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Efecto Ormuz: Los pronósticos para la economía chilena empeoran y lo peor aún podría estar por venir

Las probabilidades de que el PIB crezca un 2% este año se ven lejanas.

24 de Mayo de 2026 | 09:32 | Por José Tomás Guzmán, Emol.
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AFP
La economía chilena entró al segundo trimestre con un debate importante entre operadores, bancos y economistas. ¿El peor capítulo del shock energético derivado de la crisis en el Estrecho de Ormuz por la guerra en Medio Oriente ya se traspasó a los precios y la actividad, o si los efectos más relevantes recién comienzan a manifestarse?

Lo concreto es que la economía chilena arrancó el año con el pie izquierdo. El PIB del primer trimestre se contrajo 0,5% respecto a igual período del año anterior y registró una caída de 0,3% en términos desestacionalizados frente al trimestre previo. Es el peor inicio de año desde el 2009, en plena crisis financiera mundial.

Son cifras preocupantes, pero más preocupante aún es que mayoritariamente corresponden a un período previo a la escalada del conflicto en Medio Oriente y la crisis en el estrecho Ormuz que tiene a la economía del mundo con los pelos de punta, más todavía cuando el escenario base del cual se hablada cuando estalló el conflicto cambió: ahora las apuestas apuntan a que el cierre de la principal ruta comercial será prolongado.

Grandes bancos de inversión como JPMorgan, Santander y BTG Pactual revisaron sus proyecciones para Chile y advirtieron que alcanzar una expansión superior al 2% este año se vuelve cada vez más difícil.

Pues, los tres bancos coincidieron en que el deterioro del primer trimestre estuvo concentrado en sectores de oferta y comercio exterior, y no en una caída generalizada de la demanda interna, que resistió impulsada por el consumo. Sin embargo, las señales hacia adelante son mixtas: la inflación al alza, el shock del petróleo y el ajuste fiscal amenazan con erosionar ese soporte.

Todo esto en medio de la guerra en Medio Oriente, que mantiene a Ormuz bloqueado y al precio del petróleo por encima de los US$ 100 el barril.

La visión de la Banca


JPMorgan fue el banco con la revisión más dura.

En un reporte firmado por el economista Diego W. Pereira, la entidad recortó su proyección de crecimiento del PIB para 2026 a 1,6% anual y, en su propio cálculo, estimó que el primer trimestre mostró una contracción de 1,1% en términos trimestrales anualizados, revirtiendo la expansión de 2,1% del período previo bajo esa misma métrica.

"Esperamos que el consumo se contraiga de forma secuencial en el segundo trimestre, con el gasto de gobierno limitado por los ajustes fiscales y la demanda de los hogares lastrada por los mayores precios de la gasolina", señaló Pereira en el informe.

En política monetaria, el banco anticipó que el Banco Central mantendrá la tasa en junio, pero ajustó su escenario hacia una postura más restrictiva, pues incorporó un alza de 25 puntos base a comienzos del cuarto trimestre y proyectó una tasa de política de 5,5% hacia el tercer trimestre de 2027.

En inflación, estimó que la variación anual del IPC se acercará a 4,9% hacia junio, descartando que haya desinflación por la vía de los combustibles en la segunda mitad del año.


Santander entregó una lectura más cautelosa sobre los meses que vienen.

El banco reconoció que "las cifras apuntan a una economía más débil de lo anticipado, donde el deterioro continúa concentrándose, principalmente, en sectores asociados a la oferta y al comercio exterior", y advirtió que el período medido por las Cuentas Nacionales aún no captura completamente el impacto del conflicto en Medio Oriente ni la escalada de precios internacionales.

"Estos resultados corresponden mayormente a un período previo al conflicto en Medio Oriente y a la escalada de precios internacionales"

Banco Santander

"Estos resultados corresponden mayormente a un período previo al conflicto en Medio Oriente y a la escalada de precios internacionales. De esta manera, anticipamos que el aumento de la inflación podría afectar la dinámica del consumo privado mediante una erosión de los salarios reales", señaló el banco. En el lado positivo, identificó un factor de soporte para la inversión, apoyado por la incorporación de nuevas iniciativas al catastro de proyectos de la CBC.

