Hasta el error salió bien

Faith No More cerró su nuevo paso por Chile con un concierto para las masas en el Estadio Bicentenario de La Florida en la capital. Y ni siquiera la más grosera falla de sonido al final del show pudo opacar la actuación del grupo estadounidense. Todo lo contrario.

05 de Noviembre de 2009 | 19:28 |

Se habla español: "Pínochet", cantó Mike Patton en vez de "Ricochet", uno de los éxitos de Faith No More.

Foto: Carlos Müller.

Venían de tocar ante un recinto imposible más abarrotado como el Teatro Caupolicán, y la primera atracción de la segunda fecha de Faith No More en esta vuelta a Chile fue el contraste. Al día siguiente la innovadora banda estadounidense que contribuyó a renovar los circuitos del rock, el metal y otros géneros desde su aparición en los años '80, tocó en Santiago en el Estadio Bicentenario de La Florida, y de paso contribuyó a su vez a despojar al rock de estadios de su bien ganada marca de espectáculo autoritario por lo monumental y rancio por lo predecible.


Con Faith No More en cambio no hay nada autoritario ni predecible. Ni hay escenario chico. Ni grande. En realidad no importa tanto el tamaño del recinto sino lo que ocurre cuando el grupo sale a escena a remover los patrones habituales de un concierto de rock. La materia prima será la música: ese rock siempre voluble que lo mismo puede arrancar de un melódico cover inicial ("Reunited", muy a tono con la reunión del grupo) para luego avanzar por bases funk, episodios de saturación desquiciada, metal gutural y la fusión de rock, metal y rap que es una de las marcas de fábrica del grupo.


Luego es la figura del cantante Mike Patton la que se impone, desde luego. Que también tiene muchas posibilidades, entre el símbolo sexual rockero, el provocador que otra vez se tercia a surfear los salivazos del público y a estimular una de las más dudosas costumbres nacionales, el experimentador entre las diversas posibilidades de amplificación de su voz con una paleta de efectos que maneja sobre el escenario, y el improvisador que termina cantando al borde de la barrera con el público y que, en vez de sacar a ondear una barata bandera chilena, nunca parará de hablar un payasesco castellano armado a pedazos entre acento mexicano, español, chileno y quizás de qué otras partes.

Con un grupo así tampoco es mucha la sujeción a una pauta predeterminada de canciones, y si hay títulos que aparecen entre ambos días en Chile como "Ricochet" ("Pínochet", cantó Patton), hay grandes momentos regalados sólo para la audiencia de masas del segundo día. Eso fue "We care a lot", la primera de todas las canciones de la historia del grupo. La misma que guardaron para la despedida y que, segundos antes de terminar, se fue a negro producto de un inesperado corte de energía que dejó al grupo en silencio sobre el escenario. Y ese no es un problema: es una oportunidad. La oportunidad única en la historia de cantar, gritar y saltar entre el público la letra de "We care a lot" mientras Faith No More la toca allá arriba del escenario a medio silenciar: el regalo de un karaoke nunca más oportuno.

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