Rock gitano del fin del mundo

25 de Abril de 2012 | 22:14 |

Al comienzo tenían por nombre un término en portugués que, según traduce uno de sus músicos, significa "más allá": Alem. Desde hace tres años escogieron otra palabra que requiere menos traducción para sugerir la idea de diáspora o exilio: Exil. Ésta es una de las bandas surgidas en Chile como parte del interés reciente por las tradiciones musicales balcánicas, judías y gitanas, en una aproximación a esas fuentes que ya se oye en Exil (2011), su primer disco.


"Palabra que alude al concepto de exilio y, por derivación, al viaje, al nomadismo, a la búsqueda", es parte del marco teórico del nombre de la banda, compuesta por Felipe Aguilar (guitarra), Joel Viera (clarinete), Pablo Arriagada (saxo alto), Esteban Villanova (bajo) y Samuel Álvarez (batería): "Es atingente a las culturas de las que se extrae uno de los lenguajes musicales principales de Exil, que es el klezmer".


-El klezmer es la música de los pueblos judíos de Europa del Este –pone en contexto el clarinetista Joel Viera, cuya banda se define a su vez por entrelazar esa sonoridad tradicional con el rock y con tendencias de las músicas gitanas de los Balcanes, tal como se lee en la consigna de su logo: "Gipsy rock from the end of the world", o "rock gitano desde el fin del mundo".


"Klezmer de garaje", define por su parte Rodrigo Latorre, director del grupo chileno La Mano Ajena y precursor local de estas corrientes, en una presentación escrita de la banda: "Los horas y doynas al estilo Exil son un continuum que conduce al auditor a una explosión musical de bellos arreglos melódicos y sonoridad híbrida. Un 'klezmer de garaje' potente y no por eso menos virtuoso".


-Los horas son una forma musical de los Balcanes -traduce Viera-. Se encuentran distintas traducciones según la lengua y es una danza que al parecer se baila en círculo. Las doynas son una forma musical que nace en Rumania, casi siempre es cadenciosa, melancólica e improvisada. Ambas formas musicales son ocupadas en el klezmer y en la música de los gitanos.


A la calle con regularidad


La prehistoria de Exil está en los citados Alem, banda iniciada en 2008 en el circuito de fiestas gitanas y mestizas locales, que en 2009 participó de un Segundo Encuentro Mundial de Música Klezmer celebrado en Buenos Aires. Fue el año del cambio de folio y de nombre a Exil, que debutó como tal en febrero de 2010.


-Cambiamos ese nombre porque representaba otra situación: era otra la conformación, otro el norte -dice Joel Viera: en ese punto el grupo reforzó su vinculación a la fiesta, al baile, al espectáculo en vivo, al circo, al arte callejero y a la música como expresión popular.


A contar de entonces Exil ha tocado en 2010 en fiestas gitanas por Santiago, La Serena y Concepción, en festivales de música del mundo y convenciones circenses, y volvieron a Buenos Aires el Tercer Encuentro Mundial de Música Klezmer y a la décimocuarta Convención Argentina de Circo, Payasos y Espectáculos Callejeros. Tras lanzar su primer disco en Chile en 2011, emprendieron una tercer visita a Argentina entre el 23 de septiembre y el 17 de octubre (ver recuadro), con paradas en Buenos Aires y Córdoba y fechas en el Festival Sumar, las fiestas Bubamara, centros culturales, radios y la calle.


-El viaje a Argentina fue por tres semanas y es consecuencia del trabajo que se viene haciendo hace ya tres años por conquistar el mercado argentino. Bueno, de conquistar estamos a años luz, pero ya es nuestra tercera visita -dice Viera. Desde ese lanzamiento el grupo ha continuado componiendo además para un segundo disco. "Hemos seguido en búsqueda de fórmulas y recetas para no mandar la música al carajo ni dedicarnos a un trabajo part-time. Entre esas fórmulas decidimos  salir a tocar a la calle con regularidad, estamos montando un repertorio acústico para ocasiones diversas y hacemos 'trabajo de taller', por llamarlo de alguna forma, para la creación de nuevos temas".


Celebraciones, casamientos y funerales


En Exil, el disco, hay cuatro composiciones originales del grupo: "Punklez", "Desiertos", "Chileneasca" y "Montaña rusa", y seis arreglos de composiciones tradicionales. "Esos arreglos se dan por la mezcla del klezmer con los riffs, patterns y melodías propias que incluimos en estos temas, y por la forma de interpretarlos también", dice el clarinetista.


-¿Qué origen tienen esas canciones tradicionales?
-Todos los temas tradicionales del disco son klezmer, y klezmer es la música de los pueblos judíos de Europa del Este, los asquenazí.