BTG Pactual calificó el dato del primer trimestre como un inicio de año débil y apuntó a la inversión como el componente más preocupante del trimestre.

El banco subrayó que "la señal más preocupante está en la construcción, que volvió a retroceder", sumando ya tres trimestres consecutivos de caídas, y estimó en 1,7% el crecimiento del PIB para 2026, aunque advirtió que la cifra "sigue siendo una referencia, pero ahora parece más exigente".

Respecto del Banco Central, BTG entregó una lectura ambivalente, "una economía más débil reduce la preocupación de que exista demasiado gasto presionando los precios. Pero si el consumo sigue firme, la inflación podría tardar más en bajar".

¿Falta lo peor?


Más allá de las proyecciones de los bancos, entre los economistas locales el debate apunta a una pregunta central. En concreto, si el golpe del shock energético ya fue absorbido por la economía nacional o si todavía quedan efectos por traspasarse a precios, consumo y actividad.

La mayoría apunta a que el impacto aún no se ha sentido por completo.

Pablo Müller-Ferrés, director del Magíster en Desarrollo Económico de la Universidad Autónoma, sostuvo que la crisis de Ormuz debe mirarse más allá del alza inmediata del petróleo. A su juicio, el principal riesgo está en los efectos secundarios sobre inflación, logística y costos productivos.

"Los efectos más visibles ya aparecieron en el precio de los combustibles y la inflación, pero los impactos de segunda ronda suelen manifestarse con rezago", afirmó. Según explicó, el encarecimiento logístico, la presión sobre alimentos y los mayores costos empresariales podrían intensificarse durante los próximos meses si la crisis persiste.


En la misma línea, Carlos Smith, docente investigador del CIES-UDD, planteó que el escenario obliga a recalibrar las proyecciones, porque la normalización del shock energético ha sido más lenta de lo previsto.

"El último dato de inflación es prácticamente efectos de primera vuelta. Los efectos de segunda vuelta —transporte de carga, logística, alimentos procesados y tarifas de servicios— operan con un rezago de dos a cuatro meses y todavía están en curso", señaló.

Smith agregó que existen factores que podrían contener parte del impacto, como empresas absorbiendo costos vía menores márgenes, expectativas inflacionarias aún ancladas, el rol del Mepco y un tipo de cambio contenido por el alto precio del cobre. Sin embargo, advirtió que si la crisis se prolonga, la presión sobre precios podría volverse más persistente.

Alejandro Micco, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile y exsubsecretario de Hacienda, también apuntó a una mayor persistencia del shock externo. En entrevista con EmolTV, afirmó que el conflicto en Medio Oriente "se ha prolongado" y que eso ya llevó a organismos internacionales a advertir un crecimiento mundial menor al previsto.

"El aumento de la incertidumbre ha llevado a asumir que vamos a estar más tiempo con este escenario. Esto tiene un impacto en el precio del petróleo que va a ser un poco más permanente", sostuvo.

Micco remarcó que "el conflicto genera impacto en la inflación, impacta en todo, porque el precio de los combustibles termina repercutiendo en toda la economía".

Una mirada algo más condicionada entregó Juan Ortiz, economista sénior del OCEC-UDP. Según planteó, si las negociaciones entre Estados Unidos e Irán derivan en un acuerdo político, el precio del petróleo podría caer de forma relevante, incluso hacia niveles cercanos a US$85 por barril.

Ese escenario, dijo, sería positivo para Chile. Pero advirtió que sigue siendo altamente incierto, porque el mercado ya ha reaccionado antes a anuncios de negociación que luego no se consolidaron.

La otra mirada


No todos comparten el diagnóstico de mayor rezago.

Cecilia Cifuentes matizó la lectura y planteó que el shock inicial ya quedó incorporado. "Chile traspasó el alza inicial de precios. En ese sentido, no queda un gran impacto de precios en la economía, a no ser que la crisis se agrave", afirmó.

La economista advirtió que el escenario podría cambiar si los tránsitos por el Estrecho de Ormuz no se normalizan. "Si no se recuperan los tránsitos del Estrecho de Ormuz, los pronósticos indican que el precio debería subir bastante más del nivel actual, y eso no estaría traspasado en la economía". Sin embargo, agregó que las conversaciones sobre un posible acuerdo "parecen bien encaminadas, aunque es muy incierto".