La historia de Luis Marcoleta, el DT que tiene el récord de siete ascensos en Chile y que aplica conceptos del básquetbol

Se define como un entrenador muy cercano a sus jugadores. Dejó de estar en los velorios de sus padres por no perderse partidos.

22 de Febrero de 2020 | 12:38 | Redactado por Felipe Santibáñez, Emol

Marcoleta empezó dirigiendo en Tercera División.

El Mercurio
Luis Marcoleta observa desde el borde de la cancha con su buzo y un jockey que lleva inscrito el nombre de Jesús y del que parece no desprenderse nunca. Si bien afirma que no tiene un método preciso, comenta que hay que leer los entrenamientos a diario. El entrenador tiene el récord de siete ascensos en el fútbol chileno, que se sienten como ocho si se considera que solo se perdió la final de la última liguilla con La Serena. Su siguiente desafío es Rangers de Talca en la Primera B que parte este sábado.


Marcoleta siempre ha tomado equipos renqueantes, sin presupuestos exorbitantes. Nunca ha dirigido en Santiago y sabe que eso pesa en la balanza del reconocimiento, pero evita la queja. Pese a su currículum, no se da ínfulas, tiene un talante discreto y un hablar acompasado. Ese carácter campechano -cree- le permite llegar a los futbolistas, que en la intimidad le cuentan sus penas y dilemas.

"Yo tengo el concepto de que la persona mueve al futbolista. Trato de detectar su estado de ánimo. Me acerco, converso y voy al lado más humano. Así solucionando muchos temas y eso ha permitido que el futbolista aflore fácilmente. Se ha sabido de 'cabros' con muchas condiciones, pero que se perdieron. Eso es porque las condiciones están y la persona no fue enseñada, aconsejada", le dice a Emol.

Entre el fútbol y el básquetbol


Marcoleta es de Antofagasta y alimentaba su fama de "cabro chico bueno pa´la pelota" brillando en el barrio con el Halcón Oriente. Sin embargo, en la adolescencia empezó a practicar básquetbol y llegó a ser seleccionado nacional juvenil. Todas las noches pulía sus habilidades bajo el cesto, pero su papá, un acérrimo fanático del fútbol, lo llevó casi obligado a una prueba en Deportes Antofagasta. Todo fue muy rápido. Lo dejaron y al año ya estaba debutando.

El ex goleador posa con la camiseta de su nuevo club. (Crédito: Rangers)

"Yo me robé muchos conceptos del básquetbol, como el pressing, las pantallas y los reversos. Era un jugador simple, me desmarcaba muy bien y, como digo yo, el jugador que usa la cabeza le es muy fácil jugar con los pies", dice.

Esa dinamismo aturdía a las defensas. Se consagró goleador de Segunda División con el CDA y luego formó parte de los míticos "Comandos" de Magallanes. En 1983 dio el salto al ser transferido al América de Cali. Allí se encontró con cracks como Julio César Falcioni, Willington Ortiz y Juan Manuel Battaglia. Fue campeón a nivel local y llegó a semis de Copa Libertadores.

"Un día sábado fallece mi papá en Antofagasta y al día siguiente nos tocaba jugar. Dirigí mientras mi papá estaba siendo velado"

Luis Marcoleta

El fútbol cafetalero vivía años de bonanza gracias al dinero aportado por los carteles de drogas. Marcoleta recuerda vehículos volcados y a más de un fallecido en la vía pública. Sin embargo, asegura no darse cuenta de lo que lo rodeaba. "Incluso compré unos libros y me di cuenta que varios personajes que aparecían nombrados los conocí o los tuve cerca. Por eso agradezco esa sensación de no asimilarlo".

Al cabo de un año volvió a Chile. Su campaña más destacada la tuvo con Deportes Valdivia, club del que es el goleador histórico, y finalmente se retiró con Huachipato en el '91. Como si fuese un presagio de su futuro en los banquillos, esa temporada logró el ascenso con los acereros aportando goles decisivos.

