BERLIN.- Alemania se quedó hoy sin un actor de proyección internacional con la muerte de Horst Buchholz, uno de los "siete magníficos" e inolvidable comunista recalcitrante que enamoraba a la hija del jefazo de Coca-Cola en "One, Two, Three".
El actor falleció a los 69 años en una clínica del centro de la capital alemana, no lejos del distrito en el que nació unos diez meses después de la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933, Prenzlauer Berg, entonces barrio obrero y hoy epicentro "moderno" de la vida nocturna del nuevo Berlín.
A principios de los años cincuenta y después de trabajar como doblador, Buchholz tomó clases de interpretación en Berlín y dio sus primeros pasos como actor en algunos escenarios de la capital.
Poco a poco, empezó a hacerse un nombre y logró su primer gran reconocimiento internacional con su interpretación en la película "Bekenntnisse des Hochstaplers Felix Krull" (1957), adaptación de la novela de Thomas Mann titulada en español "Las confesiones del estafador Félix Krull".
Al año siguiente protagonizó "Auferstehung", de Rolf Hansen, junto a la actriz francesa Myriam Bru, quien en ese mismo 1958 se convirtió en su única esposa, con la cual tuvo dos hijos, uno de ellos el actor Christopher Buchholz.
Su condición de políglota -hablada con fluidez inglés, francés, español, italiano y ruso- le facilitó su participación en numerosas producciones extranjeras en los años sesenta, aunque siempre en papeles secundarios.
Ese periodo incluyó su participación en numerosas películas históricas, encarnando a músicos con Johann Strauss, el viajero Marco Polo e incluso el mismísimo autor del Quijote, al que encarnó en "Cervantes" (1966), de Vincent Sherman, con Gina Lollobrígida, José Ferrer y Francisco Rabal.
La cumbre de su periplo de coproducciones fue "The Magnificent Seven" (1960), de John Sturges, en la que interpretó a un vaquero que se distinguía por ser bastante más torpe que los otros seis pistoleros a sueldo -entre ellos Steve McQueen, Yul Brynner y Charles Bronson-, pero también mucho más entusiasta y emprendedor.
Pero el que quizás fuera su mejor papel llegó un año más tarde de la mano de Billy Wilder, que lo eligió para protagonizar "One, Two, Three" junto a James Cagney.
Sin embargo, Buchholz, quien no gozó durante su carrera de los favores de un reconocimiento rápido, tuvo que esperar bastantes años para ser alabado por sus méritos en esa comedia rodada en el Berlín de la Guerra Fría, una producción que hoy se considera una de las mejores del maestro Wilder pero que empezó con mala pata.
A las fuerzas de ocupación soviéticas no les preocupó demasiado la posibilidad de causar molestias a un equipo de cine estadounidense y se pusieron a levantar el muro de Berlín en pleno rodaje.
Algunas de las escenas que tenían que rodarse en la avenida Unter den Linden y en la puerta de Brandeburgo tuvieron que organizarse en un escenario de cartón-piedra montado en un estudio de Múnich.
Eso no afectó a la carrera de Buchholz, pero sí al recibimiento de la película en una Alemania todavía traumatizada por la experiencia de la guerra.
Así, los críticos de cine de la capital constataron con tristeza que Wilder encontrara gracioso lo que a ellos les destrozaba el corazón, pues en un momento en el que la gente saltaba por las ventanas y nadaba por las alcantarillas para atravesar el muro, a la gente no le apetecía demasiado reirse con una comedia en la que capitalistas y comunistas son caricaturizados por igual.
Horst Buchholz, un morenazo que recibió en su país el calificativo de "James Dean alemán", trabajó después en series de televisión en Alemania y en Estados Unidos y siguió alimentando su vocación teatral a ambos lados del Atlántico.
Entre sus últimas intervenciones en el cine figuran "In weiter Ferne, so nah!" (1993), de Wim Wenders, y su papel de doctor Lessing en la aclamada "La vita e bella" (1997), del italiano Roberto Benigni.