-Además de klezmer, "balcánica" y "gitana" son dos palabras que aparecen en la información del grupo. ¿Qué se entiende exactamente por cada una? ¿A qué regiones o pueblos corresponden? ¿Cada una es distintiva o se han fusionado entre ellas?
-La música klezmer tiene influencias árabes, gitanas, rumanas, rusas y varias más. Es una manifestación musical que nace en la Edad Media como parte de las celebraciones, casamientos, bar mitzvah y funerales, en el caso de los gitanos, y era interpretada por músicos pertenecientes a los estratos más populares. Eran nómadas, iban de pueblo en pueblo haciendo música y eran buenos pa'l carrete.


"El concepto balcánico es mucho más amplio", agrega. "Se refiere a la música de los Balcanes, una zona que tiene miles de kilómetros cuadrados y que contiene a un montón de culturas, rumana, búlgara, griega, serbia, croata y turca y otras más. La música de todos estos pueblos tiene mucho en común, formas, estructuras, métricas, instrumentos y hasta comparten repertorio".


"La música de los gitanos", concluye, "o rom, para ser más específico, ya que gitano casi siempre apunta a lo flamenco, es la música de los cíngaros que habitan esta zona. Ahora estos estilos han compartido, intercambiado y usufructuado de los haberes culturales y artísticos que ostentan los tres. Así uno puede observar a cíngaros interpretando a su estilo melodías tradicionales rumanas, turcas o klezmer; a judíos tomando prestadas melodías o formas musicales rom, búlgaras o griegas; y se puede ver cómo gitanos y judíos se han esparcido por los Balcanes y toda Europa retroalimentando a toda la cultura".


Led Zeppelin en el medio


-¿Qué tan modificados quedan esos temas en las versiones de Exil?
-Hay que pensar que los instrumentos tradicionales para hacer klezmer son percusiones como el derbake, acordeón, contrabajo o tuba, violín, clarinete, trompeta, saxo y címbalo, que es un instrumento de cuerda percutida. Nosotros tomamos el clarinete y el saxo y los acompañamos de batería, bajo y guitarras eléctricas.


-¿Cómo salió la idea de meter a Led Zeppelin y Dick Dale en "Hava", una de estas canciones?
-Salió de la misma búsqueda de nuestra propuesta: poner por un lado el klezmer, melodías carnavalescas y frenéticas, junto con el rock y todas sus posibilidades. Un ejemplo histórico de esta mezcla es justamente el tema de Dick Dale (el guitarrista estadounidense puesto de moda por Tarantino gracias a la presencia de la canción "Misirlou" en la película "Pulp fiction", en 1994), puesto que este tema no es de autoría suya sino tradicional. He escuchado versiones de que es klezmer y de que es griego. "Misirlou" al parecer es en alusión a una princesa que tenía ese nombre.


-¿Qué implica para el grupo haber optado por hacer un disco instrumental y renunciar a tener un cantante?
-En algún momento hicimos canciones propias y no lo hemos descartado. Pero lo de no tener cantante se dio casi espontáneamente. Al comienzo decidimos hacer música klezmer por una fijación con lo carnavalesco: en ese momento había canciones pero faltaban los intérpretes idóneos, lo que decantó en eliminar las canciones y fijar la atención en la música para bailar, la música de carnaval, poner el acento ahí y no en otro lugar. Ahora, cantar en yiddish o romané, que es la lengua en que están estas canciones tradicionales, siempre ha sido lejano para nosotros. El no hacer canciones te deja en un lugar bastante apartado, sin embargo hay algo de universal en la música sin palabras, algo que deja una abertura más amplia para el espectador. La palabra puede ser muy bella, pero es a la vez un límite que define por dónde debe guiarse el que escucha.


Ni las elites ni las iglesias


Las ocupaciones de estos hombres han sido diversas antes de encontrarse en Exil. El saxofonista Pablo Arriagada tocó en el grupo de fusión latinoamericana Zumaya; el bajista Esteban Villanova proviene de Sonora MetanWe, del grupo de jazz La Pincoyazz, de las bandas de ska y reggae Kitra y Circo Zapata y de La Joya, banda previa a Collective Barrio, el grupo paralelo que comparte además con el baterista Samuel Álvarez. Y Álvarez ha pasado por las bandas de hip-hop y reggae Rey Mono Jam y Kitra y ha tocado con Quique Neira y con el guitarrista metalero Gabriel Hidalgo. Por su parte, Joel Viera integró ya en 1999 un quinteto de flautas barrocas dirigido por Rodrigo Latorre, futuro director de La Mano Ajena, y fue el clarinetista de esa banda entre 2002 y 2008.


