Hand.Cannot.Erase

En una era en la que los actos de rock son cada vez menos arriesgados, lo que realiza el británico Steven Wilson es para desmenuzarlo una y otra vez. Desde que su proyecto madre, Porcupine Tree, comenzó a sonar en diferentes partes del planeta y a mostrar una tendencia comercial muy a pesar del sello propio de la banda, el nombre de Wilson se hizo cada vez más potente. Y ahora regresa con un nuevo álbum solista.

06 de Marzo de 2015 | 08:39 |

En una era en la que los actos de rock son cada vez menos arriesgados, lo que realiza el británico Steven Wilson es para desmenuzarlo una y otra vez. Desde que su proyecto madre, Porcupine Tree, comenzó a sonar en diferentes partes del planeta y a mostrar una tendencia comercial muy a pesar del sello propio de la banda (ligado al rock progresivo y a influencias como King Crimson y en particular, Pink Floyd), el nombre de Wilson se hizo cada vez más potente.

Prueba de ello es que cada proyecto en el que participa, ya sea como músico o reputado ingeniero y productor, suele recibir cada vez más atención. Algo curioso, si consideramos que la música que crea el inglés es de esas composiciones que requieren tiempo para asirlas y por lo pronto, todo en esta era parece ir a velocidades muy por encima de lo que Steven Wilson realiza.


Si con su tercera entrega bajo su rúbrica— The raven that refused to sing (and other stories) (2013)—, el artista consiguió equiparar propuesta artística y un relativo éxito en base a canciones de gran factura, para su nueva entrega, titulada Hand.Cannot.Erase, lleva lo planteado un poco más lejos, a la vez que crea un álbum conceptual basado en el documental "Dreams of a life", dirigido por Carol Morley y que relata la historia de Joyce Vincent, una joven que fue hallada muerta en su departamento en 2006, tres años después de su fallecimiento y de la que poco más se supo. Descubrir a esta persona motivó a Morley a realizar el filme que se estrenó en 2011 y que, ahora, Steven Wilson toma para crear todo un imaginario sonoro entorno a Joyce Vincent.


Este marco da pie para que las canciones de Steven Wilson, incluso aquellas más extensas, se enfoquen ya sea en retratar los pensamientos de Joyce Vincent, como en el caso de "Perfect life", donde la voz de la cantante israelí Ninet Tayeb se transforma en la de la protagonista de la historia. De la misma forma, Tayeb toma el mando de las voces en "Routine", tema en el que su voz, en ocasiones etérea y en otras, marcando fuertemente su presencia, va contando en primera persona los anhelos de esta persona de la que nunca se supo mucho. En ello, se puede notar la calidad de Steven Wilson tanto como compositor como instrumentista, ya que logra ponerse en el lugar de Vincent, de construir un imaginario alrededor de sus supuestos anhelos y miedos y musicalizarlos de gran forma.


En este sentido, Wilson aporta varios elementos nuevos a este trabajo. Si bien el rock progresivo más moderno está, también aparecen otras influencias que enriquecen sonoramente a este trabajo. Guiños a Rush se pueden escuchar en "3 years older", por ejemplo, aunque también aparecen otros recursos, como el funk en "Home invasion" que se funde con el sonido más progresivo y dominado por el sintetizador Moog en "Regret #9", a cargo de Adam Holzman, y al que responde la guitarra de Guthrie Govan con un solo lleno tanto de virtuosismo como de emotividad que culmina en la delicada "Transience".


Quizás "Ancestral" sea la que sonoramente esté más relacionada con su anterior trabajo, pero aún así este tema de trece minutos y fracción, que además es el retrato del último momento de Joyce Vincent con vida, se aleja de anteriores canciones de similares características con la utilización de elementos como loops y secuencias, los que entregan una sonoridad distinta al punto álgido de este disco. Como sucede en estos casos, la extensión da la posibilidad de explorar y desarrollar ideas como el quiebre en la mitad del mismo, en una muestra más de las habilidades de Wilson como compositor. Incluso, esto se reafirma con "Happy returns", en la que coloca los mismos sonidos del principio con "First regret", para completar el círculo. El tono de despedida que tiene esta canción, que se corrobora con el final y "Ascendant here on…" también la convierte en una de las destacadas de este álbum.


La sumatoria de elementos presentes en los 66 minutos que dura Hand.Cannot.Erase construye un registro que escapa a definiciones. O, mejor expuesto, recoge de distintas fuentes para ir armando un trabajo lleno de riqueza tanto musical como lírica, donde se coloca al ser humano en el centro de éste. De más está decir, entonces, que Steven Wilson consiguió estar a la par con sus propias influencias, al punto de conseguir un trabajo que bien puede ser considerado un retrato de esta época. Para volver a ese punto, lo mejor es escuchar este registro una y otra vez, atendiendo a los detalles y dejándose llevar por canciones que no paran de crecer a medida que se sigue indagando.

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