malo en aquello".


Sobre la fotografía de los hombres apilados desnudos como una pirámide, frente a los que aparecen unos sonrientes England y Graner con el pulgar de sus manos hacia arriba, recordó que "estaban gritando, decían que nos odiaban, que nos iban a matar".


"Eran de los malos. Igual no formaban parte de la insurgencia, pero hicieron algunas cosas que no debían haber hecho", apostilló su abogado, que la acompañó en la entrevista y que dijo que aquellos hombres "atacaron a un guardia de seguridad estadounidense".


Consultada respecto a si vio alguna mujer prisionera en Abu Ghraib, contestó: "Llegamos a tener cuatro, una de las cuales estaba loca. Tuvieron que llevarla al manicomio".


"Le llamábamos 'lady loba' porque estaba llena de pelo. Gritaba y todo eso", dijo. Recordó que ella se resistía a aparecer en las fotos, pero que Graner, con quien ya mantenía una relación sentimental, le insistía. 


"Era tan insistente. Me decía 'vamos, hazlo por mí, lo harías si me quisieras', y yo aceptaba y le decía que hiciera la maldita foto", afirmó.


"Dijeron en el juicio que las figuras autoritarias me intimidan. Siempre quiero agradar. Dijeron que ésa fue una de las razones por las que Graner me intimidó fácilmente, porque lo veía como una figura autoritaria, así que yo era muy complaciente", explicó.


Hoy su principal preocupación es encontrar trabajo, algo que le resulta difícil porque muchas empresas no contratan a ex convictos, y su principal queja es que no puede acceder a una licencia de armas para cazar: "Eso me aburre y me enfurece".

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