-El haber sido parte de La Mano Ajena fue primordial y revelador -dice-. Yo conocí esta música gracias a Rodrigo Latorre, y desde ahí fue encontrar, con cada paso que daba y que doy en este estilo musical, un tramo más para avanzar dentro de la música. Por sobre todo me mueve lo de popular que tiene este estilo, que no nace ni de las elites ni en las iglesias: nace de la gente, de lo popular, de su necesidad de expresión, de su identidad latente, y eso habla de horizontalidad, de esquivar paternalismos, de espontaneidad y de sobrevivencia.


Y el circo es otro antecedente compartido. Pablo Arriagada estudió acrobacia de piso con el maestro cubano Camilo Echeverría y con Eric Saavedra, y expresión teatral con Andrés Pérez, el legendario creador de El Gran Circo Teatro, mientras el guitarrista Felipe Aguilar hizo estudios de payaso y técnicas de malabarismo con el profesor Felipe Magaña y ha participado en encuentros como una Convención Internacional de Circo en Caracas, Venezuela.


-El circo siempre ha estado presente, tanto en escena como fuera del escenario. Son nuestro mejor público, el que más goza de nuestra música, el que más la ocupa y la difunde; tenemos una llegada inmediata con los artistas y la gente de circo. En esta música hay algo muy cercano al juego y al goce de tocar batería, guitarra o clarinete; y según reglas impuesta por ese juego uno juega a respetar, colindar y salirse de aquellas reglas. Creo que en el circo se da algo similar cuando uno aprende a mover las clavas, a encaramarse en la tela o a descubrir el clown que lleva dentro; hay un juego de ir y venir dentro de un marco de reglas autoimpuestas. Y la mayoría de las veces este juego es el presente concreto y cabal, se goza del momento mismo en que se recepciona lo que se escucha o se ve.


Lugar de encuentro y majamama


En el inicio de su recorrido, Exil tocó en algunas "cumbres gitanas" organizadas en Santiago por La Mano Ajena desde 2007.


-En esas fiestas se presentó por primera vez Exil. Son un lugar de encuentro de quienes gozan del exotismo, de lo carnavalesco, de las majamamas musicales y culturales. Por esencia estos conciertos son fiestas, se escucha música, se baila, se bebe, se fuma, se comparte, allí hemos estado con casi todas las bandas chilenas que hacen referencia a estos estilos. En Argentina también hemos participado de estos encuentros, que se llaman Fiestas Bubamara. Por sus características estas fiestas se parecen mucho a las fiestas de cumbia que se hacen en Chile.


-¿Qué rasgos distintivos dirías que tienen otras bandas con las que ustedes han compartido esos encuentros: Los Fetuchini (ex Mamapaska), Balkandes, Santiago Klezmer Company, La Orquesta de la Memoria, La Mano Ajena?
-En esas bandas, salvo Santiago Klezmer Company que hacen algo más puro, existe un marcado rasgo chilenizador, por definirlo de alguna forma; se han preocupado de hacer canciones y temas propios, de indagar en influencias chilenas y latinoamericanas alternándolas con este otro estilo. Ninguna de estas bandas se ha conformado con sólo interpretar klezmer o rom. Todas han querido, siento yo, identificarse no sólo con el interés por ese estilo sino también con el propósito de encontrar y remarcar lo que en lo profundo subsiste en la importación del klezmer a la escena chilena, que es esa revaloración del carnaval y el espacio de la fiesta, espacios comunes con otra gente, de noche y escuchando música ad hoc; así también el gozar de la música que emana alegría, escuchar música alegre pero que no sea tonta ni liviana, y con todo esto revalorar la fiesta como factor importante generador de identidad.


-¿Qué tan directo es el vínculo que tienen esos grupos, o ustedes en particular, con los gitanos reales? ¿Hay presencia de gitanos en este movimiento, o ustedes encuentran esa raíz en otras fuentes, en el cine, en grupos extranjeros, y no en los gitanos que viven en Chile?
-Creo, no tengo la seguridad, que no hay aún ningún nexo con los gitanos chilenos. Sí con la comunidad judía. Una vez un colega músico contó que había escuchado decir a un gitano chileno, en alusión a las fiestas gitanas, que "esas fiestas no son gitanas de verdad, que no tienen nada de gitano". Y obviamente está muy cerca de la verdad ese gitano. Sería muy enriquecedor compartir la escena con bandas musicales gitanas y judías, pero creo que el adoptar estos estilos musicales por parte de nosotros, chilenos champurreados, va más allá de querer identificarse con estas culturas; creo que la búsqueda es un poco más profunda y vital. La Mano Ajena y Santiago Klezmer Company han tocado en diversas festividades de la comunidad judía chilena y eso es muy bueno, demuestra la capacidad de compartir. No sé si ha pasado lo mismo con la comunidad gitana. De todas formas es un fenómeno mundial el que la mayoría de las bandas de klezmer son goyim, o sea, gentiles, no judíos. Con los gitanos pasa lo mismo pero en menor medida; esto indica una universalización de esta música.

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