I dreamed a dream

27 de Noviembre de 2009 | 17:47 |

Susan Boyle descolocó al planeta en abril de este año, y su propio mundo se volvió de cabeza en escaso tiempo. Pasó del karaoke y el canto en la iglesia a superestrella pop británica con la cordial (y brutal) ayuda de la televisión e Internet, todo batido con el implacable acoso de la prensa. Es que su historia es perfecta para un guión: una dueña de casa de apariencia despreocupada se convierte en celebridad por su hermosa voz. Porque ver y escuchar a Susan Boyle provoca el mismo efecto que la escena en que Barney de Los Simpson se revela como un delicado cantante, en el clásico capítulo "Los Borbotones". En ambos personajes conviven contradicciones estéticas vitales.

Aquí, en su debut, tras la sorpresa, baja la marea y queda lo que realmente es Susan Boyle: una intérprete de agradable registro en la línea de Celine Dion (y algo de Sarah McLachlan), pero ningún punto aparte en el género. Un caso que sigue siendo más curioso que atractivo. Su voz es bella, incluso fresca y juvenil, pero no particularmente distinguible. Si es cierto que la dama escocesa escogió el repertorio, entonces tiene un gusto difuso. No sigue estilos, sino la lógica de un auditor promedio que se enamora de melodías.

El resultado es un álbum correcto, agradable pero prescindible, que zigzaguea entre el pop-rock, clásicos contemporáneos y material religioso, todo sumido en suaves orquestaciones. En el primer casillero caben "Wild horses", de los Rolling Stones; "You'll see", de Madonna; y "Daydream believer", de The Monkees. La versión de los Stones es la más relevante, porque capta otro ángulo de la canción, mientras que las otras dos están logradas, aunque sin mayores variables.

En el segundo nicho hay canciones ampliamente reversionadas en los últimos 50 años: "Cry me a river", interpretada bajo un sugerente tono jazz, el tema homónimo al título del álbum que la hizo famosa, y la intimista "The end of the world", apegada a su origen folk. El apartado religioso es el más conmovedor: "How great thou art", "Silent night" y "Amazing grace" retratan a Boyle con el material que mejor le sienta, y que perfectamente puede trazar un camino a seguir. Pero en clave pop, Susan Boyle necesitará algo más que un buen estilista si quiere trascender.

—Marcelo Contreras

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