Sacrificios para llegar al éxito


Marcoleta la tuvo que pelear desde abajo. Sus primeros clubes como técnico fueron Valdivia y Talcahuano en Tercera División.

Eran canchas duras, ambientes bravos. Sus jugadores compatibilizaban el sueño de hacer carrera en el fútbol con trabajos que les permitieran sobrevivir. El DT relata que pintaba palos de escoba para usarlos como estacas, que unos tarros de leche eran sus conos y que no contaba con más de dos balones.

"En Talcahuano no habían mucho recursos. Como ejemplo: para salir de la cancha de la tierra, yo los llevaba a un parque. Esos sectores con pastito me servían como circuitos y nos íbamos rotando. Llegábamos trotando y nos devolvíamos trotando. Todas esas cosas uno las ve atesorando, le sirven como base y sustento para la carrera", declara.

Su siguiente éxito demoró siete años. Luego de pasar sin mayor suerte por Antofagasta, Concepción y La Calera, llegó a Ñublense en 2004. El cuadro chillanejo llevaba mucho tiempo empantanado en 3ra y vivía del recuerdo de la década del '70 . Marcoleta lograría que recuperase el color. En una final contra Curicó que tuvo todos los condimentos, consiguió el ascenso en su primera campaña. Al año siguiente, pondría al equipo en Primera. Chillán era una fiesta.

"El descenso con Curicó es el golpe más duro de mi carrera

Marcoleta

Por esas cosas del fútbol, de Ñublense pasó a Curicó. "Era el enemigo número de la ciudad", apunta. Pese al recelo inicial, terminó siendo adulado. Con él en el banco, la escuadra maulina por primera vez llegaba a la serie de honor en el 2008.

Sin embargo, esa alegría burbujeante vendría seguida del golpe más duro de su carrera. Volvió de inmediato a la B con los torteros.

"Me dolió. No había vivido una situación así, tan dramática, pero también fue mi mejor enseñanza. Me permitió conocerme a mí y a mi entorno. Normalmente, cuando uno pasa por ese tipo de situaciones es cuando más conoce a sus amistades. Ese golpe me enseñó que era fuerte, que tenía perseverancia y sobre todo tenacidad para no darme por vencido", afirma.

Marcoleta partió a San Marcos de Arica. Consiguió dos nuevos ascensos con los "Bravos del Morro", con un descenso entremedio, y se le abrió la posibilidad de retornar a Curicó en 2015. La gloria de la revancha se le negó en su primer campeonato, perdiendo la final de la promoción contra la U de Conce, pero en el siguiente sí consiguió subir con una campaña que lo tuvo invicto por 20 partidos. Ese fue su último ascenso, con el que logró el record.

El DT en su etapa en La Serena. (Crédito: El Mercurio).

Marcoleta junto a su cuerpo técnico constantemente se están actualizando y mirando a otros para aprender. De lo bueno y lo malo. En el medio se respeta su profesionalidad y un compromiso a ultranza. Incluso dirigió mientras sus padres eran velados.

"Un día sábado fallece mi papá en Antofagasta y al día siguiente nos tocaba jugar. Dirigí mientras mi papá estaba siendo velado. Con mi mamá pasó algo similar. Fallece, me llama mi hermano, viajo, estoy en su primer día de velatorio y regreso inmediatamente en la noche porque al otro día estoy dirigiendo a Curicó. Al día siguiente, me voy de nuevo para estar en sus funerales. Lo hice porque no podía fallarles, ellos estaban orgullosos", expresa.

Este año va por un nuevo ascenso. El clima fatalista que reinaba en Talca ha cambiado con su llegada. Sabe que hay presión, a los rojineros no les ha bastado su rica tradición para regresar a la élite. Están ahí desde 2014, pero Marcoleta no se intimida. El técnico que empezó de la nada quiere hacer historia otra vez.

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