Schoenberg y la canción de la tierra de Mahler

Todos bajo la conducción de un especialista en música contemporánea como Juan Pablo Izquierdo, ejecutraron algunos de sus episodios sobresalientes este año. La contralto chilena destacó entre el grupo de cámara en la Parroquia Santa Elena de Las Condes.

15 de Mayo de 2009 | 11:49 |

Pilar Díaz Cuevas fue una de las animadoras de esta jornada de búsquedas musicales, desde la pluma de Mahler al cerebro de Schoenberg.

El Mercurio

Hace algunos años  Juan Pablo Izquierdo estrenó en nuestro país las “Canciones de un camarada errante” de Gustav Mahler en una versión de cámara de quien fuera su discípulo, Arnold Schoenberg. Sus intérpretes fueron la Orquesta de Cámara de Chile y la contralto Pilar Díaz. Ahora, y también en arreglo para orquesta de cámara del mismo Schoenberg, el mismo director estrena otra de las obras fundamentales de Mahler. Nos referimos a la hermosa y compleja “Canción de la Tierra”, escrita para tenor, contralto y orquesta.


Un aspecto llamativo de esta versión es la observación de cómo Schoenberg capta el carácter y espíritu de una obra escrita originalmente para una gran orquesta, en la que se hace gala de colores y timbres debido a que su autor “pinta”  musicalmente poemas chinos clásicos. Los intérpretes en esta oportunidad fueron el tenor Gonzalo Tomckowiack y, nuevamente, la contralto Pilar Díaz, junto a la Orquesta de Cámara de Chile. Todos, bajo la dirección de Juan Pablo Izquierdo en un concierto realizado en la Parroquia Santa Elena, en el marco de la XV Temporada de Música de la Municipalidad de Las Condes.


Como gran conocedor de esta obra, Izquierdo condujo a los solistas y a su orquesta por caminos muy seguros, captando estupendamente el espíritu y carácter de la obra. Alguna pequeña desinteligencia de un instrumentista fue rápidamente subsanada. En el caso de ambos solistas vocales, estos se fundieron con la orquesta en la versión propuesta por el director.  A pesar de la solvencia de ambos cantantes, en pequeños momentos se vieron sobrepasados por el volumen orquestal. Ocurrió en aquellas partes de notas muy graves. Bien se sabe de las enormes exigencias de Mahler para los cantantes, no obstante lo anterior su musicalidad triunfó ampliamente en la empresa.


La altura de Pilar Díaz Cuevas


En el primer número, “Canto por las miserias de la Tierra”, creemos que estuvo el mayor éxito de Tomckowiack. Ahí y con voz poderosa se impuso por sobre la densa orquestación, en una interpretación que recogió muy bien su carácter. En la segunda parte, Pilar Díaz abordó “El solitario en Otoño” y mostró su belleza vocal tanto en agudos como notas graves luego del sugerente inicio de la orquesta.


Con una estupenda participación de las maderas se inicia “De la Juventud”, la tercera parte que canta el tenor. En ella, a pesar del logrado carácter, Tomckowiack mostró algunas inseguridades en los agudos. En el inicio de la cuarta parte, “De la Belleza”, la contralto dio muestras de su manejo en tesitura (el rango de extensión en sus notas), pero en la sección rápida sus notas graves fueron poco audibles, debido a un balance con la orquesta poco afortunado.


Al tenor le corresponde la quinta parte, “El borracho en Primavera”. Ahí se alternaron partes brillantes en lo vocal, con otras con dificultades (¿enfermo?) incluso de afinación no plena. Además, en su interpretación le faltó la chispa propia del “borracho”. La parte final, “La despedida”, y que es casi la mitad de la obra fue un triunfo total para Pilar Díaz, pues a una línea de canto perfecta, sumó una interpretación conmovedora en una demostración de dominio vocal del mejor nivel.


En esta parte la orquesta tiene lo que podemos llamar un preludio y dos interludios, los que recibieron una soberbia interpretación. No podemos dejar de mencionar a aquellos instrumentos que tienen participaciones a solo, todas en nivel de excelencia. Entre las muchas virtudes de la contralto chilena, no podemos olvidar la frase que describe la salida de la luna “como una barca de plata”, o la secuencia que describe lo previo al “sueño del mundo” y toda la emocionante sección final que desde el desgarro se disuelve en ese “eternamente” repetido hasta desaparecer. Sin duda una soberbia demostración de madurez interpretativa.


El concierto se complementó con “In memoriam Bela Bartók” de Cirilo Vila, uno de los más importantes músicos chilenos. Es una obra para cuerdas y timbales que alude a ciertos temas de Bartók, los que son presentados en forma fragmentada. Estimamos que fue solo una versión correcta, con algunos pequeños accidentes. Además creemos que pierde algo de sustancia en versión para orquesta de cámara. En todo caso un concierto que repletó la iglesia, y que fue recibido con enorme entusiasmo por el público.

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