"Se cierra un capítulo, se abre otro...". Sin grandes anuncios ni despedidas formales. Fue el punto final a la era de un emblema del triatlón chileno. El cierre de una etapa que tuvo perseverancia y autocrítica. Un retiro tras una carrera que siempre se midió más por la exigencia interna que por el ruido externo.
Con 35 años, y tras representar a Chile en los Juegos Olímpicos París 2024 (38° lugar) y los Juegos Panamericanos Santiago 2023 (6°), entre otras múltiples competencias internacionales, Gaspar Riveros dijo adiós prácticamente en silencio. Fue el 26 de noviembre del pasado año con una publicación en redes sociales que marcó el capítulo definitivo. "Gracias triatlón por tantos años de felicidad", publicó en su cuenta de Instagram.
Riveros dejó su gran pasión. El deporte que tanto le dio y que lo acompañó por años. Una determinación que no responde a un solo factor ni a un desenlace brusco.
Fue una decisión construida con el tiempo, marcada por el desgaste físico, la falta de respaldo económico y la imposibilidad de mantener el alto rendimiento. "Era el momento de ser honesto conmigo mismo".
Uno de sus mejores momentos deportivos se dio entre 2023 y 2024. Durante los Juegos Panamericanos y Olímpicos, cuando aún sentía un ascenso en su rendimiento. “Estaba fuerte físicamente, con ganas, y sentía que podía dar un poco más”, explicó en conversación con Emol. Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar en meses posteriores a París 2024, cuando las lesiones se acumularon y el calendario competitivo prácticamente desapareció.
El chileno tuvo una lesión lumbar a fines de 2024 y no corrió Copas del Mundo ni Series Mundiales durante dicho año ni en 2025, lo que provocó una caída notoria en su ranking internacional. Al momento de su retiro, su ubicación estaba muy lejos de los puestos que permiten sostener una carrera profesional en el triatlón de elite. “Es como en el tenis. Si no juegas ATP ni torneos importantes, el ranking se va al suelo”, comentó, graficando una realidad que terminó siendo decisiva.
A ese escenario deportivo se sumó un punto clave, lo económico. Riveros es claro al explicar que, sin patrocinadores y fuera del grupo de los mejores del mundo, continuar no tenía sentido. “Para seguir, debía estar entre los 15 o 20 mejores del mundo. Si no, el retorno no me iba a traer algo a cambio de dedicarme cien por ciento”. Incluso reconoció que una oferta de patrocinio relevante hubiera hecho que se replantee un poco más la decisión, pero esa posibilidad nunca llegó.
El factor familiar fue algo que terminó de inclinar la balanza. Asentado en Suiza, con una hija pequeña y una vida establecida junto a su esposa, Riveros enfrentó la disyuntiva de apostar por otro ciclo olímpico completo o priorizar su rol fuera del deporte.
“En los primeros años de mi hija fui muy ausente por los Juegos Olímpicos. Tenía que decidir si valía la pena sacrificar cuatro años más”.
El camino hacia los Juegos Olímpicos fue largo y exigente. Intentó clasificar en varios ciclos, como Londres 2012 (donde admitió que era muy joven), Río 2016, Tokio 2020 y recién logro cumplir ese objetivo en París 2024, a los 34 años. El propio Riveros atribuyó parte de ese proceso a haber combinado durante años estudios universitarios, entrenamiento y vida familiar, una realidad que dificultó focalizarse exclusivamente en el alto rendimiento desde más joven.
Pese a una salida que reconoce no del todo feliz, el balance final es de satisfacción. “Sabiendo que podría haber dado un poco más, tan contento no me voy, pero me voy tranquilo y satisfecho por la carrera que hice”, afirmó.
La influencia de Bárbara y el recambio
Bárbara Riveros es una de las figuras más relevantes en la historia del triatlón chileno. Fue tercera en el World Triathlon Cross Triathlon Championships en España, subcampeona mundial del ITU Cross Triathlon 2015 en Cerdeña y múltiple campeona del Ironman 70.3 en Chile, consolidando un legado que marcó un antes y un después en el desarrollo de la disciplina a nivel nacional. Gaspar es su hermano y reconoce que su trayectoria fue una referencia permanente a lo largo de su carrera.
“Obviamente, tener una hermana que haya sido una de las grandes figuras del triatlón chileno, marca muchísimo. En distintas especialidades, hizo que el triatlón sea lo que es hoy”, explicó Riveros. Además, destaca el impacto de Bárbara en la distancia olímpica y el valor de haberla tenido tan cerca durante su formación deportiva.
“Verla todos los días, ver cómo llegaba al éxito, te abre las puertas a pensar que así se hacen las cosas, que esto se puede lograr. Cada deportista es distinto, cada personalidad es distinta, pero tener ese referente tan cercano fue una motivación para mi propio camino”, añadió.

Riveros observa con optimismo el presente del triatlón chileno y el recambio generacional que viene empujando con fuerza. Lejos de desligarse totalmente del deporte, el ex atleta deja abierta la puerta a seguir aportando desde otro rol.
"Creo que las siguientes generaciones lo van a hacer muy bien, tengo mucha fe, si yo puedo aportar en algo, en mi experiencia, en mi resiliencia, o en lo que pueda a las siguientes generaciones, feliz de poder hacerlo", cerró, convencido de que el crecimiento del triatlón nacional es resultado del camino recorrido por quienes estuvieron antes.