El desgaste de las pastillas de freno es una de las situaciones más habituales en el mantenimiento de un automóvil y, al mismo tiempo, una de las más ignoradas por muchos conductores.
A diferencia de lo que suele creerse, no es necesario que los frenos emitan ruidos estridentes para que exista un problema, ya que algunos sonidos pueden deberse simplemente a polvo o suciedad acumulada entre las pastillas y los discos.
El sistema de frenos suele dar señales de advertencia con bastante anticipación antes de que se produzca una falla grave.
Ruidos agudos al frenar, vibraciones en el pedal durante una frenada brusca o de emergencia, o un tacto distinto en el pedal pueden tener explicaciones normales, como la activación del sistema ABS o el sobrecalentamiento momentáneo de los frenos. La clave está en distinguir estos comportamientos habituales de aquellos que indican un desgaste real o una avería.
También existen señales más difíciles de percibir, como el aumento progresivo de la distancia de frenado o la necesidad de aplicar más presión al pedal para detener el vehículo. Por esta razón, una inspección visual periódica resulta fundamental para detectar problemas a tiempo, especialmente revisando el grosor de las pastillas de freno y el estado de los discos.
En términos de seguridad, publica motorpasión.com, el grosor mínimo recomendado para las pastillas de freno es de 3 milímetros. Cuando se alcanza ese nivel, pueden aparecer vibraciones en el pedal o incluso en el volante, además de una menor eficacia en la frenada.
Cualquier cambio importante en la sensación al pisar el freno, como un pedal esponjoso o que se hunde hasta el fondo, puede indicar una falla seria en el sistema hidráulico y es motivo suficiente para no seguir conduciendo.
El mantenimiento preventivo permite evitar reparaciones mayores y situaciones de riesgo. De manera general, las pastillas de freno delanteras suelen requerir reemplazo cada 30.000 a 45.000 kilómetros, mientras que las traseras pueden durar entre 70.000 y 80.000 kilómetros, dependiendo del modelo del vehículo y del estilo de conducción.
Por su parte, los discos de freno, en condiciones normales, tienen una vida útil más prolongada y pueden superar los 115.000 kilómetros antes de necesitar recambio.