Uno de los anhelos más grandes que tiene un futbolista es jugar un Mundial. Awer Mabil cumplió ese sueño. Disputó el Mundial de Qatar y ahora disputará el de Norteamérica 2026 con la selección australiana.
Sin embargo, la historia de Mabil, un extremo al que le gusta agitar defensas con la gambeta, no inició en el país oceánico. Su familia huyó de una guerra civil en Sudán del Sur y él nació en un campo de refugiados en Kakuma, Kenia.
En ese campo de refugiados, Mabil descubrió el fútbol. Jugaba descalzo sobre la tierra y con pelotas hechas de con calcetines o bolsas de plástico.
"Es desgarrador porque, durante el viaje que tuvieron que hacer mi madre y sus padres para llegar al campo, murieron muchas personas. Los rebeldes los capturaron cuando intentaban huir. Podríamos pasar toda la noche hablando de cómo lograron escapar. Parece sacado de una película, pero es algo que realmente vivieron. La guerra, el viaje, todo lo que tuvieron que afrontar. Para mí, al escucharlo, es como: «¡Guau!». Lo que la gente hace para mantener a salvo a sus hijos, lo que sacrifican para darles una vida mejor. No sabían cuánto tiempo estarían en el campo de refugiados; pensaban que volverían a casa. Pero no hay vuelta atrás.", contó en una entrevista al medio The Guardian.
Cuando tenía diez años, dejó el campo de refugiados junto a su familia para iniciar una vida nueva en Australia gracias a un programa humanitario.
No fue nada fácil para él. "Recuerdo que cuando nos fuimos de Kakuma íbamos subidos a la parte de atrás de las motos, con mis amigos corriendo detrás. '¡Eh!', '¡Eh!'. De pequeños solíamos decir: «Ir al extranjero es lo mejor del mundo», «Allí todo está bien, no hay de qué preocuparse». Pero irme fue difícil, y cuando llegué a Adelaida, pensé: «Quiero volver». Nuestra cultura siempre se basaba en estar juntos. Llegué a Australia, tienes una casa y está vallada. Sientes que no puedes ir a relacionarte con los vecinos. No hablaba el idioma. Los primeros meses, lo odié", manifestó.
Pero algo lo ayudó. El fútbol, cómo él mismo ha dicho, es un lenguaje universal y la "guía" de su vida.
En Australia le costó adaptarse a las tácticas, a las posiciones, en Kakuma jugaba completamente libre. Sin embargo, poco a poco fue entendiendo el juego y a los 17 años hizo su debut profesional con el Adelaide United.
Lo comenzaron a llamar a las selecciones juveniles de Australia hasta que debutó con el equipo adulto en 2018. En medio de su ascenso, vivió un hecho muy doloroso. Su hermana murió en un accidente automovilístico. El jugador en ese momento estaba concentrado para jugar la Copa de Asia.
Ha dicho que esa muerte lo "derrumbó", aunque también fue una motivación para seguir mirando hacia adelante.
Su momento culmine con los "socceroos" fue en el repechaje contra Perú. Anotó el penal decisivo de la tanda y así selló la clasificación al Mundial de Qatar.
"Fue la única manera de agradecer a Australia en nombre de mi familia", declaró.
Antes de eso, dio el salto a Europa. El Midtjylland, equipo donde hoy está el chileno Dario Osorio, lo fichó. Fue campeón y llegó a jugar Champions League con los daneses.
Sin embargo, el andar de Mabil en el "Viejo Continente" ha sido sinuoso. En el Midtjylland no se pudo afirmar y luego pasó por el Esbjerg fB, también de Dinamarca, y descendió. Con el Paços de Ferreira de Portugal también perdió la categoría.
Luego firmó por el Kasimpasa turco, el Cádiz de España, el Sparta Praga de República Checa, el Grasshopper suizo y desde 2025 está en el Club Deportivo Castellón de la segunda división española.
Los altos y bajos de su carrera minaron su confianza, pero ahora está listo y más maduro para ayudar a Australia en un nuevo Mundial.
"Ahora estoy mejor, al cien por cien, mentalmente y como jugador. Sé de lo que soy capaz, y también lo que he hecho en el pasado, pero eso no importa. Solo intento estar lo más presente posible", manifestó.