La música electrónica se graduó en masividad 19/4/2004

21 de Abril de 2004 | 20:52 |
La música electrónica se graduó en masividad

La noche del sábado en la Estación Mapocho marcó un antes y un después. Casi 7.000 personas asistieron al evento.

Marcelo Contreras 19/4/2004

Hasta las 20:00 horas del sábado, el fatalismo podía hacer presa del Southfest, el masivo festival que convocó en la Estación Mapocho a figuras reconocidas de la electrónica mundial como Sasha, Roni Size, Hernán Cattaneo y Danny Howells. Sólo un centenar de personas circulaba entre el “main arena”, como se denominó al escenario principal montado en el hall de la estación, y en “alternative beats”, la sala del subterráneo.

Quizás esta vez el viejo tema de la impuntualidad en los grandes espectáculos musicales cobró inapropiadamente su precio. Porque, aunque empezó con media hora de retraso, el evento se las arregló para cumplir la pauta horaria de la abultada programación que en el papel se distribuía entre las 17:00 horas del sábado y las 04:30 horas del domingo. Fueron 24 artistas en constante rotación.

Sin embargo, a partir de las 22:00 horas la estación comenzó a repletarse aceleradamente hasta registrar, según los datos de Streetmachine (productora del evento), casi 7.000 asistentes sin las clásicas aglomeraciones que caracterizan a los espectáculos masivos, y con escenas tan sorprendentes como observar a funcionarios de Carabineros conversando tranquilamente con grupos de jóvenes que bebían cerveza en vasos plásticos en la zona del Parque de los Reyes, antes de ingresar al festival.

A las 22:30, Roni Size, el padre del drum & bass, se tomó el subterráneo para imponer su leyenda. El esquizofrénico latido de su música, su gestualidad teatral como un Hendrix de los beats para arrancar aullidos a sus máquinas y tornamesas, y el filo callejero que imprimió en su set de una hora, hicieron de su paso un placer y un hito.

Tan fuerte impresión dejó el músico de Bristol, que al término de su presentación el público prácticamente abandonó la sala, sin prestar atención a las atrevidas jugarretas del argentino Zucker, que mezcló con estilo “Sad but true”, de Metallica; “Work it”, de Missy Elliot, y “Pollo”, de Nirvana.

Paralelamente, Hernán Cattaneo hipnotizaba a la audiencia en el escenario principal con su tech house y sus arremetidas progresivas. Cobijado bajo una gran pantalla oval que, como un ojo gigantesco y caleidoscópico, fue uno de los aciertos escénicos del Southfest, el diyei argentino demostró con garbo por qué juega en la primera división de la electrónica mundial.

Tras una breve pausa, a eso de la 1:00 del domingo, Sasha fue recibido en medio de aullidos, mientras la pantalla gigante proyectaba la imagen de dos banderas chilenas flameando en una secuencia interminable. Calculado gesto populista quizás, muy semejante a la escena del rockero extranjero con la camiseta de la Roja.

Por cierto, la escena parecía un recital de rock, pero no. Era la solitaria figura del galés, que con su elegante set de marcado tinte ochentero reflejaba también la moda ambiente: casi todas las chicas vestían como si estuvieran listas para aparecer en un viejo video de The Go Go’s o Blondie.

Tras el set de Danny Howells, el diyei británico escogido para cerrar el evento, la primera edición del Southfest de Estación Mapocho concluyó a las cinco de la madrugada.

No hay primera sin segunda

En la productora Streetmachine, que hace tres años trabaja montando eventos de música electrónica, sabían que si la idea era graduar en masividad al estilo en Chile, la Estación Mapocho era el lugar para el examen. Teníamos que probarnos en un sitio histórico, donde se hacen los grandes eventos. Si no lo hacíamos ahí, simplemente no lo hacíamos, subraya el productor y diyei Paul Morrison, cabecilla de la empresa.

Según Morrison, el siguiente paso del Southfest es, además de una segunda versión para 2005, ampliarse a Perú y Brasil, tras asentarse el viernes en Buenos Aires y el sábado en Santiago. Las expectativas se cumplieron por completo. Fue mucha gente, y a los artistas les encantó el sonido, el público y, por sobre todo, la estación, que la encontraron maravillosa.

Por tratarse de una primera edición, en Streetmachine prefieren poner el acento en el éxito del evento antes que en las cifras. “No sé si ganamos plata”, dice Morrison. El objetivo era hacer un festival. Estamos desarrollando un mercado. Hay que pensar que en Inglaterra pagas US$ 100 por un evento similar y acá sólo costó US$ 15 por boleto. Sin los auspicios sería imposible pensar en este nivel de diyeis a un precio como el que cobramos.

Lo que viene

La música electrónica está de moda. Una señal de esa tendencia es que se viene un mega evento el 27 y 28 de mayo. Será en Espacio Riesco y se llama Santiago Urbano Electrónico Festival, donde la banda que abrirá es Massive Attack y donde estará el tecladista de Depeche Mode, Andy Fletcher, como DJ. Las entradas cuestan entre $25 mil y $50 mil y se venden en Falabella y Ticketmaster.

Para preparar los ánimos hay alternativas más cercanas. Este viernes, los músicos Richie Hawtin y John Acquaviva llegarán de la mano del Moon Tour 2004, con dirección en el área central de Ciudad Empresarial. Otros diez Dj nacionales completarán la lista musical, que además contará con pantallas gigantes, performances, go­go dancers, tres escenarios y ocho barras distribuidas en el recinto.

Si la preferencia es escuchar sólo electrónica local y en un recinto pequeño, el mismo viernes, en la discoteca Subterráneo, un experimento se llevará a cabo a partir de las 23.00 horas: mezclar música negra con sonidos electrónicos. Tech-hop es la marca, bajo el título Blach & Beats, todo a cargo de Freeman, Dj Roma y Andrés Suau.

Para el sábado 1 de mayo, tres ofertas. En discoteca Plaza Italia estarán Dj Raff, Dj Ina y Dj Pi. En otra pista, Dj Dacel y Dj Spacio. En La Berenjena, Peacetime hará el evento BrownsugAr. Con los Djs Black Soul & MC William-C, Dj Raff y Psy-Strofharia. Y Streetmachine presentará ese día en el teatro Teletón al colectivo X-PRESS 2.


Cifras

7.000 personas fueron al evento.

24 artistas se subieron a los escenarios.

12 horas de programación en tres escenarios, era el menú del espectáculo.

$10.000 costaba la entrada general.

DE US$ 80.000 a US$ 100.000 costó la producción artística del evento.

UNA pelea entre dos asistentes, a la salida del festival, fue el único incidente registrado.
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