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Osvaldo Romo, el hombre que consideraba a la tortura "una cosa buena"

Miembros de agrupaciones de Derechos Humanos aseguran que siempre fue un infiltrado.

04 de Julio de 2007 | 10:08 | El Mercurio Online
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Osvaldo Romo se transformó en una figura polémica por sus acciones y sus dichos.

El Mercurio

SANTIAGO.- A las cinco y media de esta mañana falleció Osvaldo Romo Mena uno de los más cuestionados agentes civiles de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), quien cumplía condena por cuatro casos de violaciones a los Derechos Humanos y acumulaba varios otros proceso por diversos crímenes.


Sus orígenes activistas se remontan a 1971, cuando Romo era conocido en la toma de Lo Hermida como "Comandante Raúl" por sus radicales posturas izquierdistas.


Y aunque un año después fue candidato a regidor (actual alcalde) en Ñuñoa, 1973 sería un año decisivo para él, ya que tras ser candidato a diputado por la Unión Socialista Popular (Usopo) en Llanquihue, fue detenido después del 11 de septiembre de 1973, comenzando a operar como agente del Grupo Halcón de la DINA.


Sin embargo, miembros de agrupaciones de Derechos Humanos aseguran que Romo siempre fue un infiltrado y que formaba parte de los grupos represivos antes del 11 de septiembre.


En octubre de 1975 dejó a la DINA en circunstancias desconocidas y el 16 de ese mes salió a Brasil, donde se radicó en la localidad de Mogi Guacu, cerca de Sao Paulo, junto a su esposa, Raquel González Chandía.


"Salvaje" y "cruel" son dos calificativos que reiteran sus víctimas cuando describen al "guatón" Romo, quien se presume responsable de decenas de asesinatos y desapariciones.


Sin embargo, su estadía en Brasil duraría sólo hasta el 29 de julio de 1992, donde fue descubierto y detenido por la Interpol. Desde ese mismo año permanece detenido y procesado en el penal de Punta Peuco.


En declaraciones judiciales reconoce que detuvo al menos a un par de decenas de militantes del MIR, integrando el grupo Halcón de la DINA, destacando sus vinculaciones de alto nivel considerando que era civil.


En una entrevista de televisión a un canal de Miami en 1995, y ante la pregunta de ¿volvería a hacerlo?, respondió desafiante: "Lo haría igual y peor aún. Y no dejaría periquito vivo. Todo el mundo pa' la jaula. Ese fue un error de la DINA, yo se lo discutí hasta última hora a mi general: ¡No deje a estas personas vivas!".


Y sobre el epitafio en su lápida mortuoria dijo: "Podría decir... un torturador. Para mí eso es una cosa buena. Yo creo que lo que hice lo volvería a hacer".


Romo, quien tenía cuatro hijas y un hijo, estaba aquejado por una diabetes y se encontraba escribiendo sus "memorias", de las cuales ya había escrito tres cuadernos. En uno de ellos revela las torturas aplicadas a mujeres y siembra dudas sobre el destino de miles de dólares confiscados al MIR.