Lo que ves es lo que hay

A solas entre un piano y dos guitarras, el cantante neoyorquino invitó a un recorrido por distintas sensibilidades y matices en su debut en Chile.

14 de Mayo de 2013 | 22:35 |

Después de las dos o tres cosas que había avisado sobre su concierto en los días previos, Rufus Wainwright en vivo probó ser una persona de palabra. Lo que van a ver en el escenario es lo que soy, dijo por ejemplo, y el debut del cantante neoyorquino-canadiense en Santiago fue una muestra de naturalidad sin artificios. Entre las canciones es muy importante hablar con el público y crear una experiencia única, había dicho también, y a tono con eso su concierto del pasado lunes 13 de mayo en Santiago se benefició además de una complicidad espontánea con el público que llegó al Teatro Nescafé de las Artes para presenciar el debut.


Con nueve discos publicados en los últimos catorce años, el cantante tenía un margen amplio para elegir el repertorio del concierto, y así se escucharon en vivo desde dos de las composiciones de su primer disco, de 1998, hasta tres del más reciente, Out of the game (2012). Pero lejos de poner el énfasis en las canciones nuevas, Wainwright tuvo un criterio de entretenedor para dedicar una restrospectiva balanceada de sus discos al público conocedor de su carrera. E incluso más allá de eso lo que hizo en realidad fue disolver las fronteras y plazos entre sus canciones, al traerlas todas hasta el presente insobornable de un piano de cola Steinway & Sons y un par de guitarras acústicas como únicas herramientas para poner esa noche todo el repertorio en escena.


"Soy mejor con el piano que con la guitarra", explicó al pasar por primera vez de un instrumento al otro, y fue un detalle honesto de su parte, porque en efecto le bastó rasguear con resolución sobre las cuerdas para sostener esas melodías. Las letras son los huesos de las canciones, había dicho también para recalcar cuál a su juicio es la dimensión más profunda de la canción, y si bien en el piano Rufus Wainwright se interna muchas veces en armonías sugestivas y majestuosas, la prioridad es la interpretación vocal: el instrumento por definición en un concierto así de despojado es esa voz de timbre metálico y afinación a toda prueba. Está dicho que en un par de meses va a estar cantando en Madrid con toda una orquesta como respaldo, pero algo de privilegio hay en verlo solo y próximo con el piano sobre el escenario.


En medio de la conversación se explayó en especial para relatar su relación con el cantante Jeff Buckley, dueño de una de las voces más personales e intensas de los años '90, sin ahorrarse detalles sobre envidia y ego al inicio para mencionar luego la trágica muerte de Buckley en 1997 y dedicarle un doble tributo musical que fue como el corazón del concierto: primero, "Memphis skyline", la canción que Wainwright compuso en homenaje a Buckley, y luego "Hallelujah", el himno del compositor canadiense Leonard Cohen que Buckley grabó en 1994 y que luego el propio Wainwright hizo popular en 2001, en la banda sonora de Shrek, por supuesto. "Shrek, esa película independiente", deslizó en broma mientras contaba la historia, entre las risas de la platea, como una de varias muestras del excelente humor con que salió al escenario.


Por detalles como ése resulta más llamativa la capacidad del cantante para conducir su concierto por una gama amplia de estados, desde el recogimiento de "Hallelujah" hasta la fiesta instantánea de "California" en la canción siguiente; o desde esa fiesta al compromiso político y también personal que representó la sorpresiva dedicatoria de "Going to a town" a Jaime Parada, concejal de Providencia y vocero del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) que estaba en la platea; o desde ese gesto político a la vehemencia resumida en el manotazo de su mano derecha sobre el piano para terminar la misma canción; y desde esa vehemencia al homenaje sobrecogedor que rinde con "Zebulon" a su madre, la cantante canadiense Kate McGarrigle, muerta en 2010 y recordada ahora en medio de un silencio casi ritual de parte de la audiencia. Luego de los bises con dos canciones de sus primeros discos, el cantante terminó agradeciendo esa complicidad con el público, y tampoco hubo impostura ahí. "Me gusta que el show refleje el día en el que estoy: si lo estoy pasando bien va a ser divertido", había dicho también en los días previos, y según eso el debut de Rufus Wainwright en Chile fue un buen día.


Las canciones


"The art teacher" (del disco Want two, 2004), piano.
"This love affair" (de Want two, 2004), piano.
"Matinee idol" (de Rufus Wainwright, 1998), piano.
"Vibrate" (de Want one, 2003), piano.
"Out of the game" (de Out of the game, 2012), guitarra.
"Jericho" (de Out of the game, 2012), guitarra.
"Not ready to love" (de Release the stars, 2007), guitarra.
"Who are you New York?" (de All days are nights: Songs for Lulu, 2010), piano.
"Martha" (de All days are nights: Songs for Lulu, 2010), piano.
"Memphis skyline" (de Want two, 2004), piano.
"Hallelujah" (de la banda sonora de Shrek, 2001), piano.
"California" (de Poses, 2001), guitarra.
"11:11" (de Want one, 2003), guitarra.
"Going to a town" (de Release the stars, 2007), piano.
"Montauk" (de Out of the game, 2012), piano.
"Zebulon" (de All days are nights: Songs for Lulu, 2010), piano.
"Cigarettes and chocolate milk" (de Poses, 2001), piano.
Bis:
"Poses" (de Poses, 2001), piano.
"Foolish love" (de Rufus Wainwright, 1998), piano.

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